Tras Beitia, la frustración




La saltadora cántabra amenaza al oro con la única calificación limpia en altura y siendo la única española que pasó ronda. Las esperanzas de conseguir 3 ó 4 finalistas se frustran para la selección

Nadie dudaba de que Ruth Beitia era el faro español en Sopot, en el Mundial en pista cubierta que arrancó este viernes. Cada vez más madura, más feliz, más encantada de conocerse, viviendo una dorada vejez tras los Juegos de Londres 2012, donde iba a retirarse, se mostró como la más sólida de todas las participantes en el salto de altura. Mientras ella, comodísima, iba pasando medidas con eficacia a primera hora de la mañana (1.84, 1,88, 1,92 y 1,95m), sus grandes rivales se atascaban. No tanto Maria Kuchina, la joven rusa líder del año con 2.01m, que solo tuvo un fallo en la penúltima altura antes de saltar la medida requerida, ni Maria Licwinko, la debutante polaca, que conseguía los 1.95m en el segundo intento, como Blanka Vlasic, la favorita junto a Beitia por palmarés y experiencia, que rozó el susto después de rechazar dos alturas para ahorrar esfuerzos. Tras solo dos brincos, cuando se encontró con los 195 centímetros se chocó contra un muro tres veces y entró a la final en la repesca como octava. Para entonces Beitia ya descansaba lejos de los listones, consciente de que este sábado (19:15) tiene una oportunidad de oro para ser campeona del mundo por primera vez.

Ruth Beitia, foto de Selligpau

Ruth Beitia, foto de Selligpau

Con la capitana santanderina se contaba para el podio, pero Ramón Cid, el director técnico de la federación, esperaba algo más de los otros doce atletas presentes en Polonia. Las tres o cuatro finales de las que habló se volvieron utópicas en un solo día. Al alcance lo tenía Kevin López, el sexto del año en los 800m, que tampoco en pista cubierta consiguió acceder a una primera final mundial que encajaría con su potencial. El sevillano optó por la táctica más arriesgada y lógica, acelerar el ritmo de una prueba con una criba mortal: solo avanzaba el ganador de cada serie y los tres mejores tiempos totales. “No estoy cabreado conmigo, sino con los 800m”, diría después. Con el gran favorito Mohammed Aman al lado, a López le quedaba agarrarse a la segunda opción. Pilotó el grupo hasta los 600m pasando 1.19 minutos. Después llegó lo esperado, el adelantamiento del etíope. Y tras ello, lo habitual en los grandes campeonatos. Al ochocentista español se le hizo demasiado larga la última vuelta y no mostró ni rastro de su gran final. El ruso Poistogov, un tallo, se coló por delante y López llegó tercero a meta (1.47.34). Había leves esperanzas, pero las demás series partían con ventaja y aumentaron más el ritmo. En la dura competencia, inmejorables sensaciones del polaco Adam Kszczot, capaz de todo frente a Aman, y sorpresa positiva del holandés Thijmen Kupets. Mientras, al subcampeón mundial al aire libre, Nick Symmonds la remontada no le sirvió para entrar en la final.

Más cerca que el sevillano lo tuvieron incluso Borja Vivas y Antonio Abadía. El malagueño soltó el brazo por fin más de 20m en la calificación de peso de un gran campeonato. En el segundo intento mandó la bola hasta 20.19m y avivó las esperanzas. La emoción se mantuvo hasta el final, con Vivas al borde de la repesca, pero el último lanzamiento del ruso Alexandr Lesnoi, un homre de nivel parecido, le superó por siete centímetros mandándole a la novena plaza. También por un puesto, por 21 centésimas, Antonio Abadía llamó a la puerta de la final de los 3000m sin que nadie le abriera. El aragonés, que preparaba la temporada de cross cuando se encontró con la mínima en Zaragoza, mejoró más de cinco segundos su marca personal de partida en una carrera inteligente (7.46.36). Se guareció de los favoritos en la cola del grupo aunque sin llegar a descolgarse, pese a que su serie era la rápida y desde ahí fue subiendo sin intentar seguir el acelerón de los favoritos, Bernard Lagat, Hagos Gebrhiwet, Caleb Ndiku y Hayle Ibrahimov, todos de origen africano. Entró séptimo y pletórico en la meta, pero dos tiempos de la primera serie superaron su marca.

Muy lejos de las finales

En los 1500m, donde el panorama se dibujaba más complicado que casi nunca, ni siquiera hubo opciones. El joven Adel Mechaal, debutante en un gran campeonato, no perdió la cuerda en toda su serie, la rápida que comandó el turco nacionalizado Ilham Ozbilen, que luego pasaría por tiempos, pero su cara empezó a mostrar rasgos derrotistas a partir del kilómetro. El etíope Aman Wote pegó el acelerón final para ganar la serie y el joven de Palamós se descolgó a la séptima posición (3.41.27) sin ninguna opción de pase. Más decepcionada aún quedó su homóloga Isabel Macías, la subcampeona europea en pista cubierta, que ya conoció la final mundial hace dos años. Sin iniciativa, permitió el ritmo de trote en la primera de las siete vueltas y media de la albanesa Luiza Gega, y los tiempos de la carrera subieron sin posibilidad de remedio. Macías se mantuvo en el centro del grupo y pareció que en una carrera tan lenta podría llegar a las dos posiciones de cabeza que daban el acceso directo. Nada más lejos de la realidad, la aragonesa pinchó en el acelerón final y entró cuarta, a más de ocho segundos de su marca (4.17.14).

En las dos vueltas a la pista tampoco el madrileño Mark Ujakpor se acercó a lo mostrado hace dos semanas en el Campeonato de España de Sabadell. A más de medio segundo de su marca, ni siquiera estuvo cerca de bajar de los 47 segundos (47,16s) y no jugó ningún papel relevante en la primera ronda de los 400 metros. Para más pesimismo, a España solo le quedan las tres actuaciones que no traen mínima este año, sino la confianza de la Federación: Jackson Quiñónez, Úrsula Ruiz y el relevo 4x400m no alimentan demasiadas esperanzas.

@Ismael_Prz


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