DÍA XI. RESUMEN: Medallas a mares




España vive una jornada gloriosa: Marina Alabau, oro en windsurf (RS:X), Gómez Noya plata en triatlon y Fuentes y Carbonell, plata en el dúo de sincronizada. Las chicas del waterpolo hacen historia al entrar en su primera final y asegurar otro podio. Las del balonmano, en semifinales. Mañana, taekwondo y piragüismo.

El líquido elemento hizo vivir a España un carrusel de alegrías en la undécima jornada de los Juegos. No por esperada, fue menos grandiosa. La incombustible vela, el deporte que más aporto siempre, dió otra medalla, el primer oro, por fin, en Londres. La sincronizada repitió la medalla de plata en dúo, con una integrante nueva. Ona Carbonell ha sustituido a la estrella Mengual y apenas se ha notado. El triatlón saldó con Gómez Noya las cuentas pendientes con él e Iván Raña desde el debut olímpico del deporte en Sidney. Además, ha sido el primer hombre en subir al podio en Gran Bretaña. Las mujeres siguen dominando. Los dos equipos ya han hecho historia. El waterpolo se aseguró una medalla y el balonmano camina hacia ella tras plantarse en semifinales. Lo de Alabau fue aplastante. No contenta con tener el oro en la mano, terminó imponiendo su autoridad en la medal race. Fue el colofón a una clase de vela, el RS:X, que ha dominado en los últimos años y en Londres. Ganó tres regatas, fue líder desde el primer día, sacó 20 puntos a la segunda y nunca terminó más lejos de las ocho primeras. Por desgracia, su disciplina, el windsurf, desaparece, un mal que ya asoló a tres de los cinco oros españoles de Pekin: La clase tornado, la puntuación de la pista y el K2 500m de piragüismo. Y lo peor, con la connivencia de los propios directivos de la vela española.

Cronológicamente, el oro llegó después del subcampeonato olímpico de Javier Gómez Noya, un titán del deporte, superman en triatlón. Sin los problemas físicos que le mermaron en Pekin, salió a morir. Primero tras la fase de nado, en cabeza con la bicicleta y jugándose la gloria desde el principio de la carrera a pie con los dos favoritos que corrían en casa: Los hermanos Brownlee. Noya puede estar satisfecho, terminó siendo la sustancia del sandwich familiar, segundo. No pudo con el tirón de Alistair, finalmente campeón por once segundos y se benefició de la sanción del pequeño, Jonathan, finalmente bronce. Fue el respiro de una disciplina a la que España llegó con los favoritos a Atenas y Pekin. Por fin sube al podio. No es casualidad.

Marina Alabau. Foto de Olive Mason

Marina Alabau. Foto de Olive Mason

Tampoco lo es lo de la sincronizada, tan esperado como emocionante. Cuando todo apuntaba al bronce, a una China también por delante aquí, Andrea Fuentes, segunda medalla olímpica, y Ona Carbonell, debutante, se superaron con una coreografía extraordinaria que evocaba los locales donde se baila tango. Los jueces no fueron ajenos al arte español, más embaucador que la técnica china. 96.900 puntos y otro subcampeonato olímpico. El trabajo de Ana Tarrés, la entrenadora, va camino de la leyenda patria. Pocos deportes han evolucionado tanto marcados por el trabajo incansable de una técnico. Horas y horas de piscina, de correciones, de coreografías nuevas, de creatividad. Con Mengual o sin ella, la competitividad del equipo de Tarrés trasciende a las individualidades. Su labor quedará enmarcada en la mejor vitrina de los entrenadores de España. Y queda el equipo.

Precisamente en conjuntos, España ha encontrado el paraíso en sus chicas. Las del waterpolo, guiadas por Miki Oca, son un ejemplo para la delegación. Salvo que algo grandioso ocurra, van a ser la sensación española en Londres. En un año han pasado de ser undécimas del Mundial de 2011 a la final olímpica. En medio, un despegue que las llevó a los Juegos por primera vez en la historia, un hito en si mismo conseguido a lo grande, ganando el preolímpico de Italia. Entonces ya se dijo que algo así podía ocurrir. De menos a más, ambición sin límite, jóvenes talentos como Anni Espar, camino del estrellato a los 19 años. La gloria espera el jueves a las nueve ante Estados Unidos, un rival ante el que firmaron tablas en la primera fase. El balonmano femenino busca la imitación. En su caso no es tan sorprendente. Ya saben lo que es llegar a las semifinales de un mundial, aunque eso no les resta mérito. El compromiso ante Croacia no era fácil y España manejó el encuentro con soltura. Otras guerreras camino de la gloria.

Ante tal despliegue de talento, los pequeños fracasos del atletismo y la polémica eliminación del hockey hierba, que solo podrá luchar por ser quinto quedan hoy en segundo plano. No los éxitos de Sally Pearson en 100m vallas, récord olímpico bajo la lluvia, ni del argelino Taoufik Makhloufi en 1500m, que dejó boquiabierto a todos con su insospechada victoria. Los kenianos, los únicos que han bajado de 3.30 minutos este año se quedaron a cuadros. Sorprendentemente hundidos, fuera de la final que debía ser enteramente suya. Gastaron la gasolina en primavera. Gran Bretaña, en cambio, se la quedó toda para sus bicis en el velódromo. Siete oros de doce posibles. Una cosecha para los anales. Y con una leyenda, Chris Hoy, ganando su último oro, en keirin. Siete medallas, seis oros y una plata en su carrera. El Phelps del velódromo.


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