Oro olímpico en Atlanta, 1996




A veces en el mundo del deporte cabe preguntarse qué vale más, conseguir una medalla o ser recordado. Coronar el pódium en unos Juegos Olímpicos es el sueño de cualquier deportista de élite y lograrlo, lograrlo es alcanzar la gloria.

Pero qué sucede después. Horas y horas de entrenamiento, de entrega y dedicación al ejercicio. Una vida apartada del mundo real, del gimnasio al fisio y de ahí, a la concentración. Llega el gran día y todo el esfuerzo al fin se ve recompensado. Oro olímpico. Aplausos, felicitaciones, reconocimiento… el cielo. ¿Y luego? Hubo un tiempo en el que no solo las rusas podían llegar a lo más alto. Un conjunto español llegó y se hizo con la medalla por la que todos luchaban.

Atlanta 1996, primera vez que la gimnasia rítmica competía en su modalidad de conjuntos. Estela Giménez, Marta Baldó, Nuria Cabanillas, Tania Lamarka, Lorena Guréndez y Estíbaliz Martínez, las grandes olvidadas, fueron las encargadas de representarnos en América.

Conjunto español en los Juegos Olímpicos de Atlanta

Conjunto español en los Juegos Olímpicos de Atlanta

Todas vivieron un estricto régimen de concentración en Madrid, supervisado por la Búlgara Emilia Boneva. Horas de entrenamiento en el Moscardó, competiciones mundiales, europeos… les condujeron a lo más alto.

El año anterior comenzaron los preparativos, no fue sencillo pero en ese tiempo consiguieron diferentes logros que fortalecieron el equipo. En 1995 se hicieron con los tres oros del Alfred Vogel Cup, con cinco aros, tres pelotas y dos cintas y en concurso completo; ese mismo año quedaron primeras en el campeonato del Mundo de Viena con su conjunto de aros y pelotas. En esta ocasión el oro de concurso completo y de los cinco aros fue para Bulgaria.

Durante estos dos años su rendimiento fue extremo, solo bajaron del pódium en una ocasión, de modo que no fueron a Atlanta a competir, fueron a ganar. Y así fue, se proclamaron campeonas olímpicas por delante de Bulgaria y Rusia.

Tras esto algunas se retiraron, poco a poco el conjunto campeón se fue deshaciendo hasta que solo quedó el título olímpico como recuerdo. Estas chicas se volcaron en la competición, cambiaron totalmente su vida por conseguir sus sueños. Tanto ellas como otras muchas gimnastas que no han logrado llegar tan alto merecen ser recordadas. En muchas ocasiones, el haber llegado a la meta no es suficiente para volver a la vida real una vez que se ha dejado el deporte.

 

 

 


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