James Cleveland, el antílope de ébano




La semana pasada nos quedábamos en el año 1936, cuando hablábamos de lo que hubieran sido las Olimpiadas Populares de Barcelona. Y hoy retomamos nuestra sección en ese mismo punto, pero desde Berlín, donde sí se produjeron los Juegos Olímpicos.

Como y explicamos la semana pasada fueron unos Juegos, con una propaganda Nazi fortísima tras ellos, sin participantes judíos y con serios problemas para que los atletas de color pudieran acudir. Al final el trabajo de las embajadas logró convencer al gobierno alemán y gracias a ello los deportistas negros pudieron ser olímpicos. Sin duda uno sobresalió más que los demás ante la atenta mirada de Adolf Hitler, y aunque hemos tardado hoy queríamos realizarle nuestro pequeño homenaje.

Owens durante la salida de una de sus oros olímpicos en Berlín.

Owens durante la salida de una de sus oros olímpicos en Berlín.

Poca gente conoce a James Cleveland, al menos por ese nombre. Pero sí hablamos de Jesse Owens ya es otra cosa. Jesse era su mote, no su nombre y es algo que la mayoría de la gente desconoce. En una ocasión cuando a James le preguntaron su nombre en la escuela, él dijo J.C. pero su acento de Alabama hizo que el profesor entendiera Jesse y desde entonces pasó de ser James Cleveland, J.C. a Jesse. Nació en Oakville pero pronto se marchó al estado de Ohio, concretamente a Alabama. Creció en una familia numerosísima, con otros 10 hermanos y tras la escuela se dedicaba a enmendar zapatos, es curioso se imaginan hoy en día a Bolt arreglando zapatos para poder comer.

Charles Riley le fue introduciendo poco a poco en el mundo del atletismo, hasta que se dio cuenta de que realmente, la velocidad y el salto de longitud serían realmente lo que mejor se le daba en el mundo. Fichó por la Universidad de Ohio State, decidiendo quedarse en la ciudad donde vivía, a pesar de elegir entre muchas universidades. Con la Universidad de Ohio se ganó el mote de “El antílope de Ébano” en lo que fue el día más grande de su carrera deportiva, aunque poca gente le recuerda por dicho día. Era un 25 de mayo de 1935 y Jesse participaría en la Big Ten Conference, su objetivo eran 4 pruebas que se disputarían en solo 45 minutos. Jesse corrió las 100 yardas, las 220 yardas, las 220 yardas vallas y el salto de longitud, ganando todas las pruebas, con una diferencia de 3 cuartos de hora entre la primera y la última. Ya es impresionante que ganase las cuatro, pero por si fuera poco, batió el récord del mundo en todas y cada una de ellas, en lo que es sin duda la mayor hazaña de la historia de la velocidad y probablemente del atletismo. En la NCAA consiguió 8 oros con Ohio State entre 1935 y 36 en lo que es un récord que ha día de hoy solo ha igualado Xavier Carter en 1996 con una salvedad, las de Owens fueron todas individuales y Carter hizo dos por relevos.

Como se puede ver Jesse era toda una eminencia en el deporte norteamericano, aunque eso ha quedado mucho más relegado en su biografía que su participación en los Juegos de Berlín 1936. Con los condicionantes ya explicados Jesse se presentó en Alemania como gran favorito en las pruebas de velocidad, y con Hitler en la grada a escasos metros de él, le enseñó como alguien de raza negra era muy superior. Owens se colgó cuatro oros: en los 100 metros lisos, 200 metros lisos, en el 4×100 y en la longitud, delante de 110000 que llenaban el Olímpico cada día. Hitler no le estrechó la mano, y la polémica se desató por ello, ya que Hitler solo saludo a los medallistas alemanes durante las dos primeras jornadas, y luego a ninguno más. Jesse dijo posteriormente que él levantó la mano a Hitler como saludo y el gesto fue correspondido por el dirigente alemán desde el palco.

Lo lógico es que alguien con ese palmares e historia detrás volviera a casa y viviera como leyenda del deporte toda su vida, pero lejos de todo eso, volvió para desempeñar su trabajo como botones en el hotel Walford-Astoria. Una de las mayores paradojas que se dieron en la vida de Owens fue que durante su estancia en Alemania, tuvo el derecho de viajar con blancos y hospedarse en los mismos hoteles, lo cual en USA no estaba permitido para los negros. Al volver a los Estados Unidos no fue recibido por Roosevelt, lo cual fue duramente criticado por Jesse, que se manifestó su malestar al pensar que no se le recibió por estar en mitad de una campaña política, mientras también dijo que la prensa tuvo muy mal gusto por criticar a Hitler, y que si que le saludó.

Años después, en el 76 recibiría la Medalla Presidencial de la Libertad de EEUU y una vez muerto la Medalla de Oro del Congreso a título póstumo (1990). Acabo como relaciones públicas, pincha discos incluso y fumando en exceso, lo que le llevaría a un terrible cáncer de pulmón que se llevaría al “Antílope de Ébano” de este mundo en 1980, un 31 de marzo.

Como toda estrella de una época quizás no se valoró en vida suficiente todo lo que hizo, quizás tuvo la mala suerte de nacer 50 años antes de tiempo, pero de lo que no hay duda es de que una pequeña parte de Jesse Owens estará siempre viva entre los que amamos el espíritu olímpico y su significado.

@AbelBarrio


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