El último medallista olímpico




Manolo Martínez logró el colofón a su carrera deportiva con el bronce en Atenas 2004, presea conseguida nueve años después de la disputa de dicha competición
Manolo Martínez. Foto: Daniele Tiranelli (CC)

Manolo Martínez. Foto: Daniele Tiranelli (CC)

España sufrió durante varios años una dictadura en cuanto al lanzamiento de peso se refería, una hegemonía en la que no cabía otro campeón nacional que no fuese Manolo Martínez. El lanzador leonés no se conformó con dominar todo un país en su disciplina, y salió más allá de sus fronteras en busca del éxito ante rivales de distinta nacionalidad. Pese a que está retirado, su sombra es alargada y sus récords de España aun siguen vigentes.

Manolo Martínez comenzó a dedicarse cien por cien al lanzamiento de peso con 15 años en el Legio Sport. Su progresión fue in crescendo desde ese momento y cuatro años después, con 18, fue subcampeón del mundo junior en Seúl 1992. Un año después, en tierras españolas, se sacaría esa espina logrando el oro en el Europeo Junior de San Sebastián y en Ostrava 1994  (Républica Checa) se coronó campeón europeo sub-23. Ese mismo año, en 1994, dio el salto a la categoría absoluta disputando, con tan solo 20 años, el Campeonato de Europa en Pista Cubierta de París. Su carta de presentación fue más que notable, ya que logró una cuarta plaza en su debut.

Previo a este debut llegó en 1993 su primer “doblete” nacional, logrando el título de campeón de España en pista cubierta y al aire libre. Su tiranía en dichas competiciones fue imponente, ya que indoor logró todos los títulos desde 1993 hasta 2008, un total de 16 consecutivos, y al aire libre logró 15 entorchados nacionales desde 1993 hasta 2009, faltando a su cita con el oro nacional en 1999 y en 2007 tan solo.

Su cabeza por aquel entonces estaba tan solo centrada en un objetivo, conseguir disputar los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Su preparación para esa cita fue buena, y estuvo cerca de subir al podio del Mundial indoor de Barcelona 1995, donde fue cuarto. Logró la mínima para acudir a la cita olímpica de la ciudad americana y logró su primera plaza como finalista, ya que concluyó la competición en una más que meritoria séptima plaza.

La medalla en una competición internacional estaba al caer, ya que se estaba acercando mucho continuamente, pero sin acabar de lograrlo. Fue quinto en el Campeonato del Mundo indoor de París 1997, sexto en el Europeo en pista cubierta de Valencia de 1998 y séptimo en la misma competición, pero al aire libre, de Budapest de ese mismo año. En la ciudad japonesa de Maebashi rozó el podio del Mundial indoor con una cuarta plaza, pero su momento llegaría en el 2000, cuando logró la plata en el Europeo indoor de Gante.

Ese mismo año disputaría sus segundos Juegos Olímpicos, esta vez en Sydney, donde mejoró su posición de Atlanta y acabó en sexta plaza. Este era el mejor momento de su carrera y quería aprovecharlo. En el Mundial indoor de Lisboa 2001 logró el bronce y poco después se alzaría con el oro en la Universiada de Pekín y en los Juegos Mediterráneos de Túnez, además de acariciar el podio en el Mundial al aire libre de Edmonton, donde fue cuarto. En 2002 fue oro en el Campeonato de Europa de pista cubierta celebrado en Viena y meses después sería quinto en el Europeo de Munich.

Los éxitos llegaban a las vitrinas de Manolo Martínez, que veía en Atenas 2004 su gran ocasión para conseguir una medalla olímpica. En 2003 se proclamó campeón del mundo en pista cubierta en Birmingham y ya en 2004 fue quinto en la misma competición, pero disputada en Budapest. En Atenas se quedó a las puertas de las medallas, ya que fue cuarto, pero la sanción por dopaje del ganador, el ucraniano Yuri Bilonog en diciembre de 2012 y su posterior descalificación, ocasionaron que el leonés, pese a no subir al podio en la capital griega, lograse su tan ansiada presea olímpica.

Tras Atenas no tuvo muchos más grandes logros. En 2005 logró el bronce en el Europeo indoor de Madrid y a partir de aquí entró en conflicto con la Federación Española de Atletismo. El lanzador leonés quería cambiar la técnica lineal de lanzamiento por una rotatoria, como la que utilizaban la mayoría de sus rivales. No le fue bien con este nuevo método y Manolo Martínez tuvo que recular en 2008 para lograr la mínima y poder estar en los Juegos Olímpicos de Pekín. Lo logró, pero en la capital china no logró meterse en la final y se fue para casa antes de lo esperado. Su último gran éxito fue en 2009, cuando se llevó el oro en los Juegos Mediterráneos de Pescara.

En 2011 se retiró a los 37 años y para la posteridad nos dejó el récord de España al aire libre (21,47 metros) y en pista cubierta (21,26 metros). Sus medallas y las tardes que ofreció al público español delante del televisor a la espera de ver si el leonés podía meterse en la pugna por las posiciones de honor obligan a colocar a Manolo Martínez en un puesto de privilegio, en el de mejor lanzador de la historia de España.

@daniglezlopez


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