El mar dorado de Tallin




Alejandro Abascal fue el primer medallista de oro en una disciplina tan prolífica como la vela
Abascal, a la izquierda, junto a Noguer tras proclamarse campeones olímpicos. Foto: AP

Abascal, a la izquierda, junto a Noguer tras proclamarse campeones olímpicos. Foto: AP

La vela ha sido y está siendo un deporte clave en el medallero olímpico español, ya que una de cada cinco preseas provienen de este deporte. En total, los regatistas españoles han subido en 20 ocasiones a recibir los honores y su correspondiente medalla en unos Juegos Olímpicos. El pionero fue Santiago Amat que logró esta gesta en 1932, pero el primero en lograr un oro fue Alejandro Abascal, más conocido como Jan Abascal.

Jan Abascal nació en 1952 en Santander. Natural de Cantabria, una tierra tan ligada al mar, su gusto por este elemento comenzó desde muy pequeño. Su padre trabajaba en un astillero y él le acompañaba. Después de ver tantos y tantos barcos, como cualquier niño pequeño, deseó tener uno y su padre se lo construyó. Su progenitor fue su primer entrenador, ya que en aquella época no había ni escuelas de vela ni entrenadores.

La situación era complicada, ya que no recibía ningún tipo de subvención y tenía que costearse él todos los gastos. Todo cambió en 1974, cuando logró ser Campeón del Mundo en clase Vaurien. Entonces, al año siguiente, la Federación Española de Vela le ofreció moverse a Palamós, donde tiene el centro nacional de entrenamiento y por fin tuvo un entrenador. Hasta entonces, su padre ejerció de entrenador, patrocinador y constructor de su nave.

En 1976 llegó su gran oportunidad, los Juegos Olímpicos de Montreal. En la ciudad canadiense participó en la clase Flying Dutchmann y acabó en una meritoria séptima plaza. Pero, eso no fue suficiente para Jan, que se quedó con la espinita clavada de llegar al podio. Cuatro años más tarde acudiría a Moscú. En el frío mar ruso, o más bien estonio, ya que las competiciones de vela se disputaron en Tallin, en aguas del mar Báltico, las cosas cambiarían. Como patrón de su barco y acompañado de Miguel Noguer como tripulante, Abascal fue oro en la misma clase por delante de los irlandeses Wilkins y Wilkinson y los húngaros Szabolcz y Zsolt Detre.

La anécdota se produjo un año después, cuando Jan no encontró su medalla porque se la habían robado. En este caso, Juan Antonio Samaranch le enviaría otra, la medalla B, para que mantuviera el recuerdo de aquella gesta. Cuatro años después acudiría a Los Ángeles 1984, pero en esta ocasión tendría un estatus distinto, ya que sería el abanderado de la delegación española. En competición no logró repetir el mismo resultado y finalizó en undécima posición.

Actualmente se dedica a preparar a jóvenes regatistas para que tengan el entrenador que él no pudo tener en sus inicios en el CEAR (Centro Especializado de Alto Rendimiento) de Santander y es director deportivo de la Real Federación Española de Vela.


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