El inicio de una senda triunfal




En Los Ángeles 84 se logró una plata olímpica que supuso el inicio de una etapa dorada para el baloncesto español.
Fernando Martín frente a la defensa estadounidense. Foto: lavilla.rtve.es

Fernando Martín frente a la defensa estadounidense. Foto: lavilla.rtve.es

El baloncesto es uno de los deportes con más tirón ahora mismo en España y uno de los deportes en el que la apuesta a medalla suele ser habitual. A las generaciones más jóvenes el hecho de ver a la selección española de basket en lo más alto le parece normal, pero no siempre fue así. Hubo un grupo de jugadores que fueron pioneros, que lograron el primer gran éxito para España en el torneo olímpico de baloncesto. Aun así, no fue el primer triunfo para la Federación Española, que ya había logrado una plata en el Eurobasket de Ginebra de 1935, el primero disputado, y en el que los españoles solo fueron derrotados por Letonia, y otro metal del mismo valor en el Eurobasket de Barcelona 1973, donde el verdugo de los españoles fue Yugoslavia. Este primer éxito a nivel mundial logrado en la ciudad angelina fue el punto de partida del gran nivel de baloncesto que vive ahora España, todo ello gracias a este grupo de jugadores que solo fueron superados por la todopoderosa Estados Unidos encabezada por Michael Jordan.

La fase de grupos para los españoles en tierras angelinas fue satisfactoria, y los de Antonio Díaz Miguel, seleccionador por aquella época, acabaron esta ronda inicial en segunda posición de grupo. Este torneo olímpico será recordado por la ausencia de los países del bloque comunista, encabezados por la Unión Soviética, a causa del boicot político. El bagaje de los españoles fue de cuatro victorias, logradas ante Canadá (83-82), Uruguay (107-90), Francia (97-82) y China (103-82), y tan solo una derrota, cosechada ante Estados Unidos por 101-68, que acabarían como líderes de grupo.

Posteriormente llegarían las rondas decisivas. España afrontaba la primera de ellas, los cuartos de final, con buenas sensaciones. El rival a batir era Australia y los de Antonio Díaz Miguel se deshicieron de los “aussie” con aparente facilidad por 101-93. El siguiente partido sería nada más y nada menos que una semifinal ante la todopoderosa Yugoslavia. Los balcánicos llegaban invictos a la penúltima ronda del torneo y eran más que temibles. Pese a ello, los españoles se impusieron con cierta holgura y lograron el pase a la gran final con un resultado de 74-61. El rival eran los anfitriones, Estados Unidos, que llegaban invictos y que se habían desecho en semifinales de sus vecinos canadienses por 78-59.

La dificultad de vencer a Estados Unidos era más que evidente, por lo que para los españoles haber llegado hasta allí era todo un éxito. Pese a ello trataron de presentar batalla a los americanos, que lograron una victoria bastante holgada por 96-65 y se colgaron el oro sin haber conocido la derrota en todo el torneo. España fue galardonada con la plata, aunque también podrían haberle dado “el oro de los mortales”, ya que solo perdieron contra los estadounidenses. El tercer cajón del podio fue para los yugoslavos, que vencieron en la final de consolación a Canadá por 88-82.

Los 12 héroes españoles fueron los siguientes:

Juan Antonio Corbalán (base): junto con Calderón, el mejor jugador en su posición de la historia del basket español. En Los Ángeles se despedía de la selección española, pero no firmó un buen papel. Promedió tan solo 4,8 puntos por partido, números muy inferiores a los que solía aportar. Referente moral del grupo, solía tener una gran capacidad para generar juego y anotar, aunque este último factor no se demostrase mucho en tierras angelinas.

José Luis Llorente (base): el revulsivo, el hombre que revolucionaba los partidos cuando saltaba a la cancha. Llegó a la cita olímpica como tapado, pero acabó jugando muchos minutos importantes, en parte por el bajo estado de forma de Corbalán. Sembraba el caos en la cancha cuando entraba en ella, imponía un ritmo infernal y desconcertaba a rivales y compañeros con decisiones incomprensibles tanto en defensa como en ataque.

Nacho Solazábal (base): ocupaba el ingrato puesto de tercer base. Sus mejores minutos fueron en el partido de grupos frente a China. Destacaba por ser zurdo y ser un gran contragolpeador, además de tener un don especial para ver a la vez los movimientos de sus compañeros y la canasta.

Juan Manuel López Iturriaga (escolta): “Itu” destacaba por su picardía. Era un auténtico maestro del contraataque y fue el impulsor del “estar de palomero” como una forma más de arte. Le encantaba correr y jugar con mucho descaro en los últimos minutos de partido: las “fechorías” estaban a la orden del día cuando Iturriaga jugaba.

José Manuel Beirán (escolta): el leonés no tuvo muchos minutos en Los Ángeles y solo disputó cuatro de los ocho encuentros del torneo olímpico, tren al que se subió a última hora en el lugar de Jordi Villacampa, descartado por Díaz Miguel en el último momento. Beirán hizo el “trabajo sucio” en sus minutos en cancha, apenas tuvo peso en ataque.

Epi (alero): el desatascador. Si un partido se complicaba y el juego interior estaba siendo bien defendido, la solución consistía en darle el balón a Epi. Ganador nato, en la final ante Estados Unidos se sacó de la manga varias canastas que dieron una pequeña dosis de vida a los españoles. A Epi el balón no le “quemaba en las manos” en los momentos cruciales y eso hacía de él un jugador especial.

Josep María Margall (alero): salido de la escuela del Joventut, “El Matraco”, como era apodado, era un fantástico especialista en el tiro exterior. Asumió con naturalidad y profesionalidad su puesto de suplente, aprovechando sus minutos en cancha sin tratar de engordar sus estadísticas y jugando por y para el equipo. Además, a Margall también le caracterizaba una gran inteligencia para encontrar huecos tras los bloqueos.

Fernando Arcega (alero): otro hombre que, al igual que Beirán, no tuvo un papel muy destacado en el torneo olímpico y que solo disputó cuatro de los ocho partidos en los que España estuvo presente. “El Abuelo”, como era conocido, era un maestro del engaño, de salirse fuera de la zona y desde allí generar espacios para los jugadores interiores o buscar el tiro.

Andrés Jiménez (ala-pivot): revolucionó el puesto de alero alto en España. Un currante del baloncesto, se dejaba la piel en cada partido y equilibraba a la selección en el apartado de los centímetros. Gran reboteador, cuando estaba en pista los números en este aspecto del equipo español lo notaban. Era un jugador de equipo que se alejaba de todo aquello que pudiera ser considerado como individualidad. La cita de Los Ángeles supuso para Andrés Jiménez su presentación a nivel mundial.

Fernando Martín (pivot): un mito. El hombre clave de este equipo, resulta difícil imaginar a esta selección sin Fernando Martín. Resolutivo, luchador, obseso de la victoria, el hombre al que se debía de pasar el balón cuando el partido se ponía cuesta arriba, él encontraría la solución adecuada. Martín logró su pasaporte a la NBA cuando esta liga no era más que un quimera para los europeos. Ha sido un pionero en el baloncesto nacional y continental.

Fernando Romay (pivot): el techo de este equipo. Especialista defensivo, especialmente vigilado por los árbitros y que recibía muchos golpes que no eran sancionados. Jugador de choque, una muralla, fue el segundo mejor taponador por detrás del estadounidense Pat Ewing. Romay era el estandarte defensivo de este fabuloso grupo.

Juan De La Cruz (pivot): el luchador, el más bregador en la zona. Se encargaba del trabajo sucio bajo los tableros y luchaba por cada rebote. Jugador de equipo, rechazaba las individualidades y prefería el triunfo común a unas buenas estadísticas personales. Buen defensor, se recurría a él cuando se necesitaba dar un “toque de atención” al pivot estrella rival.


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