DÍA XIV. RESUMEN: El día soñado por España




España alcanza las 15 medallas. Nicolás García suma otra medalla para el taekwondo: Fue plata. El baloncesto masculino y la clase de vela Elliot 6m se asegura, al menos, la misma medalla al pasar a la final. El equipo de sincronizada terminó tercero.

España cerró su día más perfecto en Londres 2012, el antepenúltimo. Y no es una fecha casual, el calendario de los Juegos Olímpicos permite a España una semana final llena de alegrías. La historia lo ha demostrado tozudamente, en Atenas y Pekin, donde España llegó con dos podios tras siete días, pero no se percataron del dato los pesimistas de urgencia, aquellos que observan la competición según llega y se muestran incapaces de tomar perspectiva. La lesión de Nadal y el fracaso del fútbol alimentó a los catastrofistas, que ya cavaban la tumba española. Pero pese a las sorpresas que embellecen el deporte, los números olímpicos suelen seguir parámetros matemáticos, y España se planta ante el fin de semana final con 15 medallas en su haber, el mínimo exigido.

Gasol y Calderón. Foto de Edgars2007

Gasol y Calderón. Foto de Edgars2007

Y debe haber más. La jornada empezó con noticias inmejorables en Eton Dorney. Alfonso Benavides, Saul Craviotto y Teresa Portela accedieron con gran suficiencia a las finales de piragüismo de 200 metros. Se jugarán todo el sábado en el margen de una hora. Hagan lo que hagan, pueden presumir las piragüas de éxito. Con una participación más escasa que otras veces hicieron pleno. Ocho finalistas de ocho participantes entre aguas tranquilas y bravas. También puede hablar con orgullo el taekwondo, cuya efectividad se midió en metales. Nicolás García, que era sobre el papel el más modesto de los tres representantes, avanzó rondas hasta plantarse, otra vez, en la final nocturna. Allí el representante argentino le derrotó en el último minuto tras un combate igualadísimo. Una plata de ley, que se añade al sueño taekwondista en estos Juegos. Londres 2012 supondrá un hito en la historia de este arte marcial en España, que por fin pudo demostrar en el máximo escenario todo su potencial.

Otro ejemplo de eficacia lo da la natación sincronizada, infalible en su cita con el podio. Asumida ya la mejora del equipo chino, España amarró el bronce con ambición. Las mujeres de Ana Tarrés se cortaron la melena para encajar bien sus gorros. Resulta admirable su carrera por la perfección, por el cuidado del mínimo detalle y su intención de sorprender siempre en lo artístico. La rutina libre fue un homenaje al mar con peces, olas, delfines, puentes y saltos que complacieron a los jueces. Otras veces fue Dalí o la selva, siempre agradan, incluso en una final de altura. Canadá no dio facilidades para subir al podio. Merece la pena repasar el nombre de las sirenas: Andrea Fuentes, Ona Carbonell, Thais Enriquez, Alba Cabello, Clara Basiana, Margalida Crespí, Thais Enriquez, Paula Klamburg, Irene Montrucchio y Laia Pons. Seis de ellas vivieron sus primeros Juegos y Fuentes se colocó, con cuatro medallas, entre las olímpicos más laureadas, algo que no podrá decir, paradójicamente, Gemma Mengual, la considerada referente de este deporte.

Siguiendo la explosión femenina, Tamara Echegoyen, Ángela Pumariega y Sofía Toro se aseguraron la medalla tras entrar en la final de su categoría, la Elliot 6m o Match Race, de vela, una clase peculiar, nueva en el olimpismo y la única que se disputa en forma de liga y eliminatorias. Nadie esperaba la gran actuación de la embarcación española, que terminó tercera el round robin, sorprendiendo desde el principio, y remontó hoy en semifinales la derrota inicial ante Rusia, una eliminatoria disputada al final al mejor de tres regatas por la falta de viento, un inconveniente también solventado. La medalla de mañana aliviará ciertas decepciones de la vela. Se esperaba más de Iker y Xabi, Rafael Trujillo o Pacheco y Berta Betanzos –décimas al final- pero el mar ha cambiado las expectativas.

Y tampoco falló el baloncesto. Los de Scariolo fueron ayer Dr Jeckyl Y Mr Hide. Una primera parte de pesadilla y una segunda de ensueño. De llegar a perder de 13 ante Rusia a terminar ganando por ocho y acceder a la tercera final olímpica del baloncesto español, la sexta en siete años en grandes campeonatos. Tienen Gasol y compañía una capacidad especial para crecerse en los momentos decisivos, para sacar su competitividad y talento cuando la situación lo exige, tras un torneo, otro más, turbulento y dubitativo, con la mancha indeleble de lo que ocurrió ante Brasil. Si quisieron perder o no hicieron todo para ganar solo lo sabrán ellos. De momento, el resultado les ha dado la razón: Otra plata en su mano, salvando el honor de los mediáticos en los Juegos de las mujeres y los anónimos. El deporte español menos conocido destapado, por fin, en Londres.


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