Tenis femenino: no hagan apuestas, es imposible acertar




El tenis tiene dos caras, como una moneda. Una de ellas brilla haciéndonos amar el presente y temer el futuro, la otra nadie sabría describirla, es tan inefable que ya pocos se atreven a mirarla. El circuito de tenis femenino se ha convertido en el gran quebradero de cabeza de los analistas y aficionados al deporte de la raqueta; los primeros lo ven con escasa pasión, los segundos lo están olvidando.

En España el deporte rey es el fútbol y todo el mundo está cansado de que sean sólo dos equipos los únicos que tenga verdaderas opciones de alzarse con el título doméstico; los aficionados piden a gritos una mayor igualdad, hablan de otros modelos más equitativos, quieren que más equipos puedan ganar. Todos estos hinchas deberían dejar de preocuparse y de protestar, el fútbol no va a cambiar, pero pueden llegar a tener lo que reclaman. Tan sólo tienen que dejar de asistir a los estadios de fútbol para llenar los asientos de las canchas tenis; eso sí, para ver tenis femenino, porque para contemplar sin emoción como se reparten Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic los grandes títulos ya están el Barça y el Madrid.

El tenis femenino es un absoluto caos, ser la número uno o estar el top 10 ya no significa nada. Todos los torneos son imprevisibles y cuando parece que una antigua estrella acaba de renacer o una nueva acaba de aparecer a las pocas semanas queda desmentido. La clara confirmación de lo dicho es el ranking de la WTA, que varía más que los valores del Ibex 35. En los últimos siete años ha habido once números uno mientras que en toda la década de los noventa hubo cinco tenistas que lograron subirse a lo más alto de la lista. Ante el interés que despertaban los partidos entre Steffi Graf, Monica Seles o Arantxa Sanchéz Vicario, se coloca la apatía actual por el tenis femenino que no puede competir con sus homólogos masculinos.

Y todo esta biblioteca de Babel ha hecho que muchos empiecen a cuestionarse el modelo actual del tenis profesional donde las ganancias entre hombres y mujeres son más equitativas. Muchos empiezan a ver tanto a las mujeres como a los jugadores de dobles como a unos “parásitos” que se aprovechan de la grandeza de los dominadores del circuito masculino individual, que son a los que los aficionados quieren realmente ver. Y las razones son bastante obvias: el nivel de juego y de competitividad del tenis masculino en la última década es casi insuperable, es una cuestión de simple estética. Las mujeres recuperarán el puesto que nunca debieron dejar cuando aparezcan nuevas estrellas que se preocupen más por jugar a la raqueta que de ganar dinero o hacerse fotos en bikini.

De todos modos, en Somosolímpicos no vamos a dejar del lado al tenis femenino e intentaremos analizar el circuito con la esperanza de ver un gran tenis en los Juegos Olímpicos.


2 Comentarios

  1. Nisio, cagüen sos que voy dice:

    Yo siempre he seguido el tenis femenino, y en general el deporte femenino. Creo que el artículo lleba toda la razón, el nivel del tenis femenino actualmente es lamentable, y es todo gracias a los alicientes económicos que se dan al margen del deporte. Es vergonzoso que el deporte sirva como puente para acabar siendo modelo, y eso en el tenis está muy extendido. En otros deportes, no es nada habitual. 
    Blanka Vlasic, Isinbayeva, o Berta Castells, no van dando escándalos, ni exclusivas, ni sesiones fotográficas en revistas de moda por un puñado de dinero. 
    La crítica en este artículo, es constructiva. Creo en el deporte femenino, y creo que debe seguir siendo deporte, y no pantomima.

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  1. [...] es como todo y así lo reflejan los chicos de Somos Olímpicos en su página. Claro que a todo el mundo le gusta ir a ver a los jugadores más destacados y a los [...]

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