El señor de la tierra se reinventa




Rafael Nadal ha vuelto a conseguir este domingo un nuevo torneo en Barcelona tras vencer en la final a un correoso David Ferrer. El séptimo consecutivo, justo después tras lograr su octavo entorchado en Montecarlo. El hombre de los récords sigue agigantando su leyenda en polvo de arcilla, pero al margen de valorar sus números, es necesario entrar de lleno en su superioridad dentro de la pista.

Los datos normalmente hablan por sí solos: seis Roland Garros, 81 victorias consecutivas en tierra, único jugador que ha ganado un torneo ocho veces consecutivas o sus 32 títulos de arcilla (tercero por detrás de Vilas y Muster), entre otros. Lo que es más sorprendente es que pasan los años, y el reinado de Rafa en tierra parece inquebrantable. Cada año que pasa se reinventa, sigue siendo superior al resto de forma escandalosa. Otros grandes de esta superficie ven impotentes como Nadal se torna en un muro prácticamente infranqueable. No saben qué hacer ni cómo jugarle.

Tan solo el Djokovic de la temporada pasada fue capaz de sembrar dudas sobre Rafa en los últimos 7-8 años. Le venció en siete finales, a destacar con gran mérito las dos en Madrid y Roma. Un duro golpe psicológico que el español puede haber aliviado tras vencer a Nole en Montecarlo. Únicamente el serbio y los problemas físicos han logrado que Nadal hinque la rodilla de forma clara sobre su superficie favorita desde que empezó a ganar a sus 18 años.

La semana pasada subrayaría dos momentos que reflejan ese poderío: el primer set contra Fernando Verdasco en semifinales y los finales de set en el partido contra Ferrer. Posee una abrumadora consistencia tenística y mental que amilana a sus rivales. Apagó a Verdasco con un doloroso 6-0 en la primera tanda, que da a entender un mal partido del madrileño, pero no fue así. Simplemente no pudo. Al alicantino le demostró que las bolas de set ante Nadal no significan prácticamente nada, pues ganarlas es todo un reto. En sus manos tuvo Ferrer ambos sets y finalmente recayeron del lado del fenómeno de Manacor.

Sus detractores le acusan de jugador defensivo, de “pasabolas”. Sus defensores alaban su estrategia, la de un jugador que a base de puntos largos y golpes liftados acaba por desquiciar mentalmente a sus rivales, y por ende, desmontar su juego. En cualquier caso, es imposible dudar de la efectividad de su tenis y parece obvio que muchos de sus partidos los gana incluso antes de salir a la pista.

Rafa ya es una leyenda del tenis. Sus números en tierra magnifican esa calificación. Esta temporada cumplirá 26 años, de modo que, se espera que su nivel disminuya en poco tiempo por el desgaste físico y psicológico que acumula durante toda su carrera a causa de su estilo de juego. Teóricamente.


Deja un Comentario