Joel, en el paraíso de las patadas




Joel González (Figueres, 1989) está en la gloria. Se debe sentir el emperador del reino de las patadas. Nadie mejor que él, campeón de Europa, campeón del mundo, y ahora, también, el sueño, el paraíso, el oro olímpico, ganado a patadas sobre el Excel de Londres cuando quedaban pocos minutos para las once de la noche en la City tras un día tan extenuante como inolvidable. Cuatro combates, los dieciseis mejores taekwondistas del peso más bajo, 58 kilos, los tirillas de este deporte, el camino al éxito más importante de su carrera. Una oportunidad única, los seis minutos de gloria, medalla o anonimato, el que sufrieron otros tan buenos sin suerte en los Juegos. Y Joel lo logró, de menos a más. De los apuros de la mañana a la suficiencia de la noche. Cabeza fría y piernas largas, interminables, en un cuerpo alto y flaco combinadas con la velocidad necesaria para proyectar patadas imparables de un estudiante de Criminología que ya es campeón olímpico.

El espigado Joel, campeón del mundo en 2009 y 2011, campeón de Europa en 2009, 2010 y 2012 sin haber llegado a los 23 años, sufrió lo indecible para deshacerse del sueco Uno Sanli, derrotado en el último segundo del asalto final de los tres. En cuartos tuvo que rendirse al español el australiano Khalil, derrotado con una patada en la cabeza al principio de la última ronda, mantenida la ventaja hasta el final, 5-3. González siguió creciendo en semifinales, tímido en los dos primeros asaltos, soltado, otra vez, en el último con toda su potencia. Una patada en la cabeza, tres puntos a los 51 segundos, y a partir de ahí una conexión de golpes al pecho. Un torrente, huracán Joel, golpe tras golpe hasta el 13-4. Imposible para el coreano Muñoz. A la final, donde Joel empezó mandando ante el coreano Lee. Punto en el pecho en a los 16 segundos, patada en la cabeza y vuelta al pecho. Dominando desde el principio. Más madera en el segundo. El último no fue a amarrar. Ni lo necesitó. El coreano reclamó un golpe a la desesperada. No había duda, era una patada maestra en la testa, una exhibición. Joel cerró el resultado para la historia, 17-8. Y Joel, bandera en mano, rostro emocionado en el paraíso.


Deja un Comentario