Brigitte Yagüe, una plata para la hormiga de Mallorca




Cuestan las medallas en el escenario olímpico. Hay que bordarlo para llegar y besar el santo. Bien lo sabe Brigitte Yagüe , en el cielo del mundo en 2003, 2007 y 2009, en el de Europa en 1998, 2002, 2004 y 2008, además de otro cerro de medallas internacionales, tantas que a ella también le costaría acordarse. 31 años de patadas, unos Juegos Olímpicos, los de Atenas, a los que ya llegaba entre las favoritas y derrapó en primera ronda, en seis minutos sin tiempo para la reacción, y otros como espinita, los de Pekin, en 2008, en un deporte en el que tan dificil como ganar es estar. Reducen pesos, hay cupo, solo entran 16 por categoría y todo se juega en dos preolímpicos sin red. De nada vale el curriculum. Briguitte masticó su decepción, fuera del gran escenario con 27 años, quizá la edad perfecta, quizá la gran oportunidad. Pero no se rindió la mallorquina, consciente de que ella era su único rival. Tenía cuentas pendientes, con ella y su marido, Juan Antonio Ramos, dos veces a las puertas del podio olímpico, quedándose a segundos de una fama efímera. Nada importa lo demás, ni siquiera sus lágrimas en la capital china. "La vida es una mierda", concluyó Ramos. 

Ahora no será tan contundente, más feliz viendo a su esposa, por fin, en el podio olímpica, segunda tras una final ante una china inabordable en 49kg, la categoría para las pequeñas, las hormiguitas del taekwondo. Jingyu Wu despachó a Brigitte, 8-1, patada en la cabeza desde el principio e imparable en el pecho. Pudo atacar más insular, demasiado defensiva hasta el final, pero cualquier riesgo era pagado. Antes, se apuntó a las remontadas. Parecía ya imposible ante la tailandesa Sonkham, patada a la cabeza en el primer asalto, otra vez en el segundo, reclamado por si acaso sin éxito. Briguitte se plantaba perdiendo 6-2 y con dos minutos para llegar a su primera final olímpica. Parecía imposible. Pero se creció sin nada que perder. Al peto. La asíatica respondió por tres. Aún más difícil. De mallorca al pecho, otra vez. Y luego, la clave, El mondolyo, la patada en la cabeza con giro que da cuatro puntos, el gesto más bello que puede cambiar el desarrollo de un combate. Y no era suficiente. Otra patada y a la final por uno. Superadas las piedras en un camino que empezó despejado, 7-2 a la panameña Carstens y 8-0 a la mexicana Alegria. Sin sorpresas. Briguitte no iba a dejar escapar otra oportunidad. La hormiga ya tiene su plata.


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