París 1900 y la primera medalla olímpica española




José de Amezola y Francisco Villota lograron en París 1900 la primera presea olímpica para España, hecho que no reconoció el COI hasta 2004.
En París 1900 llegó la primera medalla olímpica española. Foto: Selligpau

En París 1900 llegó la primera medalla olímpica española. Foto: Selligpau

La historia olímpica española pega un fuerte ascenso en cuanto a éxitos deportivos a partir de Barcelona 92 pero a pesar de ello en los segundos Juegos Olímpicos modernos de la historia, los de París 1900 llegó el primer oro para la delegación española. Los hombres que se colgaron la medalla más valiosa en la cita parisina fueron José de Amezola y Francisco Villota en la prueba de cesta-punta.

El primero, José de Amezola, era una personalidad en el País Vasco. Era hijo de José de Amezola y Viriga, uno de los empresarios más importantes e influyentes de la Vizcaya de finales de siglo XIX y que tenía un especial interés en la minería, siendo el fundador de una importante empresa de este sector, la Hullera Vasco-Leonesa. Su hijo, el que posteriormente sería medallista olímpico, se aficionó a la cesta-punta desde joven, compaginando su pasión por este deporte con sus labores profesionales como vocal del Banco de Bilbao, político conservador, empresario teatral, etc. Francisco Villota es un nombre un poco más desconocido. Era un hombre nacido en Madrid, con raíces cántabras, licenciado en derecho y presidente de la Sociedad de Pelota Vasca en Madrid.

Amezola y Villota formaron pareja para disputar los Juegos Olímpicos de Paris 1900, que se disputaron en la capital francesa ya que la Exposición Universal visitaba también la capital del río Sena. Estos Juegos Olímpicos no tuvieron en principio este estatus, sino que simplemente eran un conjunto pruebas y concursos deportivos y para los historiadores ha sido difícil discernir cuales pueden considerarse pruebas olímpicas y cuales no. Algunos requisitos para no considerar prueba olímpica a un determinado concurso eran el carácter de prueba local, los premios en metálico o el simple hecho de no ser una práctica deportiva. Esto impidió que el asturiano Pedro Pidal no se coronase como el primer medallista español de la historia tras lograr el segundo puesto en la prueba de tiro al pichón, ya que recibió un premio en metálico de 5.000 francos.

El historiador Bill Mallon estudió todo lo relacionado con París 1900 y rescató del olvido a una prueba de la que nadie se acordaba: la modalidad de cesta-punta de pelota vasca. A este torneo tan solo se inscribieron dos parejas: Amezola-Villota y una pareja de vasco-franceses llamados Duquertty y Etchegaray. Antes de la disputa del partido los franceses decidieron retirarse por no estar de acuerdo con la organización y normas del torneo, por lo que la victoria recayó en los españoles. Mallon creyó que Amezola y Villota debían de ser reconocidos como campeones olímpicos, ya que la prueba cumplía los requisitos para ser considerada olímpica, a pesar de no haberse disputado ni un solo partido.

En 2004 el COI, tras estudiar la tesis de Mallon, dio por bueno su razonamiento e incorporó a los dos puntistas españoles en el libro dorado del olimpismo. De esta manera Amezola y Villota se erigieron en los primeros medallistas olímpicos españoles de la historia y en los únicos campeones olímpicos de pelota vasca de la historia, ya que esta prueba no volvió a disputarse nunca más dentro del marco de unos Juegos Olímpicos. Amezola y Villota nunca fueron conscientes de lo que había logrado ya que, más de un siglo después de su hito se reconoció su importancia.

Fuente: Fernando Arrechea


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