Londres presume de Gran Bretaña




Siete promesas del deporte británico encendieron un pebetero que se unió en el centro del estadio. La cultura pop, la literatura y la historia de Gran Bretaña marcaron la ceremonia. La reina Isabel II inauguró los Juegos de la XXX olimpiada.

Ni Bannister, ni Beckam ni Redgrave. Siete promesas jóvenes del deporte británico hicieron honor al lema de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Inspire a generation, y encendieron un pebetero instalado, para sorpresa de todos, en el centro del estadio. La actuación del exbeatle Paul McCartney interpretando Hey jude con el estadio entero tatareando la mítica canción cerró una ceremonia que fue todo un homenaje a Gran Bretaña, su historia, su cultura, su literatura, su humor y su música. Casi cuatro horas de espectáculo ameno y producido de manera muy teatral en su parte inicial.

Foto de Chan-Fan

Foto de Chan-Fan

El comienzo no fue tan potente como se recuerdan Atenas o Pekin, aunque el conjunto resultó menos marcial pero más humano que en la cita china. Bradley Wiggins, reciente campeón del Tour, apareció para dar el campanazo que inició el show. La campiña inglesa de la economía rural dio paso a la revolución industrial del siglo XVIII. Los cientos de actores que protagonizaban la acción levantaban el césped mientras emergían unas altas chimeneas humeantes y los campesinos se convertían en trabajadores de las fábricas. Juntos, el país urbano y el rural forjaron los cinco aros olímpicos, que llegaron de distintos puntos del cielo para unirse soltando una lluvia de fuego. Fue el primer gran momento de una inauguración en la que no faltaron las sorpresas y el humor, algo poco habitual en la historia olímpica. Unas imágenes pregrabadas de James Bond buscando a la reina Isabel II en el palacio de Buckingham para transportarla en helicóptero hasta el estadio se mostraron como una gran ocasión para mostrar los encantos de Londres. Por momentos, pareció que la monarca y el detective fueran a descender de los cielos. Todo fue una ilusión que mostró a la monarquía como una institución muy respetada en las islas.

La aparición de Mr Bean con sus gags silenciosos insertados en la película Carros de Fuego despertó las carcajadas del público. Entre medias, aparecían las enfermeras del sistema público británico durmiendo a los niños para que soñaran con las historias literarias. No faltó J.K. Rowling leyendo un fragmento de Harry Poter ni unas Mary Poppins descendiendo con sus paraguas. Para cerrar la parte artística, un popurrí musical acompañado por la coreografía de miles de bailarines, que también tuvieron tiempo para hacer guiños a las nuevas tecnologías. Probablemente,  uno de los momentos más brillantes de la ceremonia. No faltaron Beatles, Rolling, The Who, Queen, Sex Pistols, New Order o Muse. Toda una exhibición de la cultura musical británica en el último siglo. Para sorpresa de los espectadores, entre las imágenes culturales del XX estaban fragmentos de la serie española Cuéntame como pasó.

España, revoltosa

El desfile de atletas transcurrió con más velocidad que en otras ocasiones. España, pasadas las 12:30 de la noche, compareció con Pau Gasol a la cabeza y más alargada que otros países. Fuera del foco de la realización internacional, la delegación se desmadró obligando a los voluntarios de la organización a dirigir a los atletas. La aparición de un Bolt bailarín y el cierre del desfile con la inmensa delegación británica liderada por el radiante pistard Chris Hoy, que despertó la emoción en la grada, fueron los otros momentos destacados. Isabel II, fría durante toda la ceremonia, se miraba las uñas mientras sus compatriotas recorrían el estadio. En una colina verde situada a un lado del estadio se fueron situando las banderas de todos los países, coronadas después por la británica y la olímpica, que portaron personalidades como Haile Gebrselassie y con la presencia de Mohammed Alí.

Tras el joven grupo de rock Arctic Monkeys y su potente You look good on the dancefloor, llegó la hora de la solemnidad. En los discursos, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, destacó la presencia más numerosa que nunca de las mujeres en Londres 2012, especialmente las del mundo árabe. En un guiño al público, también afirmó que los Juegos “volvían a casa”, al celebrarse en la capital británica por tercera vez, tras 1908 y 1948. La reina inauguró los Juegos de manera escueta y, en otro momento de gran espectacularidad, se pudo ver cómo la llama olímpica llegaba desde fuera del estadio. En una colorida lancha que surcaba primero el Támesis, en imágenes pregrabadas, y luego una ría del parque olímpico, un elegante David Beckham portó la flama hasta entregársela al remero cinco veces campeón olímpico Steve Redgrave, quién hizo la entrada en el estadio.

La emoción sobre el encendido se mantuvo hasta el final. Nadie esperaba que fueran siete jóvenes deportistas los que se turnaran la antorcha primero y compartieran el fuego después. Ya en centro del estadio, entre los atletas, los últimos relevistas depositaron el fuego en un pebetero extendido sobre el suelo con múltiples ramificaciones. El sagrado elemento olímpico se extendió en círculo y los brazos del árbol ascendieron hasta formar un pebetero sobre el suelo del estadio. La duda sobre cuál será su ubicación final –allí no puede quedar por los lanzamientos de atletismo- aún permanece. Con el cántico final, Gran Bretaña mostró lo mejor de sí misma y dio la bienvenida a sus terceros Juegos. Ahora es el tiempo del deporte, diecisiete días decisivos para los más de 10.000 atletas. La gloria o el fracaso de cuatro años. En los Juegos no hay próxima semana.

 


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