La salud de nuestro tenis peligra




La retirada de Juan Carlos Ferrero hace unas semanas parece indicar el inicio el fin. Uno de los hombres que iniciaron esta fantástica década en el tenis masculino anunció su adiós de forma activa que se hizo oficial tras su derrota ante Almagro en el Valencia Open

. Parece que fue ayer cuando el valenciano se llevaba su Roland Garros en 2003 y ahora con 32 años cuelga la raqueta para proseguir con sus andaduras empresariales.

El adiós del “Mosquito” indica que esta generación dorada empieza a difuminarse. A pesar de la clasificación de España para la final de la Davis (cuarta en los últimos cinco años), y los grandes resultados que avalan a los nuestros en las últimas temporadas, no encontramos a futuras promesas en nuestra cantera. El tenis español que viene no parece tan prometedor y a medio plazo se prevé una crisis radical.

Desde las explosión de Ferrero en 2002, la continuación de jugadores como  Moyá, Costa o Corretja y la aparición de los Nadal, Verdasco, Ferrer o Almagro, la lista de éxitos supera el centenar de torneos. Combinación de pasado, presente y lo que queda de futuro a corto plazo. Pero en tres o cuatro años, se puede poner fecha de caducidad a la edad de oro de nuestras raquetas, lo que complicaría los JJ.OO de Río 2016.

Entre los 50 mejores de la ATP, España cuenta con 8 representantes. De esa cifra, el jugador más joven es Albert Ramos con 23 años. Posteriormente nos encontramos a Nadal, Granollers, Pablo Andújar y Almagro con 26, Verdasco con 28, Ferrer con 30 y Feliciano López con 31 años.

Esto supone que para las próximas olimpiadas, nuestros principales puntales alcanzarán la treintena como mínimo, y algunos quizá hayan abandonado las pistas. Si se añade el desgaste físico de jugadores como Verdasco, Nadal y Almagro, que realizan un gran derroche todos los años, es improbable que mantengan el nivel para entonces.

Hay varios factores que explican este vacío en la base. El tenis es un deporte caro y las crisis económica dificulta tanto la preparación de los jóvenes como el mantenimiento de torneos en España. En cambio, las escuelas de otros países sí continuan dando sus frutos, como la norteamericana, la francesa o alemana.

Por otro lado es indudable que, de aquí a cuatro años, quizás aparezca alguna figura que pueda competir cara a cara con los más grandes. Sin embargo, descubrir prodigios como Rafa Nadal es casi imposible, y se necesitan verdaderos fenómenos para doblegar a los Murray, Djokovic o Del Potro, actuales y próximos comandantes del circuito.

Toca disfrutar del ahora, pero sin olvidar el mañana. Toda gran generación tiene un final, como ocurrirá con nuestras selecciones de fútbol y baloncesto. El tenis, que nos ha dado alegrías con regularidad muchos domingos, tendrá su pausa. Un punto y seguido, con suerte. Cuando llegue el momento, echaremos de menos el talento de tantos deportistas nacionales que nos han sacado una sonrisa en los últimos tiempos.

 


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