La apisonadora nigeriana destrona a México




Kelechi Iheanacho, balón de oro del torneo

Kelechi Iheanacho, balón de oro del torneo

Iheanacho apareció para destrozar a los aztecas y se coronó como mejor jugador de la competición

México comenzó con fuerza pero se desinfló con el paso de los minutos

Nigeria confirmó su aplastante dominio y derrotó con autoridad a una impotente selección mexicana para conquistar su cuarto entorchado. México intentó frenar la superioridad africana pero se encontró con un tempranero gol que le hizo remar a contracorriente durante toda la final. Un duelo que certificó un justo triunfo para un combinado abrumadoramente superior, que solamente concedió un empate a lo largo de la competición. Lo que comenzó como un intercambio de golpes desembocó en un monólogo nigeriano que maniató al combinado azteca y le golpeó con su demoledora pegada hasta obligarles a asumir con resignación la diferencia entre ambos conjuntos. Aguantó cuando tocó sufrir y arrolló cuando su rival, así se gestó una incontestable victoria nigeriana.

Los primeros minutos se desarrollaron a tumba abierta. Sin pausa en la medular y buscando ensanchar el campo para un óptimo aprovechamiento de los costados, desde las bandas surgieron las primeras ocasiones para ambos conjuntos, pero ni Yahaya primero ni Alejandro Díaz después supieron transformarlas en gol. Como ya había hecho en la semifinal, México buscó herir a su adversario a balón parado. Un potente saque de banda fue cabeceado por Iván Ochoa, pero su testarazo fue desviado por Alampasu en una meritoria estirada. Fue entonces cuando surgió de nuevo la línea argumental de este torneo, esa que señale que quien perdona en ataque paga un alto precio por su error en su propia área.

México se volcó en su travesía hacia la meta nigeriana y descuidó su retaguardia. En un fulgurante ataque, Awoniyi cedió para Yahaya y cuando  éste se disponía a disparar Erick Aguirre apareció para evitarlo con tan mala fortuna que su despeje sorprendió a su propio guardameta. Fue un exitoso contragolpe salvaje que destapó las carencias de una transición defensiva imberbe. Los aztecas no enloquecieron y apelaron a la paciencia. Buscaron el avance a través de la asociación, paso a paso, como el agua que horada la piedra a base de goteo, pero no comprendieron que el diamante nigeriano sólo puede rayarse con otra pieza igual, es decir, a base de goles.

Diferencial Iheanacho

Ante su estéril posesión, el cuadro azteca buscó una vía más directa y volvió a recurrir a la fina pegada de su capitán a balón parado. Ulises Rivas colgó el balón con delicadeza a las cercanías del área pequeña, perfectamente ubicado para el remate de Jaimes, pero entonces emergió de nuevo la mano de Alampasu para frustrar el empate desviando el cuero por encima de los tres palos. La desesperación de los pupilos de Raúl Gutiérrez crecía de forma directamente proporcional al paso de los minutos. Se empleaban a fondo para generar ocasiones de gol y, por el contrario, veían como su rival daba sensación de peligro cada vez que pisaba campo contrario. Iheanacho, premiado tras finalizar el partido con el balón de oro del torneo, filtró un magnífico pase que sorprendió a la defensa pero Awoniyi, tras driblar a Gudiño, envió su disparo al lateral de la portería.

Aún con el susto en el cuerpo, Yahaya volvió a mostrar las afiladas garras nigerianas con un derechazo que se estrelló en el larguero. México se tambaleaba y Nigeria, fantásticamente liderada por la zurda de Iheanacho, rozaba el gol en cada aproximación. Ante tal panorama, el descanso parecía la mejor noticia para la selección centroamericana pero la tregua, aunque sirvió para amainar el chaparrón, no secó el agua de las calles aztecas en el segundo acto. México demostraba ímpetu, pero no atesoraba ni la precisión ni la claridad de ideas necesarias para nivelar la contienda. La velocidad en la circulación era baja y así se antojaba difícil sorprender a una solidaria selección africana.

Nigeria confió en su ventaja y estaba dispuesta a castigar cualquier equivocación de su adversario, más aún si la cometía su guardameta como finalmente ocurrió. Muhammed probó fortuna con un zapatazo desde larga distancia que Gudiño despejó hacia el centro. Error flagrante que Iheanacho no desaprovechó remachando el cuero al fondo de la red. El tanto aniquiló las esperanzas de título mexicanas. La selección nigeriana controlaba cómodamente el sino del encuentro y conservaba el cuero con posesiones largas que ensalzaban la figura de un activo Yahaya. El capitán Muhammed se encargó de poner la guinda al pastel africano con un potente libre directo que se coló por la escuadra. Fue el gol número veintiséis para una arrolladora selección que conquistó su cuarto entorchado con total justicia.

Nigeria: Alampasu, Muhammed, Idowu, Bello, Okon, Nwakali, Abubakar, Alfa (Ezeh); Iheanacho, Yahaya, Awoniyi

México: Gudiño; Erick Aguirre, Terán, Wbias, Osvaldo Rodríguez; Ulises Rivas, Govea (E. Hernández); Iván Ochoa, Jaimes, L. Hernández (Tovar); Alejandro Díaz

Goles: 1-0 Erick Aguirre (gol en propia meta) (min.9), 2-0 Iheanacho (min.56), 3-0 Muhammed (min.81)


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