Javier Gómez Noya – “Los Juegos que cambiaron mi vida”




 Continuamos con el desfile de estrellas para celebrar nuestro primer aniversario. Esta noche os dejamos con las vivencias de un deportista que lleva muchos años en la élite de su deporte, el triatlón. Tras el disgusto de Pekín 2008 de no conseguir medalla cuando era favorito sí la consiguió en Londres el pasado verano. Aquí os dejamos con el artículo personal de Javier Gómez Noya sobre…

…”Los Juegos que cambiaron mi vida”

Javier Gomez NoyaNo hay duda que los JJOO es el evento deportivo por excelencia, con una grandeza y repercusión que trasciende mucho más allá del mundo del deporte.  Durante tres semanas, el mundo entero, gente más o menos aficionada al deporte, está pendiente de las diferentes competiciones lo que, para deportes minoritarios principalmente, se convierte en el gran escaparate y su exposición al mundo entero.

Como deportista que ha competido en dos (Beijing 2008 y Londres 2012) he podido constatar esta grandeza y ver lo que mueve semejante monstruo, pero desde el plano deportivo diría que los JJOO son complicados. Complicados por una razón obvia, compites contra los mejores del mundo, en su mejor estado de forma. Es la competición que todo el mundo quiere ganar. Pero también complicados porque la presión es superior a la de cualquier otra carrera. Complicados por lo difícil que resulta moverse y entrenar como te gustaría entre tantos controles de seguridad y una ciudad saturada de gente. Y complicados porque a lo largo de la vida deportiva de un atleta no hay muchas oportunidades, no se puede fallar.

El 7 de Agosto, día de mi competición, me desperté especialmente tranquilo. Estaba confiado. Tenía un trabajo que hacer y estaba preparado para dar mi 100% y sufrir más que ningún otro día. El salir 3 horas antes de la carrera a calentar a las inmediaciones de Hyde Park y ver que había ya tanta gente me hizo pensar que se debía estar disputando otro evento antes que el nuestro, pero rápidamente me di cuenta de que la gente ocupaba ya las primeras filas en todo el circuito y estaban ahí por el triatlón. Sin duda iba a ser algo grande. Cuando por fin estamos en el pontón de salida dispuestos a iniciar la batalla, el griterío y la cantidad de gente que se veía por todas partes era algo que jamás había vivido antes. Ante esa situación tienes dos opciones: crecerte o venirte abajo. Te puede afectar positiva o negativamente. Y desgraciadamente no es algo que se escoja en el momento. Es algo que se trabaja y para lo que uno se tiene que preparar antes. Afortunadamente mi cabeza optó por la primera. La estampa de Hyde Park a rebosar nos hacía indicar que no era una carrera normal y había que estar dispuesto a afrontar el reto.

Sin embargo el camino que me llevó a esa medalla no comenzó en ese momento. Comenzó 4 años antes, cuando me encontraba solo, sentado en una silla con el mono de competición y las gafas todavía puestas, destrozado física y mentalmente. En un recinto en el que sólo pueden estar atletas y del que no quería salir, tras acabar la competición de triatlón de Beijing 2008 y quedar cuarto después de un final agónico. Ese año, igual que los dos anteriores había dominado el triatlón mundial con bastante autoridad. Era campeón del mundo, de Europa, de España. Llevaba 12 copas del mundo ganadas y tenía 25 años. Era el favorito indiscutible en Pekín y lo asumía. Pero eso no es suficiente para ganar unos JJOO. Los últimos meses quise seguir mejorando, entrenar más fuerte, más duro, más horas… Ese fue el primer error. Ese trabajo en 2008 me llevó a estar muy bien demasiado pronto pero dos meses antes de los JJOO comenzaron los problemas. Una tendinitis aquilea que desembocó en una fractura por estrés en el calcáneo. Los dos últimos meses fueron durísimos. Me levantaba de la cama por las mañanas cojo completamente. Con ayuda de fisioterapeutas y los vendajes correspondientes conseguía correr a duras penas, aunque sin poder entrenar como debería y siempre con dolor. Pero estábamos demasiado cerca de la competición y ya era demasiado tarde para parar. Además del grave impedimento físico, a nivel mental fue muy duro también. Tenía mucha presión, todo el mundo me “exigía” ganar esa carrera y solo yo y mi entorno más cercano conocíamos el problema que había. Aún así, di todo lo que tenía ese día, hice lo que pude. Pero eso no es suficiente para lograr la gloria olímpica.

Me costó mucho recuperarme después de esa competición, tanto mi maltrecho tendón como anímicamente, y olvidarme de las duras críticas a las que fui sometido. Pero una vez digerido todo eso, me centré en el trabajo de nuevo con una importante lección aprendida. Más madurez, más tranquilidad y entrenando de forma más eficiente, aprendiendo de los errores cometidos. Y ahí estuvo el punto clave que me llevo al éxito en Londres. Muchos meses de duro e inteligente trabajo que me llevaron a hacer posiblemente la mejor carrera de mi vida. Supe lidiar con la presión previa a la carrera y aislarme un poco para centrarme solo en mi mundo, sin preocuparme por la prensa, por las exigencias de patrocinadores, federaciones, amigos, compañeros. Elegir de forma sabia las competiciones de preparación previas, menos que antes de Pekín y tratar de ofrecer de estar forma mi mejor rendimiento el día que tenía que hacerlo…  Un rendimiento que me sirvió para alcanzar la medalla de plata, pero que en Pekín me habría llevado a ganar el oro con más de un minuto de ventaja al segundo. Pero eso tienen de especial también los JJOO. Tienes solo una oportunidad cada cuatro años, tienes que ser capaz de canalizar miles de horas de entrenamiento, de preparación mental, táctica, técnica…. En menos de dos horas. Sacar todo lo que has aprendido y dar tu mejor nivel en el momento adecuado, cuando la carrera así te lo indica.

Conseguir esa tan ansiada medalla es, sobre todo, un premio al trabajo y dedicación. Pero también un respiro y una losa que te quitas de encima. Pero, ¿qué se aprende de ello? Poco, sinceramente. Donde realmente aprendí fue en Pekín y ese aprendizaje lo puse en práctica los siguientes 4 años. En general, siempre he aprendido mucho más en las derrotas o en los momentos duros que en las victorias. También me preguntan muy a menudo cómo ha cambiado mi vida esta medalla.  Pues además de los beneficios obvios en cuanto a patrocinadores, becas, prestigio… que sin duda es algo muy importante en un deportista profesional, a estas alturas, después de unos 10 años en la élite una medalla no la cambiará en absoluto por el hecho de tener una medalla olímpica, ya que considero que ha llegado en el momento justo, ni muy pronto ni muy tarde. Con la madurez necesaria como para no perder el norte y mantenerme con los pies en el suelo.  Sí que cambió mi vida cuando tuve que afrontar momentos duros, momentos complicados que me obligaron a tomar decisiones importantes que fueron guiando mi camino a seguir y, en definitiva, construyendo mi futuro. Mi vida ha ido cambiando durante el largo y duro camino a esa medalla olímpica, pero no el hecho de haberla conseguido finalmente. Este éxito concreto en Londres lo único que ha conseguido es motivarme para seguir luchando y trabajar con el objetivo estar en Río 2016 y vivir de nuevo en primera persona la competición deportiva más grande. Además, sólo veo una manera de superar mi actuación en Londres: lograr el oro.

Javier Gómez Noya (@Jgomeznoya)

Medalla de plata en Londres 2012 en triatlón


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