Tercera cita olímpica sin presencia en Saltos de Obstáculos




El momento actual que vive la hípica española no es precisamente el mejor. En Saltos, España se ha quedado fuera de unos Juegos Olímpicos por tercera vez consecutiva y desde Sidney’2000 no estamos presentes.

Esta vez, sin embargo, se ha desperdiciado una gran ocasión, ya que España organizaba en casa el Campeonato de Europa en el Club de Campo de Madrid, última oportunidad de clasificarse para Londres 2012.

No voy a ser yo quien cuestione la elección del equipo nacional para ese evento que realizó el capitán Marco Fusté, pero convendrán los lectores conmigo que para mi fue un auténtico lujo narrar la prueba teniendo al lado comentaristas como Sergio Álvarez Moya, número uno del ranking nacional,  y Chus Garmendia, el número dos.

Este deporte tan maravilloso, depende de factores que a veces no se pueden controlar, como por ejemplo el estado de salud del caballo o yegua que montan jinetes y amazonas o el estado de forma del mismo. Por eso se llama binomio. Una inoportuna lesión o el haber salido de ella y llevar poco tiempo entrenando son hándicaps importantes, porque si te falla el coche lo cambias o lo reparas, pero aquí no es así.

Más allá de este hecho, hablamos de un deporte que tiene también variables difícilmente controlables. Los jinetes y amazonas están a expensas de si el caballo o la yegua les pertenecen a su cuadra o la montan para un propietario. En ambos casos, están sujetos al mercado, a la ley de la oferta y la demanda y a ver como el dinero interviene a la hora de comprar o vender un ejemplar y hacer negocio.

Replantear el modelo

España, por desgracia, no es un país de cría, como lo son Alemania, Holanda, Bélgica, Francia, Irlanda o Suecia, entre otros. Ese es el problema, aunque en el caso que nos ocupa no seria el principal ya que la falta de cría se suple con la compra o bien acudiendo a la cobertura de yeguas por parte de sementales con un buen origen.

Ante este hecho, nos consta que la Real Federación Hípica Española puso en práctica un sistema de primas a los propietarios para favorecer la compra de caballos o yeguas con potencial para poder ganar competiciones, pero tampoco ha acabado de cuajar.

Entre otras razones porque en España no hay un multimillonario como Alexander Onyshenko dispuesto a poner a Ucrania en el mapa a costa de nacionalizar jinetes de otras Federaciones como Bélgica o Alemania que difícilmente hubieran sido olímpicos con su país de origen. Aquí, ahora mismo, es impensable.

Y si lo hay, como es el caso del gallego Amancio Ortega, pone en práctica otro modelo. Construye Casas Novas, un Centro Hípico en Larín, donde tiene su propia cuadra al servicio de su hija Marta, amazona que aún no ha obtenido un éxito destacable en su carrera deportiva y que presta sus caballos al asturiano Sergio Alvarez Moya, su esposo desde el pasado 18 de febrero.

Otro fórmula es la de contratar a un seleccionador nacional de reconocido prestigio. Países en una situación parecida a la de España, como es el caso de Italia, recurrieron a la experiencia de todo un veterano campeón, como el suizo Markus Fuchs. Sin embargo, pese a la mejora, tampoco alcanzaron el objetivo.

Por consiguiente, despejada la duda, queda replantear el modelo. ¿Hacia dónde vamos? Y en ese sentido, obra decir que España tiene potencial con gente muy experimentada en grandes eventos y otros que empujan fuerte y ya saben lo que es ganar en categorías inferiores. Quedan cuatro años por delante hasta los Juegos Olímpicos de Río en 2016 y es tiempo más que suficiente para que se replantee la solución y se le ponga remedio. 


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