Pescara como génesis del éxito ‘azzurrini’




Corría el verano de 2011 y algo se estaba gestando en la división de plata del fútbol italiano. Tras recuperar parte del prestigio perdido en su amada Foggia, Zeman llegaba a Pescara para intentar hacer crecer a un club que se encaminaba a la segunda década lejos de los estadios de Serie A. Demonizado por sus polémicas declaraciones acerca del dopaje en la década de los noventa, el técnico checo regresó al sur de Italia para tratar de reconquistar el prestigio que en su día le fue otorgado por revolucionar el calcio. Estigmatizado por sus detractores como eterno perdedor, a Zeman nunca le ha importado ir a contracorriente. Amante ferviente del fútbol ofensivo en el país en el que la parcela defensiva adquiere una importancia capital, siempre ha sentido especial predilección por futbolistas caracterizados por su dinamismo.

Mentor de talentos como Beppe Signori o Francesco Totti, el veterano entrenador se encontró con otro fantasista en su vuelta a la región de Apulia. Con pocas opciones de seguir progresando en la primera plantilla de su idolatrado Napoli, Lorenzo Insigne hizo las maletas rumbo al Stadio Pina Zaccheria para dar el salto al profesionalismo sin perder continuidad en su rendimiento. Trequartista por naturaleza, encontró su ubicación en el costado izquierdo del innegociable 4-3-3 utilizado por Zeman. Con la banda como mero punto de partida, su dinamismo derivado de su voluntad participativa le empujaba a posiciones centrales. Un movimiento común, pero no por ello difícil de defender por la velocidad a la que lo ejecuta. Ágil en los apoyos y explosivo en la arrancada, el descaro es el primer mandamiento de su juego. Bullicio puro acompañado de olfato goleador, destrozó semana tras semana a las defensas de la categoría de bronce del fútbol italiano y decidió seguir ligado a su maestro la siguiente campaña.

La costa adriática les esperaba y pronto se granjearon el cariño de los tifosi del delfino. Ambos mostraron su estilo osado, una bocanada de aire fresco para un campeonato conservador como el italiano, para impresionar desde las primeras jornadas. A medida que avanzaba el campeonato todos comentaban entusiasmados la irrupción de otro talento imberbe. Era Marco Verratti, la joya de la cantera del club, que progresaba a pasos agigantados. Mediapunta virtuoso en lo técnico hasta llegar al escalafón profesional, Di Francesco le probó como mediocentro y Zeman le consolidó como regista puro. Reubicado en la base de la jugada, Marco explotó su amplio abanico de pases y esa innata capacidad didáctica que impregna su juego. Esa es la cualidad que sobresale en su transitar sobre el rectángulo de juego. Juega y hace jugar, explotando las virtudes de los que le rodean y asumiendo el timón de su conjunto.

Casi dos décadas después, el Pescara logró el anhelado retorno a la élite del fútbol italiano como conjunto más anotador de la competición pero situado también en las primeras posiciones de la clasificación de goles encajados. Los partidos en

Verratti, al igual que en esta sub-21, era el cerebro de ese exitoso Pescara

Verratti, al igual que en esta sub-21, era el cerebro de ese exitoso Pescara

el Stadio Adriatico se convertían en una especie de ruleta rusa y en esa espiral frenética de intercambio de golpes se generó un complicado caldo de cultivo para la madurez de Verratti. Acostumbrado a deambular en las cercanías del área rival, aprendió a establecerse en campo propio progresando en el apartado táctico para desarticular el caudal ofensivo adversario a base de acierto en el tackle e inteligencia para exprimir su buen desplazamiento lateral. Impetuoso en la presión, sus errores sin balón eran holgadamente compensados por su capacidad para lanzar el ataque desde los aledaños de la zona de influencia de sus zagueros. Excelso en la recepción, inteligente en la lectura de juego y minucioso en el pase, fue el director de una orquesta que fue desmantelada nada más finalizar la campaña.

Insigne era el virtuoso solista del saxofón, Verratti el encargado de solfear la partitura e Immobile el percusionista estruendoso que hacía bailar a los aficionados con su algarabía goleadora. Veintiocho dianas para certificar un vistoso ascenso. Un éxito que supuso el trampolín en la carrera de los tres jóvenes que formaban la columna vertebral del delfino. Insigne regresó a Nápoles, Immobile hizo las maletas rumbo a Génova y Verratti fue reclutado por Leonardo para sostener desde la medular el ambicioso proyecto del Paris Saint Germain. Ahora, el triángulo que tantas tardes glorias dejó en el Stadio Adriático ha vuelto a coincidir para liderar a los azzurrini hacia su sexto título continental en categoría sub-21. Mangia les unió de nuevo y espera dar fruto a la semilla que Zeman plantó en Pescara. Para que eso ocurra, su conexión deberá reeditarse en Jerusalén.


Deja un Comentario