México no defrauda




México fue el único combinado que supo imponer su vitola de favorito, superando las expectativas al conquistar una histórica medalla de oro. Con un rendimiento in crescendo y una sólida organización defensiva que les convirtió en uno de los conjuntos menos goleados de la competición, los aztecas superaron a todos sus rivales demostrando la fortaleza del colectivo. Las importantes bajas de Chicharito, Carlos Vela, Jonathan Dos Santos o David Cabrera no supusieron ningún quebradero de cabeza para Luis Fernando Tena, que decidió seguir confiando en el bloque que ya había triunfado en los Juegos Panamericanos, el Preolímpico CONCACAF y el Festival Esperanzas de Toulon. La experiencia europea de Salcido y Giovani Dos Santos otorgaron ese plus de competitividad necesario para decantar encuentros que se complicaron como los duelos frente a Senegal y Japón. Wembley coronó a una selección bien trabajada, con mucho empaque e individualidades destacadas al servicio de sus compañeros como Marco Fabián, Hiram Mier o Diego Reyes.

La plata fue para Brasil. Nunca una presea de ese material fue tan amarga. Las esperanzas depositadas en el grupo dirigido por Mano Menezes eran de una magnitud ingente. Que dieciséis de los dieciocho presentes en territorio británico configuren la última convocatoria de la selección absoluta habla alto y claro acerca del potencial del conjunto que cayó ante México en la final. El Torneo Olímpico era una prueba de fuego para una gran generación obligada a recuperar el prestigio de la canarinha en el Mundial de 2014 que albergarán en su propio país. Y desde luego que no la superaron. Siempre dependientes de las individualidades y sin brillantez en el juego colectivo, los brasileños fiaron todo a un demoledor acierto de cara a puerta que les abandonó el momento en el que más lo necesitaban, obligándoles a hincar la rodilla ante un conjunto que les doblegó desde los primeros segundos.

En el capítulo de decepciones fue España quien asumió el papel protagonista. Soñando batirse en duelo por el oro contra Brasil desde el sorteo de grupos, la final para los pupilos de Milla llegó mucho antes tras caer con justicia en el debut frente a Japón. Lo que se presuponía un trámite sencillo frente a Honduras se convirtió entonces en un duelo a vida o muerte en el que la ansiedad y la falta de puntería enviaron al conjunto español al pozo de la eliminación. El intrascendente duelo ante Marruecos sirvió para confirmar la vergonzosa imagen ofrecida. Un equipo plano, sin profundidad, con ritmo tedioso en la circulación e ínfima intensidad a la hora de recuperar el cuero. Una selección irreconocible, una caricatura del conjunto que se proclamó  campeón de Europa sub-21 hace poco más de un año.

Tampoco pudo repetir los éxitos recientes de la selección absoluta Uruguay. Tabárez formó una dupla atacante de altísimo nivel al convocar a Cavani y Luis Suárez e incluso reclutó a Arévalo Ríos, uno de sus soldados fetiches. Sin embargo nunca pudo formar un equipo en el sentido más amplio del término. La celeste mostró su descompensación desde el minuto inicial de su duelo frente a Emiratos Árabes Unidos. Defendió con poca organización y atacó a oleadas, obviando las transiciones en la medular ante la falta de un centrocampista que pudiese aportar un punto de cordura al juego ofensivo. Vencieron con apuros su primer duelo, pero la derrota frente a Senegal y la posterior ante Gran Bretaña les obligó a hacer las maletas antes de los cuartos de final. Una ronda que vio la caída del combinado anfitrión, golpeado duramente, una vez más, por la maldición de los once metros.

Tras México y Brasil, el podio lo completó Corea del Sur. Los surcoreanos fueron una de las sorpresas agradables del torneo y con su victoria en la lucha por el bronce demostraron que están caminando por el sendero adecuado para reducir las distancias con Japón. Una selección nipona que fue la gran destacada de la fase de grupos, refrendando esas buenas sensaciones con una contundente victoria sobre Egipto en cuartos de final, pero que se mostró dubitativa en los momentos decisivos como denotaron sus errores pueriles en la semifinal frente a México. Lejos de resignarse a cumplir con el papel de ‘cenicienta’, las debutantes Honduras y Senegal  superaron la fase de grupos para poner en serios aprietos a los finalistas en la primera ronda a cara o cruz, demostrando que en esta competición todo puede suceder.


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