Kolovos decide sobre la bocina un choque bipolar




Tras una lenta primera mitad, ambos conjuntos se desataron en los minutos finales

México mereció más pero pagó cara su falta de pegada

Stafylidis, capitán griego, fue clave abortando varias ocasiones de gol mexicanas

Stafylidis, capitán griego, fue clave abortando varias ocasiones de gol mexicanas

En un duelo roto durante los instantes finales, Grecia logró sus primeros puntos al exprimir su pegada ante un combinado mexicano que solamente estuvo cómodo cuando los jóvenes griegos concedieron espacios para que sus mejores jugadores desplegaran su potencial. La puesta en escena dejó patente la confrontación de estilos. Los pupilos de Tsanas se mostraron como un conjunto rocoso, al que no le importa ceder la iniciativa en el juego a su rival. Así, las primeras situaciones de peligro producidas tenían el sello de los discípulos de Almaguer. La ocasión más clara llegó en un saque de esquina ensayado. Espericueta conectó con Luna, situado en el vértice izquierdo del área, y su disparo envenenado tras tocar en un jugador griego fue despejado en un alarde de reflejos por Kapino. El guardameta no pudo evitar que el balón se quedase sin dueño en la zona de castigo y fue cabeceado por Briseño pero Stafylidis evitó el gol bajo palos.

Los helenos, lejos de amilanarse por el susto, demostraron a renglón seguido que en su libreto futbolístico está subrayado la palabra pegada. Diamantakos se hizo fuerte en el corazón del área, cayó al lado izquierdo arrastrando a su marcador y envió el cuero al punto de penalti para que Bouchalakis lo alojase al fondo de la portería mexicana. El atacante del Olimpiakos demostró en esa jugada su buen juego de espalda y su facilidad para atacar con potencia los pasillos laterales, condiciones claves en el delantero idóneo para la concepción de juego defendida por Tsanas. El tanto noqueó a los aztecas, que no fueron capaces de imprimir un ritmo alto a la circulación. Los ordenados griegos continuaron los pasos de su libro de ruta, repliegue intensivo con las opciones de contragolpe que aseguraban el estajanovista Diamantakos y el escurridizo Gianniotas.

Con Espericueta, arquitecto azteca, poco implicado en labores constructivas, a los griegos no les costó ralentizar el ritmo de encuentro y moldear a su antojo el curso de una primera mitad en la que siempre estuvieron más cómodos que su adversario. Solamente un enroscado servicio de Luna desde el costado diestro supuso una amenaza para el marco defendido por Kapino. La ocasión, una curva en la larga recta que se había convertido el primer acto, fue el preludio del empate azteca. México tiene talento y recurrió a él para igualar la contienda. Espericueta, poco acertado hasta entonces, sacó a relucir el brillo de su zurda para ejecutar magistralmente un libre directo y hacer estéril la estirada de Kapino.

La segunda mitad borró todos los papeles predefinidos y no entendió de roles, convirtiéndose en un choque abierto de dominio alterno. Tras unos minutos en los que México se reactivó y Grecia apeló a su directriz de repliegue y contragolpe, el duelo ingresó en una dinámica marcada por la incapacidad de unos y otros por someter a su rival. Grecia abrió las hostilidades en una rápida transición. Diamantakos se plantó mano a mano frente a Richard Sánchez, pero la doble intervención del guardameta del Dallas evitó que la igualdad se quebrase. Con el paso de los minutos el cansancio y las altas temperaturas hicieron mella y la distancia entre líneas fue aumentado. El contexto era propicio para que jugadores con facilidad para el desequilibrio como Corona y Gianniotas generasen peligro desde el plano individual.

Tras unos minutos de despliegue griego, los mexicanos dispusieron de las mejores oportunidades para hacer el segundo tanto. Bueno cabeceó desviado un buen servicio de Corona y en la siguiente jugada de peligro fue el menudo atacante de Monterrey el que incomprensiblemente cabeceó por encima de la portería un centro de Raúl López, que le había situado en posición inmejorable después de que Kapino midiese mal su salida. Según se acercaba el desenlace Corona incrementó su participación. El ‘10’ conectó con Bueno, que se deshizo de su marcador con un quiebro seco, pero su derechazo se topó con la pierna de un sobrio Kapino. Cuando las tablas parecían definitivas apareció Kolovos. Recogió un balón en la frontal del área, giró sobre su propio eje para eludir la vigilancia de Briseño y se sacó un potente zurdazo  directo a la escuadra de la meta azteca. Aún hubo tiempo para que México tuviese la oportunidad de rescatar un punto, pero Stafylidis reaccionó con celeridad para salvar la victoria griega.

México: R. Sánchez; Abella, Briseño, Marín, Hernández; Treviño (Van Rankin), Espericueta; Luna (R. López), Corona, Escoboza (A. González); Bueno

Grecia: Kapino; Konstantinidis,Triantafyllopoulos, Bougaidis, Stafylidis; Kolovos, Kourmpelis, Ballas, Gianniotas (Lykogiannis); Bouchalakis (Fourlanos); Diamantakos (Ranos)

Goles: 0-1 Bouchalakis (min.16), 1-1 Espericueta (min.60), 1-2 Kolovos (min.88)


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