Colombia es el nuevo rey juvenil de Sudamérica




Al ritmo de Quintero, Colombia se coronó campeona. Argentina y Brasil monopolizaron la atención mediática por su fracaso durante la primera fase, incluso Chile acaparó elogios por el extraordinario rendimiento de sus atacantes, pero los ‘cafeteros’ supieron aprovechar sus oportunidades mostrando una solidez que fue in crescendo de la mano de su futbolista más talentoso, asimismo el jugador más destacado de la competición. En el tramo decisivo, la nota dominante fue el alto grado de competitividad, propiciada por la prematura eliminación de los dos colosos del continente que igualaron sobremanera el nivel colectivo de los seis supervivientes en el hexagonal final. Y ahí fue donde se impulsó Colombia, con una sólida defensa encabezada por su guardameta Bonilla y una medular imaginativa que surtió de numerosísimas ocasiones de gol para unos arietes que supieron aportar su granito de arena en el apartado anotador.

Colombia se proclamó campeona del Sudamericano sub-20 tras derrotar a Paraguay. Foto: Reuters

Colombia se proclamó campeona del Sudamericano sub-20 tras derrotar a Paraguay.

La segunda línea colombiana fue la clave para superar en la carrera de fondo a una correosa selección paraguaya que se proclamó subcampeona. Nieto y Quintero fueron el desequilibrio y la pausa, la asistencia y el gol, los pilares ornamentales que permitieron anexionar a un ambicioso conjunto colombiano. Una ambición competitiva inherente a los guaranís, guerreros innatos que mostraron una disciplina espartana aderezada por un bullicioso Derlis González que puso en jaque a todos los entramados defensivos a los que se enfrentó. Él fue el faro de un combinado albirrojo que se empezó a sustentar por la sobriedad de Diego Morel, uno de los guardametas más solventes de la franja de edad de su continente. Con esos dos protagonistas, la corpulencia de Ceciclio Domínguez como recurso de desahogo y las internadas por el carril izquierdo del lateral Jorge Balbuena, Paraguay saboreó las mieles del éxito pero no fue capaz de asestar el golpe final para alzarse con el título.

A los pupilos de Genés les queda el consuelo de sellar su boleto para el Mundial sub-20 de este verano, una recompensa que también han obtenido Uruguay y Chile. Los charrúas se mostraron como un combinado compacto, con la columna vertebral de la selección sub-17 que se proclamó subcampeona en México hace menos de dos años. La habilidad y los goles de Nico López, el criterio en la distribución de Cristóforo y el dinamismo de Laxalt, amén de una férrea zaga donde destacó el lateral diestro Guillermo Varela, fueron los principales avales de una selección que apuró hasta las últimas jornadas sus opciones al título, del que se despidió tras estrellarse ante el orden paraguayo. Para los jóvenes charrúas, más allá de los resultados colectivos, la competición supuso un espaldarazo para sus trayectorias deportivas. Así lo refleja la llegada del vertical Diego Rolán al fútbol francés y el futuro desembarco de Laxalt en el Inter de Milán.

Distinto fue el caso de Chile, que siguió un evidente rumbo de más a menos. Comenzó con un pleno de victorias en la fase de grupos para luego desinflarse en el Hexagonal final, acusando el cansancio y las numerosas expulsiones que sufrió por el estilo aguerrido de sus integrantes. Capitaneados en la retaguardia por el elegante Lichnovsky, el creativo Sebastián Martínez fue el nexo de unión entre el doble pivote y uno de los ataques más prometedores del certamen. Nicolas Castillo fue la punta de la lanza chilena y el ‘nueve’ más destacado de todos los participantes, exhibiendo un amplio abanico de recursos técnicos y físicos que le auguran un brillante porvenir. Por detrás de él, tres diablillos. Rubio se resarció de su escaso protagonismo con su club en Lisboa y escorado a la banda derecha, lejos de su radio de acción habitual, ayudó a liberar a sus compañeros de vanguardia. En el flanco contrario aparecía Cuevas, enérgico, incisivo y con osadía en el desborde. Entre ambos, el talento de Bryan Rabello. El sevillista fue el gran protagonista del ataque de su selección. Habilidoso, con salida por ambos perfiles y muy participativo. Su actuación, junto con la de Castillo, provocó que los hinchas de su país no echasen en falta a su artillero más maduro, Ángelo Henríquez, ausente ante su reciente cesión al Wigan por petición de Alex Ferguson. Esos fueron los principales argumentos ofensivos de una selección que selló su billete para el Mundial de la categoría que se disputará este verano en Turquía  en el último encuentro frente a un combinado peruano que dio varias alegrías al público neutral con su estilo de juego ofensivo.

LOS PROTAGONISTAS

Ya sea de los principales clubes del continente o de conjuntos europeos que buscan talento puro a bajo coste, los ojeadores siempre siguen con lupa el Sudamericano sub-20 y los presentes en esta edición recién finalizada no se habrán ido con sus libretas sin estrenar. Individualmente esta competición ha tenido de todo, desde fracasos absolutos por las altas expectativas previas hasta consolidaciones de jugadores que ya habían dejado destellos de su valía en sus respectivos clubes, sin olvidar a los ‘debutantes’ en el primer nivel competitivo que sorprendieron a propios y extraños por su elevado rendimiento. Estos fueron los 11 destacados:

Bonilla (Colombia): ya había disputado el pasado Mundial sub-20 y por lo visto en esta competición adquirió buenas enseñanzas de aquella experiencia. Guardameta de gran presencia física no exento de agilidad y personalidad, facultades que exprime en el uno contra uno. Siempre atento y ágil para llegar a palos, demostró dotes de manda y jerarquía para liderar a su línea de zagueros.

Guillermo Varela (Uruguay): lateral diestro luchador y siempre predispuesto para buscar la pugna física con su par, confiado en su capacidad para salir victorioso de los duelos individuales. No es un dechado técnico pero su voluntad colectiva y su fondo físico le permiten aportar profundidad a los ataques de su equipo sin generar desequilibrios tácticos en la defensa zonal.

Lichnovsky (Chile): sus experiencias con la primera plantilla de la Universidad de Chile le permitieron afrontar con mayor holgura este torneo. Dotado de una buena estructura física, interpreta bien el juego y frena a su marcado sin necesidad de recurrir a la agresividad, además de atesorar los fundamentos tácticos necesarios para ofrecer una aseada salida de balón.

Balanta (Colombia): imponente por su planta física, además de su corpulencia demostró automatismos defensivos que de ser potenciados le pueden hacer dar el salto al continente europeo en un futuro no muy lejano. Pese a las carencias de velocidad derivadas de su envergadura no sufre en exceso cuando abandona su radio de acción habitual. Formó una gran pareja con Vergara en el eje de la zaga.

Balbuena (Paraguay): era una de las pocas excepciones ofensivas dentro de un poblado y contundente entramado defensivo paraguayo. Lateral izquierdo de delicado toque de balón que se erigió en uno de los mejores socios para el poderío aéreo de su compañero Cecilio Domínguez. Enérgico en sus acciones, demostró versatilidad para adaptarse a los dibujos tácticos de su seleccionador.

Guarderas (Perú): sus problemas físicos en algunos partidos del Hexagonal final le relegaron a la suplencia, pero a grandes rasgos fue el motor de una sorprendente selección peruana que se quedó a las puertas del Mundial. Le da pausa a los partidos porque no se siente cómodo en la exigencia física, demuestra criterio en la distribución y buenos fundamentos tácticos para aportar colectivamente sin balón.

Cristóforo: a pesar de algunos partidos de rendimiento discreto, demostró ser el mediocentro con más oficio de la competición. Con capacidad para dirigir el juego ofensivo de su selección, bien dotado a nivel técnico e inteligente a la hora de seleccionar los pases adecuados. Con recorrido para sumarse al ataque y batir líneas de presión, su avanzada interpretación del juego le permite aportar en el repliegue.

Rabello (Chile): el protagonista de la mayoría de acciones ofensivas de su combinado. Habilidoso, rápido, participativo y con un carácter peculiar que en ocasiones le juega malas pasadas. Atesora un golpeo de balón que explota en las jugadas de estrategia, su dinamismo le permite generar numerosas recepciones ventajosas cerca del área rival y conduce bien el cuero en los contragolpes.

Quintero (Colombia): el futbolista más destacado de todos cuantos participaron. Talentoso y dinámico, su educado pie izquierdo y su extraordinaria lectura de juego le permiten generar ocasiones de gol con relativa facilidad. Ya sea cerca del área rival o lejos de ella, siempre suma en los ataques posicionales de su equipo. Puede batir líneas con su conducción y elimina rivales con su mordaz regate corto. Una estrella en ciernes.

Nico López (Uruguay): solamente el acierto goleador de Quintero le impidió proclamarse máximo goleador de la competición. Capaz de rendir cerca de un costado o paralelo a un punta de referencia, es un atacante rápido, osado en su juego y vertical. Pícaro para moverse entre líneas, influye más allá de la zona de remate y ayuda a generar huecos en las zagas. Resolutivo con su pierna izquierda, fue de más a menos.

Nico Castillo (Chile): aprovechó la baja de Ángelo Henríquez para constituirse como punto de referencia en la vanguardia chilena. Excelentemente formado en el apartado físico, su contundencia en el remate no ensombrece su desempeño fuera del área de castigo. Desahoga a su equipo ganando los duelos aéreos, cae a bandas, saca provecho de sus controles para no obstaculizar el ritmo del ataque colectivo y su amplia variedad en la finalización de las jugadas le permite sorprender a los guardametas.


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