DÍA II. RESUMEN: Una catástrofe de sombra alargada




El inesperado fracaso de la selección del fútbol, derrotada ante Honduras, oculta un día positivo para los equipos. El judoca Uriarte rozó la primera medalla. Phelps ganó una plata en el relevo 4x100m libres, que perdió Lochte

España vivió el que, probablemente, se convierta en el mayor batacazo en estos Juegos. El fútbol, el deporte que más pasiones despierta y del que se esperaba un podio seguro, cayó en el segundo partido de la fase de grupos perdiendo todas las opciones de seguir en competición. El arbitraje, que birló dos claros penaltis y los palos penalizaron en los últimos minutos a una España que, sin embargo, fue incapaz de marcar un gol a dos rivales menores como Japón y Honduras y ofreció una pésima imagen durante partido y medio. Tampoco se entienden algunas decisiones técnicas, ni la actitud de los jóvenes futbolistas en la derrota, en un escenario que debería ser el cénit de la deportividad. La catástrofe futbolística, inesperada como ninguna otra, oscureció un día en el que España rindió a gran nivel por equipos. Ganaron el baloncesto, el waterpolo y el balonmano, este de forma más apurada ante el rival más exigente de los conjuntos, Serbia. Tampoco faltaron las victorias de las dos parejas de voley playa en sus primeros partidos ni las dos del equipo femenino de Match Race en vela.

Lejos de los conjuntos, el nombre del día fue el de Sugoi Uriarte. El vitoriano creó altas expectativas de lograr la primera medalla española, que estuvo tan cerca como levantar un banderín. Tras cinco rondas en la categoría de 66kg, en judo, favorecidas por un sorteo amable en las que demostró su dominio en el suelo ganando dos combates por ippon de inmovilización y cayendo sólo ante el húngaro Ungvari, el joven peleó hasta el final un igualado combate ante el coreano Cho. Ni en la prórroga se marcaron acciones. El árbitro tuvo que decidir por el siempre particular criterio de quién lo hizo mejor, y la suerte no favoreció a España. Peor estuvo Ana Carrascosa, descarrilando a la primera. El piragüismo slalom fue otra fuente de alegrías. Ander Elosegui y Samuel Hernanz avanzaron a semifinales entre los mejores.

Peores señales emitió la natación, con Aschwin Wildeboer como único semifinalista y lejos de repetir la final de Pekin en espalda. El relevo 4x100m libres vivió otra final de infarto, como ya va siendo costumbre en las citas olímpicas. Si hace cuatro años Lezak salvó el oro estadounidense tras una posta discreta de Phelps, esta vez el tiburón consiguió sacar ventaja a sus rivales. Lochte jugó el papel de antihéroe. En una prueba en la que no es especialista y fatigado por las pruebas que nadó antes, sucumbió en la última posta ante el francés Agnel. Otra conmoción americana fue la eliminación de la gimnasta Wieber, una de las favoritas, que no estará en la final del concurso completo. En este caso fueron sus dos compatriotas las que la dejaron sin plaza (hay un máximo de dos) pese a ser la cuarta mejor. No se libró de las lágrimas ni Wimbledon de la lluvia. Sólo David Ferrer pudo jugar y deshacerse fácilmente del canadiense Pospisil. Otro chaparrón cae sobre China, el de las medallas. En dos días ya suma once, de las que seis brillan como el oro. Mientras, España sigue esperando. No conviene una invasión de pesimismo por el desastre futbolístico. En Atenas y Pekin, sin la participación del balompié, la actuación fue buena y los podios llegaron a pares en la última semana.


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