El fuego olímpico ilumina la nieve y el hielo




CRÓNICA: La patinadora Rodnina y el jugador de hockey Tretiak encendieron el pebetero de los Juegos Olímpicos de Sochi, que inauguró Vladimir Putin en una ceremonia tan vistosa como monótona

Los 22º Juegos Olímpicos invernales de Sochi ya están en marcha, después de una ceremonia de tres horas en la que Vladimir Putin, presidente de Rusia y gran ideólogo de ellos, los declaró inaugurados en torno a las siete de la tarde -tres horas más en el estadio Fisht- en medio de un acto deslucido por la falta de importantes mandatarios internacionales y de personajes famosos que intervinieran. Sólo algunas de las mejores estrellas del deporte ruso se reunieron para el encendido de la antorcha olímpica, que hizo su entrada en el estadio de la mano de la tenista Maria Sharapova, pasó a las manos de la atleta Elena Isinbayeva, y volteó el estadio con el luchador Alexander Karelin y la gimnasta Alina Kabaeva. Del verano al invierno, el fuego terminó finalmente en dos leyendas de los deportes de hielo y nieve, la patinadora Irina Rodnina y el jugador de hockey hielo Vladislav Tretiak. Ambos fueron los últimos relevistas, siguiendo la nueva costumbre de encender el pebetero entre varios. Juntos salieron del estadio hacia una plaza vacía donde se realizarán las ceremonias de entrega de medallas. Al fondo lucía el pebetero, al que subió el fuego por una rampa desde un minúsculo minipebetero que contactó con la antorcha.

Rodnina y Tredjak encienden el pebetero. Foto de @EPHECTO

Rodnina y Tredjak encienden el pebetero. Foto de @EPHECTO

Pudo ser el momento más emocionante de una ceremonia trabajada, pero algo insípida y desordenada, que no resiste comparación con la última de Londres 2012. El espectáculo se empañó en los primeros minutos, cuando unas flores de luces elevadas sobre el estadio debían convertirse en los aros olímpicos encendidos, un elemento ya repetitivo en inauguraciones. Para desgracia de la organización, el aro superior derecho quedó sin abrirse. Era la parte de una breve introducción geográfica que recordó a la apertura de Atenas 04. Permanecieron las referencias a la extensa orografía rusa, del lago Baikal a los volcanes del Kamchatka.

A los quince minutos se detuvo la exhibición artística para que los atletas pudieran entrar ya en el estadio y no perderse el resto de la ceremonia. Como mandan los cánones, el tradicional desfile, despachado en una hora, lo abrió Grecia y lo cerró Rusia, que encerraron a 88 países, algunos con un sólo componente y mostraron desde los trajes más estrafalarios, como el de la inmensa delegación alemana, a los atletas más entusiastas, como el abanderado venezolano, sin olvidar a los jamaicanos, que en Juegos de invierno ya son sinónimo de bobsleigh. En el puesto 31 apareció España, una veintena con Javier Fernández a la cabeza, con chaqueta y corbata roja, pantalones negros y una boina muy americana. Las chicas, sólo cuatro y de amarillo, completaban la bandera nacional que recorrió transversalmente el estadio para dar la vuelta a la mitad del anillo después, mientras sobre el suelo se proyectaba el nombre y el mapa del país que desfilaba.

La delegación española. Foto del @COE

La delegación española. Foto del @COE

A la procesión le siguió la presentación de las mascotas, tres gigantes animales: una liebre, un leopardo y un oso blanco y la representación de la historia. Se inició colorida y circense representando la catedral de San Basilio de Moscú y viajó del siglo XVI en adelante incidiendo en la música tradicional del país, caminando del vals con Tchaikovski a la Rusia de los zares o la revolución industrial. Tras la Revolución Rusa, no se dudó en representar el comunismo que dominó el país durante gran parte del siglo XX, la creación de ciudades y la invención de nuevos medios de transporte. Los bailes, la representación marcial de un ejército perfectamente uniformado, la estética soviética, la entrada de maquinaria industrial que recordaba a Londres, todo parecía bien trabajado y, sin embargo, sin la capacidad de asombro de otras ceremonias de Juegos con menos presupuesto que los carísimos de Sochi.

Antes de la declaración de apertura de Juegos de Putin, en la parte más protocolaria se izó la bandera olímpica con la solemnidad del himno cantado por un coro y una solista rusa. El nuevo presidente de COI, Thomas Bach, se estrenó en una ceremonia agradeciendo a los habitantes de Sochi su paciencia y a los trabajadores de las instalaciones su colaboración “bajo unas circunstancias difíciles”. Fue el punto más llamativo de un discurso que incidió en los valores de paz, respeto y juego limpio que deben inspirar los Juegos y destacó la pasión de los rusos por los deportes invernales y su capacidad para levantar un complejo en tan sólo siete años.

Un momento artístico de la ceremonia. Foto de @TerraDeportesES

Un momento artístico de la ceremonia. Foto de @TerraDeportesES

Ruslan Zhakarov por parte de los deportistas, Vyacheslav Vedenin por la de los árbitros y Anastasia Popkova por el de los entrenadores juraron fidelidad a la Carta Olímpica con la mano en la bandera justo antes de que la ceremonia virará por última vez a lo artístico antes de la llegada del fuego olímpico. En una espectacular representación de las estrellas en el firmamento, con el estadio a oscuras, las luces crearon figuras de deportistas practicando las especialidades invernales en el aire. Tampoco faltaron patinadores que iluminaran el estadio como si volaran sobre el hielo. Sólo el importante detalle de los aros arruinó el espectáculo de una ceremonia demasiado encorsetada en la tradición, sin el dinamismo musical de Londres ni golpes de sorpresa. Para las emociones, el deporte llega mañana a Sochi.

@Ismael_Prz


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