El ciclismo añora a su mejor amante




Hoy, día de San Valentín, se cumple el noveno aniversario de la trágica muerte de un mito del ciclismo, Marco Pantani.
Pantani en 1997, con su habitual pañuela en la cabeza. Foto: Aldo Bozan (CC)

Pantani en 1997, con su habitual pañuela en la cabeza. Foto: Aldo Bozan (CC)

En el ciclismo ha habido muchos mitos y muchas historias exitosas pero fugaces. Marco Pantani ha sido uno de los pocos que logró alcanzar el triunfo y la fama rápidamente, y de la misma manera cayó hasta lo más bajo en el plano deportivo y personal. La historia de Marco, ídolo en Italia y para cualquier amante del ciclismo, es casi más apropiada para un thriller de terror que para la trayectoria deportiva de un ciclista.

Su pasión por la bicicleta apareció cuando era pequeño, y comenzó a ser inscrito en distintas carreras ciclistas cerca de Cesena, localidad natal de Marco. En cadetes, juveniles, amateur, etc. Pantani iba a las carreras, colocándose en la parte trasera del pelotón hasta que se acercaba una cuesta en la que, por pequeña que fuese, lanzaba un ataque que dejaba fuera de combate a todos sus rivales. Esto ocasionó que el equipo Carrera quisiera hacerse con sus servicios en 1992 y así dio el salto al profesionalismo con tan solo 22 años. Demostró ser un ciclista de nivel en el Giro de 1993, pero su primera gran demostración de poderío llegó un año después en su debut en el Tour de Francia donde Pantani, tras haber disputado también la corsa rosa esa misma temporada, logró subir al tercer cajón del podio en París.

Los tifossi italianos veían en Marco Pantani un nuevo ídolo ciclista al que adorar ya que los años de sequía de grandes campeones en Italia había sido muchos. Algunos le comparaban con el mítico Fausto Coppi, tal vez el mejor ciclista italiano de la historia, pero Pantani aun no había ganado nada. Il Pirata no disputaría en 1995 el Giro debido a un atropello que sufrió semanas antes del inicio de la carrera italiana mientras entrenaba, pero si lo haría en el Tour donde, a pesar de no repetir la gran clasificación del año anterior, logró vencer en dos etapas y se llevó el maillot blanco de mejor joven, acabando en décimotercera posición en la general. Ese mismo año se disputaba en Colombia el Campeonato del Mundo y la selección italiana contaba con él. Los “azzurros” decepcionaron en general, salvo la emergente figura del ciclismo italiano, Marco Pantani, que logró llevarse el bronce solo por detrás de los dos españoles, Olano e Induráin.

La carrera del ciclista trasalpino parecía que comenzaba a despegar pero la mala fortuna se cebó con él durante año y medio. En el otoño de 1995 estaba disputando la clásica Milán-Turín. En uno de los últimos descensos camino de meta, Il Pirata bajaba lanzado en busca de recortar distancia a la cabeza de carrera acompañado de otros dos ciclistas, pero un todoterreno apareció en la carretera procedente de un camino del monte, , truncando así la persecución de Pantani y algo más de un año de trayectoria deportiva. El diagnóstico de la lesión de Marco fue rotura de tibia y de fémur, lo que en principio le mantendría alejado del asfalto unos seis meses.

La recuperación se alargó más de lo previsto y le impidió al ciclista romañolo estar presente en los Mundiales de Lugano y defender el bronce en casa. Pese a este duro varapalo, Pantani tenía claro cuál era el objetivo: llegar presto al Giro del años siguiente, en el que buscaría con más ganas que nunca la maglia rosa. Llegó el día señalado, el día en que comenzaba el Giro de 1997 y Pantani partía como gran favorito, pero la suerte no estaba de su lado. En el descenso del puerto de Chiunzi un gato se cruza en el camino de Marco y le tira de la bicicleta, obligando a retirarse de la Corsa Rosa, carrera que ganaría su compatriota Gotti. Semanas después volvería a probar suerte en el Tour de Francia donde, a pesar de sus exhibiciones en la montaña, fue superado por un Jan Ullrich que midió mucho sus esfuerzo y supo calcular al milímetro cual era su superioridad en la contrarreloj para vencer al romañolo, que concluyó “La Grande Boucle” en tercera posición, al igual que en el año de su debut, 1994. En esa edición del Tour, Pantani logró la ascensión más rápida de la historia al mítico puerto de Alpe d’Huez, donde ganó por segunda vez (ya lo había hecho en 1995). Además, posee la segunda y la tercera ascensión más rápida, logradas en 1995 y 1994, respectivamente.

1998: Pantani se gana un hueco en la leyenda

Pantani ascendiendo el Alpe d'Huez en 1997, año en el que logró la ascensión más rápida de la historia a esta mítica cima. Foto: Hein Ciere (CC)

Pantani ascendiendo el Alpe d’Huez en 1997, año en el que logró la ascensión más rápida de la historia a esta mítica cima. Foto: Hein Ciere (CC)

Llegaba 1998, pero Pantani no se imaginaba que este iba a ser su gran año. El romañolo tenía entre ceja y ceja ganar el Giro, promesa que le había hecho a su abuelo, persona con la que tenía una gran relación y que había fallecido años antes. Su gran objetivo era la maglia rosa, pero no descartaba el Tour porque, aunque no le gustase tanto como la prueba italiana, la francesa era la más prestigiosa. En la corsa rosa se lució y, a pesar de no tener un recorrido muy apto para sus cualidades, con pocas escaladas, ‘Il Pirata’ sacó lo mejor de sí para ganar dos etapas y llevarse la maglia rosa, superando a dos buenos contrarrelojistas que se defendían (y de qué manera) en la montaña, como el suizo Alex Zülle y el ruso Pavel Tonkov.

De esta forma cumplió el sueño del Pantani niño, el momento con el que había soñado desde que su abuelo le compró su primera bicicleta. Pero el año del romañolo no acabó ahí. Después de pensarlo mucho decidió asistir al Tour sin mucho convencimiento de hacerlo bien pero, poco a poco, y gracias al apoyo de los tifossi que se desplazaron a suelo francés para empujar al buque insignia del ciclismo, incluso del deporte italiano, logró llegar vestido de amarillo a los Campos Elíseos. Para ello ganó dos etapas, una de ella de forma épica, atacando en Galibier y ganando la etapa en Grenoble-Les Deux Alpes con más de nueve minutos de diferencia sobre Ullrich, su gran enemigo. El alemán lo intentó de todas las maneras posibles en la etapa siguiente, con final en Albertville, pero la remontada resultó imposible y Pantani se convirtió en el primer italiano en ganar “La Grande Boucle” desde que lo hiciera Gimondi en 1965.

Este no fue un triunfo al uso, sino que fue muy notable, ya que el Tour estaba siendo dominado en los últimos años por grandes contrarrelojistas, como Induráin, Riis o Ullrich. La carrera francesa no era ganada por un escalador puro desde que el gran Perico Delgado llegase vestido de amarillo a París en 1988. No solo eso, Pantani se unía al selecto grupo de ciclistas que había ganado Giro y Tour en el mismo año, grupo en el que estaban corredores de la talla de Merckx, Gimondi, Hinault, Stephan Roche, Induráin, Coppi o Anquetil.

El comienzo del declive

Después de alcanzar la gloria, Marco Pantani se convirtió en un ídolo en Italia y más allá de sus fronteras. La publicidad, los aficionados, la prensa, etc. rodeaban al romañolo, que era más tímido de lo que parecía y la situación, como poco, le avergonzaba. Su cabeza estaba pensando en el Giro del año siguiente, en el que deseaba repetir el triunfo logrado esa misma temporada. Por lo tanto, el romañolo preparó a conciencia la corsa rosa, en la que dominó de cabo a rabo, ganando cuatro etapas en un recorrido hecho a su medida. Pero en Madonna de Campligio se le realizó un control sanguíneo y su nivel de hematocrito era superior a lo normal, por lo que se le suspendió, se le descalificó y no pudo ganar un Giro que tenía ya en el bolsillo. Marco y su entorno siempre han defendido su inocencia, alegando que nunca tomó EPO e incluso se llegó a sospechar de la manipulación de las pruebas para inculpar a Pantani.

No llegó a demostrarse nada, ni la culpabilidad de Marco, ya que se ha realizó un contraanálisis en el que dio negativo, ni la inocencia del italiano, pero lo que sí se materializó fue la sanción de 15 días al líder del Mercatone Uno y su descalificación del Giro. A pesar de todo este revuelo, la popularidad del italiano no decayó en estos primeros años después de su escándalo, ya que sus explosivos ataque animaban las carreras que solían ser más “sosas” cuando no había escaladores de la talla del romañolo.

Este fue el principio del fin de Il Pirata, que comenzó a sufrir períodos de depresión. Ese mismo año, en 1999, no quiso asistir al Tour y poco a poco sus círculos más cercanos descubrieron que estaba consumiendo cocaína, a la que se había vuelto un adicto. La espiral en la que se vio envuelto el romañolo fue insalvable para él ya que a la adicción a la cocaína se le sumaron problemas sentimentales con su pareja, que le quería más por interés que por otra cosa, y los continuos juicios por su caso de presunto dopaje hicieron polvo la salud mental del escalador de Cesena, que se refugió en las drogas como vía de escape de esa situación tan complicada por lo que estaba pasando.

El 14 de febrero de 2004, hace hoy exactamente 9 años, Marco Pantani apareció sin vida en la habitación del hotel, dos meses después de que otro gran escalador como el Chava Jiménez también apareciera muerto en Madrid. La teoría del suicidio ganaba enteros después de hallar en la habitación varios envases de medicamentos antidepresivos, pero la autopsia dio como causa del fallecimiento un paro cardíaco ocasionado por un edema pulmonar y cerebral. Un mes después de la defunción de Il Pirata salió a la luz la verdadera causa de la caída del mito: una sobredosis de cocaína.


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