Bronce y arcoiris difuminado




Valverde logra al sprint su tercer bronce consecutivo en un Mundial después de la huida de Kwiatkowski, que atacó antes de la última subida y aprovechó el enorme trabajo de Polonia para vestirse con el maillot arcoiris 

PONFERRADA. Otra vez con la miel en los labios. Ni la gran cita de casa coronó a Alejandro Valverde con el título más ansiado que falta a su amplia colección de clasicómano y notable ‘vueltero’, el de campeón del mundo. Sumó, eso sí, otra medalla, el tercer bronce consecutivo, y su sexta presea en un Mundial en la última década, que contempla otro bronce y otro par de platas. El murciano volvió a pisar el podio tras 255 km en los que España optó por un papel secundario hasta el final. Con un equipo construido para el trabajo a Valverde, sin más planes alternativos que Joaquim Rodríguez en un guión similar, el ‘nueve’ de Javier Mínguez se mantuvo desperdigado por el pelotón mientras el colombiano Carlos Julián Quintero, el ucraniano Oleksandr Polivoda, el croata Matija Kvasina y el lituano Zydrynas Savickas formaban la primera escapada consistente de la prueba, que llegó a tener bastante más de un cuarto de hora de ventaja, traducido a metros la mitad de una de las 14 vueltas de 18 kilómetros que formaban el recorrido de la final de fondo en carretera, que coronó a Michal Kwiatkowski, de 24 años, el polaco del Omega Pharma Quick-Step que sumó su primer gran triunfo absoluto tras ganar la Vuelta al Algarve y la Strade Bianche a principios de este año.

Kwiatkowski entra por delante de Gerrans y Valverde. Foto de Bryn Lennon

Kwiatkowski entra por delante de Gerrans y Valverde. Foto de Bryn Lennon

Cuando la escapada se desparramaba, aun no había llegado el mediodía a una Ponferrada bipolar, que pasó de la lluvia fina y el cielo nublado en la salida, al sol de justicia, al tiempo gris y a los chubascos indisimulados en el reparto de medallas. Asomaban los primeros rayos y Michal Kwiatkowski empezaba a cimentar su oro en equipo. Polonia en bloque, y esto incluye al después vencedor, dio una lección de estajanovismo. No dudó en poner a sus nueve hombres al frente del pelotón y empezar a echar arena, sin prisa pero sin pausa, sobre la aventura de los ‘outsiders’. Trabajaron de forma tan convencida y rotunda, que nadie les ofreció ayuda y a nadie se la pidieron. Mientras todos silbaban, como si los intereses fueran solo polacos, los de rojo y blanco abrieron la persecución vuelta tras vuelta durante más de tres horas en las que no faltaron los ánimos de los aficionados españoles, belgas, holandeses, italianos y nórdicos en los puntos claves del trazado.

Con el trabajo sucio hecho, Holanda primero e Italia después terminaron poniendo el broche al final de la aventura y fueron los ‘azzuri’ los que consiguieron hacer daño con la carrera reagrupada gracias a Fabio Aru y Giovanni Visconti. El británico Peter Kennaugh, el suizo Michael Albasini, el belga Tim Wellens y el danés Christopher Juul Jensen aguantaron su embestida, con Jesús Herrada y Joaquim Rodríguez, ligeramente por detrás, como única respuesta española. Al grupo se unieron después, y por un tiempo, el belga Sep Vanmarcke, el noruego Edvald Boasson-Hagen, el ruso Yuri Trofimov, el alemán Simon Geschke, el italiano Giampaolo Caruso y el español Dani Navarro. Faltaban 60km, la lluvia volvió a presentarse y la final vivió sus momentos más nerviosos. Aunque la diferencia nunca sobrepasó el medio minuto, los italianos desataron un juego de ataques y contraataques. En ese momento de locura lo intentó el alemán Tony Martin, y el subcampeón del mundo de contrarreloj abrió otro medio minuto solo en la bajada, con los australianos buscando cerrar la brecha.

Podlaski y Niemiec tiran de Polonia en el castillo. Foto de Ismael Pérez

Podlaski y Niemiec tiran de Polonia en el castillo. Foto de Ismael Pérez

Restaban solo dos vueltas cuando Visconti quemó sus últimos cartuchos. El pelotón volvió a fundirse y los penúltimos en probarlo eran el danés Michael Andersen, el francés Cyril Gautier y el italiano Alessandro De Marchi, con el bielorruso Vasil Kiryenka enganchando rápidamente por detrás. La aventura no parecía demasiada peligrosa, aunque llegó a lograr 50 segundos, pero con poco más de una vuelta para el final y un pelotón todavía demasiado largo, España empezó a ver los peligros. La reacción comenzó por Dani Moreno y Jonathan Castroviejo, especialmente currante para los intereses nacionales. El ritmo del contrarrelojista, relevado después por Jon Eizaguirre, frenó la hemorragia. Con el hueco de ocho segundos a punto de cerrarse, bajado por última vez el gran alto del circuito, el de Confederación, con cotas de hasta el 8%, Michal Kwiatkowski, casi de tapadillo, sin espectacularidad, firmó el movimiento más importante de la jornada. En el llano de la presa aceleró del grupo y pronto alcanzó a Gautier, Andersen De Marchi y Kiryenka. Su presencia le sirvió para descansar un instante. El de Dzialyn pronto intuyó sus ánimos derrotados y emprendió el camino por si solo, dejándolos atrás. El trabajo de Polonia se explicaba en pocos gestos.

Siete kilómetros decisivos

La guerra entró en su escenario definitivo, un Kwiatkowski contra todos. Sin tiempo para el respiro, Castroviejo sirvió por última vez al equipo, aunque era Purito el que guardaba las mejores fuerzas. El catalán aceleró espectacularmente el ritmo en la subida al Mirador y pareció irse solo en los interminables instantes en los que tardaron en llegar primero el belga Philippe Gilbert, después el australiano Simon Gerrans e inmediatamente después Valverde, de cuya rueda se aprovechaba el danés Matti Breschel. En un enorme esfuerzo, mientras se coronaba el escueto Mirador, de poco más de un kilómetro, también entró el belga Greg Van Avermaet y el francés Tony Gallopin, mientras Rodríguez quemaba el motor y se quedaba en el pelotón de los definitivamente derrotados, algo que obligó a Valverde a centrar y rematar, y a liderar primero al grupo en el descenso, donde Kwiatkowski echaba el resto con el cuerpo hecho un huevo sobre la barra de su bici buscando el centro de Ponferrada a 80 kilómetros a la hora.

Aficionados durante la prueba. Foto de Ismael Pérez.

Aficionados durante la prueba. Foto de Ismael Pérez.

Se relevaron como pudieron atrás para enjugar los menos de diez segundos de ventaja. Valverde volvió a apostar fuerte intentando la vía de la escapada por última vez cuando el llano se echó encima. A los perseguidores les faltó una recta más para cazar al polaco, que tuvo que esperar hasta la meta para celebrar su victoria por un segundo. Por detrás llegaba el tren a toda velocidad, impulsado por Gilbert, sin fuerzas ya para el sprint. Valverde cayó por momentos a la cola y miró atrás en los metros finales. Resignado a perder el oro, calculó que nadie más que sus cuatro rivales eran un peligro para las medallas y pareció pensar fríamente en la volata, a la que se lanzó en el estricto final, cuando Breschel se movió. En el juego de los riñonazos por el podio, Gerrans se volcó a la izquierda con más fuerza que nadie para arrebatar la plata a Valverde por milímetros.

@Ismael_Prz

 


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    1. [...] baloncestistas en Madrid, el otro mundial en casa, el de ciclismo en Ponferrada, se saldó con un bronce amargo de Alejandro Valverde en uno de los pocos deportes en el que las chicas están desaparecidas. Pero si hubo un hombre que [...]

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