Carolina Marín pisa Plutón




La onubense logra la mayor hazaña del deporte español este año y se proclama campeona del mundo de bádminton, un deporte en el que España nunca alcanzó ni un diploma olímpico y dominado por asiáticas. A todas las derrotó, también a la número 1, para convertirse en la primera europea que logra un oro mundial en este siglo.

Hace dos años y un mes, Carolina Marín merecía elogios por convertirse en Londres en la segunda española de historia en ganar un partido de bádminton en los Juegos Olímpicos -Yoana Martínez fue primeriza en Pekin-. Entonces, cada punto era un pisada, cada set una zancada y cada victoria una peregrinación completada, un éxito, en un país con apenas 7.000 licencias y solo ocho jugadores capaces de ser olímpicos, ninguno de ellos, por supuesto, capaz de alzarse siquiera con un diploma desde el debut en Barcelona 92. Hace dos años y un mes, ni en sus mejores sueños esta onubense nacida en 1993 podría vislumbrar lo ocurrido en una sobremesa de domingo en Copenhage, en el país donde ha vivido parte de este año para jugar la liga danesa, de notable más nivel que la española, diminuta para su talla deportiva. Ni ella ni nadie lo pensaba, pese a su evolución, pese a otro domingo del pasado abril bañado en oro europeo en Kazan, pese a estar entre las ocho mejores del Mundial de 2013 en Guangzhou, algo aún más significativo que ser campeona de Europa en un deporte en el que las quince primeras mujeres del ranking son asiáticas, pese a su gran futuro, pese a su mentalidad indestructible, podría soñar con viajar hasta Plutón tan pronto. Porque eso hizo Carolina Marín en el contexto del deporte español, atravesar el universo; pasar mil rubicones de un solo brinco; cabalgar sobre todos los pasos cortos, de poco en poco, que para ella habrían pensado los más optimistas; ser, en definitiva, española y campeona del mundo de bádminton.

Carolina Marín. Foto de Lars Ronbog

Carolina Marín. Foto de Lars Ronbog

Si tener 21 años y estar colocada entre las nueve mejores del mundo, entre chinas, surcoreanas, tailandesas o indias, países donde el deporte de la raqueta y el volante es devoción, ya era un logro extraordinario no suficientemente valorado, convertirse en la primera europea del siglo XXI en alzar un título mundial quince años después de que la danesa Camilla Martin disfrutase el oro, precisamente en Copenhague, explica muy bien el valor de la hazaña de Marín, la más gigante del deporte español en 2014, un David contra mil goliats, un lindo gatito mordiendo  a un mastín, un equipo regional mojando la oreja a un ‘dream team’, un Quijote luchando contra los molinos…y derribándolos.

No es que la jerarquía mundial haya variado un ápice. En el calendario final del domingo en la capital danesa las banderas hablaban solas. Pareja de chinos contra pareja de chinos en dobles femeninos y mixtos, lo mismo en surcoreano para las parejas de ellos, un malayo y otro chino pelearon el oro individual masculino…y en medio de todo eso, el himno español acabó sonando en el Ballerup Super Arena, escenario para la historia del deporte patrio desde este 31 de agosto. Que eso ocurriera era el más difícil todavía. El domingo, Marín podría haberse sentido bien satisfecha con la plata. Siguiendo el símil planetario, aquello era por lo menos Marte, después de haber tocado la Luna el viernes entrando en las semifinales. Enfrente estaba Li Xuerei, líder del ranking mundial, campeona olímpica en Londres, subcampeona del mundo el año pasado, favorita indiscutible, tres veces verdugo de la onubense, sin un solo set perdido en toda la semana.

Una final con todo en contra

Cómo pensar en ganar ante un pronóstico tan en contra, con la china arriba tras el primer set (17-21) a pesar de que Marín jamás perdió la cara al partido y nunca dejó escaparse demasiado a Li. Cualquiera habría buscado una derrota digna, una plata para la que serviría un discurso calcado, las mismas felicitaciones, el mismo mérito. No la brava onubense, que en el segundo set, todavía en desventaja, visitó a su entrenador, Fernando Rivas, y encontró el golpe mental necesario. ¿Quieres ser campeona del mundo? Cómo no, se debió decir, y empezó la escalada desde la mente. Ayudaron los dos errores de saque de Li que la desconcentraron e iniciaron su principio del fin. Con el 15-15, el rumbo del partido cambió para siempre. Ya en los primeros puntos del set, Marín había estado por encima, pero ahora inquietaba a Li en un momento serio. Cuando la china sumaba uno, la onubense le encajaba dos para devolver el set (21-17). “He luchado hasta el final”, repetiría después.

Carolina Marín celebra un punto. Foto de Lars Ronbog

Carolina Marín celebra un punto. Foto de Lars Ronbog

Aún no parecía real. El tercer set comenzó en una ruleta impredecible. Tres veces estuvo Li sobre Marín y cuatro ésta sobre la china. Y se cumplió aquello de quien ríe la última. Carolina no permitió nunca el despegue de la asiática y le ató en corto otra vez en el 15-15 después de haberse ido hasta tres arriba. La china dio sus últimos bocanazos con el 17-17 y, desde ahí, todo resultó increíblemente fácil. El ejemplo más claro fue el último punto. Con 20-18 y Li hundida en una situación inesperada, Marín sirvió y la china ni siquiera fue capaz de pasarla. El volante impactó con la red en una devolución aparentemente fácil y la onubense se echó al suelo. Era cruzar el abismo, una gesta engordada por derrotar a la número uno, que era, sin embargo, la tercera mejor situada en la clasificación que la onubense a la que Carolina hacía morder el polvo en cinco partidos de Mundial.

Tras un debut complicado ante la malaya Ging Yi Tee en tres sets, Carolina firmó su primera gesta ya el jueves, en octavos, ante la tres del mundo, la también china Yihan Wang, que sucumbió incluso más fácilmente, en dos mangas. Tzu Ying Tai, la predecesora del ranking de Taipei, obligó a otra remontada tras un primer set muy ajustado para abrir la puerta de las semifinales, donde esperaba la india Sindhu,la 11ª, víctima sencilla en 48 minutos. Y así aterrizó Carolina en Plutón y, de paso y a toda velocidad, en el sagrado panteón de los pioneros españoles, ese tantas veces mencionado que incluye a Manolo Santana con raqueta grande, a Federico Martin Bahamontes en bicicleta, a Severiano Ballesteros en golf, a Joaquín Blume en gimnasia, a Iván Raña en triatlón o al más reciente Javier Fernández en patinaje, por poner algunos ejemplos individuales. En el caso de Marín es una mujer, siguiendo la moda de los éxitos natatorios. Ella se adelantó a Pablo Abián, dos veces olímpico pero caído a la primera en Copenhage, o a la también meritoria Beatriz Corrales, en la misma situación tras ceder ante la número cuatro pese a ser tercera del ranking europeo (y 26ª del mundial). Ellos, más terrenales, no pudieron con Asia. Carolina Marín pudo con todos y derribó un muro que parecía infranqueable. Y los que le quedan.

@Ismael_Prz


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    1. [...] la última semana de agosto terminó con un domingo apoteósico de dos campeones mundiales -Carolina Marín en bádminton y Javier Gómez Noya en triatlón- y un subcampeón -Mario Mola, también en [...]

    2. [...] no se quedaron atrás. Mencionada Mireia, la acumuladora, el campanazo lo dio Carolina Marín, campeona mundial y europea de badminton. Si lo segundo era previsible, lo primero significó el oro más improbable [...]

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