Una década es menos de diez




El caribeño Kim Collins ha vuelto a bajar de 10 segundos en los 100m lisos con 37 años, después de ser campeón del mundo en 2003

Hubo un tiempo, no mucho más de un año en realidad, en el que el fenómeno Usain Bolt ni siquiera era imaginable, Maurice Greene, dominador del cambio de siglo, se batía en retirada y el también resucitado Justin Gatlin estaba por llegar a Atenas. Aquella noche de agosto de 2003 en el parisino Saint Denis se habló poco menos que de la crisis de la velocidad. No era para menos: Fue la segunda y última final mundial de los 100m lisos en la que no se bajaba de los diez segundos. Aquel tiempo y aquel mundial le perteneció a Kim Collins, campeón al fin, aunque ninguneado por su escasa marca de 10.07s. Realmente nadie hizo mucho caso al espigado velocista de San Cristobal y Nieves, dos islas caribeñas que juntas no suman más población que Puertollano. Pese a que ya sumaba una final olímpica y otra mundial, además de un bronce universal en 200m en 2001, una prueba que nunca se le dio tan bien, y había bajado, por la mínima, ese año y el anterior de los diez segundos, se le consideraba más un notable que el nuevo rey.

Kim Collins en 2008. Foto de Erik van Leeuwen

Kim Collins en 2008. Foto de Erik van Leeuwen

De aquello ha pasado una década, y ni aquella noche en Paris ni hasta hace una semana Collins mejoró sus prestaciones. No siempre estuvo, pero nunca se fue. Volvió a subir al podio mundial otras dos veces, en Helsinki 2005 y Daegu 2011, además de su plata universal en pista cubierta en Valencia 2008, pero en el cronómetro que anunciaba su marca el diez estaba siempre delante. Tuvo que ser el pasado 4 de julio en la suiza Laussane cuando el caribeño volviera a conocer el nueve. Y lo hizo a lo grande. Fue tercero con algunos de los mejores velocistas del momento y batió el récord de su país: 9.97s. La marca ya no impresiona si no fuese por una peculiaridad. Diez años después de su éxito en Francia, Collins tiene ya 37 años. Nadie corrió tanto tan tarde.

No contento con su marca personal en la vejez atlética, Collins lo adornó con otra carrera por debajo del número psicológico que separa a los buenos de los destacados. Este miércoles en Budapest volvió a correr los 100m en 9.99s. No fue un espejismo, Collins parece en el mejor momento de su vida en una prueba que suele premiar más la juventud que la experiencia. Su historia no ha terminado, todo apunta a que el caribeño puede seguir impresionando este verano. Sin embargo, no será en Moscú. Las relaciones con la federación de su país, del que es la estrella indiscutible del deporte, no parecen las mejores. Además, Collins no cumplió las reglas que obligaban a competir en los campeonatos nacionales para ir al mundial. “Quizá hayan visto esto y quieran dejar las diferencias a un lado”, les ha desafiado. Mientras, el incombustible velocista de ese pequeño lugar del mundo vive su vejez dorada. Sospechoso para algunos y admirable para otros, Collins resume en Twitter: “Soy un luchador”.


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