Mo y Shelly-Ann van a pares




  • El británico Farah en 5000m y la jamaicana Fraser-Pryce en 200m suman sus segundos oros
  • El alemán Storl sorprende al estadounidense Whiting en lanzamiento de peso
  • Rusia suma dos oros con Lysenko y Menkov, EEUU domina el relevo 4x400m

Moscú coronó a dos de sus reyes en la antepenúltima jornada del Mundial de Atletismo. A falta del remate de Usain Bolt, la otra estrella olímpica, el británico de origen somalí Mo Farah, el hombre que celebra sus victorias dibujando un corazón con sus manos sobre su cabeza, consagró su dominio tiránico del fondo con una victoria en los 5000m que añadir a su oro en los 10.000. A la pequeña jamaicana Shelly-Ann Fraser-Pryce se la esperaba menos en los 200m, pero la lesión de la campeona olímpica Allyson Félix en la curva clarificó más su victoria, que es el primer mundial que gana en una prueba que le calza peor que el hectómetro. Otro hombre subió a lo más alto del podio por segunda vez: LaShawn Merrit, aunque lo hizo corriendo la misma distancia y en equipo. Remató el trabajo de los estadounidenses en el 4x400m, la única alegría de los norteamericanos este viernes.

Shelly-Ann Fraser-Pryce, campeona de 100 y 200m. Getty Images

Shelly-Ann Fraser-Pryce, campeona de 100 y 200m. Getty Images

Al británico no se lo pusieron muy difícil. Otra vez, como el sábado en los 10km, los africanos no tuvieron muy claro que estrategia elegir para descarrilar al favorito. Farah salió relajado, a mitad del grupo, con la confianza de la superioridad. Y por delante, hubo dudas hasta que los keniatas Koech y Logosinwa decidieron marcar el ritmo. 2.45 minutos el primer kilómetro que no desgastaban al discípulo de Alberto Salazar, el gurú, al que el británico que entrena en Estados Unidos agradeció el doblete.  Farah empezó a vencer en el segundo kilómetro. Sin que nadie quisiera jugársela, el ritmo rebajó siete segundos los siguientes mil metros y el inminente bicampeón decidió subir a la cabeza moviéndose con la misma autoridad que el sábado. Estaba en sus dominios. Si quiso avivar la marcha para quitarse rivales, era un farol. Un hombre que ha corrido los 1500m en 3.28 minutos hace menos de un mes no teme a nadie en la vuelta final. De hecho, la velocidad sólo aumentó cuando Koech primero, otra vez, y el etíope Alamirew después abrieron un cierto hueco con el resto. Koech se resguardó atrás, apareció al toque de campana y alcanzó el bronce, superado por el etíope Gebrhiwet. El hombre de verde, el más rápido este año, se acabó hundiendo, noveno. Y Farah, detrás, tranquilo, dominante, apretó poco a poco a partir de los 600m, y aguantó el empuje de los demás toda la última vuelta, resuelta en poco más de 53 segundos para entrar en 13.26.98. Entre los que soportaron su ritmo de acelaración sin cambios bruscos, que no le permite abrir los huecos de Bekele, estuvo Bernard Lagat, el hombre que perseguía a El Guerrouj en el kilómetro y medio y ahora corre tras Farah, sexto, a los 38 años. No se va, porque le gusta estar entre los grandes. Farah es uno de ellos.

Tampoco destacó por su rapidez la media vuelta a la pista, que vio la primera corona mundial de una velocista pura, de patas cortas y frecuencia arrolladora. En los 200m, Shelly-Ann Fraser-Pryce pisa más veces que nadie el tartán, pero apenas pierde tiempo en el contacto. Ese es su secreto. La jamaicana desplegó sobre la pista toda su potencia y entró en meta 15 centésimas por delante del resto, menos diferencia de la que sacó en los 100m, su victoria más espectacular, pero suficiente para colgarse su segundo oro en 22.17s. Le ayudó en su objetivo la lesión que secó a Félix cuando no se habían corrido ni 70 metros. Por detrás, dos africanas subieron por primera vez al podio de la curva. Aunque también repiten medalla en Moscú. La costamarfileña Murielle Ahoure imitó la plata del hectómetro batiendo por las milésimas de segundo (igualaron en 22.32s) a la nigeriana Blessing Okagbare, que también conoce ese color de la longitud. Sin Félix, las americanas no tuvieron nada que decir. África también ha llegado a la velocidad para sacarles del podio.

Storl el competitivo

La perspectiva de no repetir su título mundial de Daegu azuzó al alemán David Storl, uno de esos atletas que a los 23 años es un animal competitivo. Tenía todas las de perder ante Ryan Whiting, el estadounidense que ha dominado la temporada de lanzamiento de peso sin oposición y que lideró la final desde el primer lanzamiento, 21.57m en extensión. Lo consiguió con tal pausa, facilidad y calma, sin gritar, que pareció invencible. Era una equivocación. El americano no logró llegar más lejos ni cuando el alemán, que ya había amenazado pasando dos veces de 21 metros, alcanzó en el cuarto dieciséis centímetros más, 21,73m que lo colocaban en cabeza. Whiting no tuvo respuesta y Storl, que intentó llegar más lejos y cometió dos nulos, pudo vestirse el gorro teutón y pasear la bandera por el Luzhniki, aunque sin partirse la camisa a lo Harting, campeón de disco. Los estadounidenses tampoco tuvieron fortuna con la medalla de bronce, una lucha en la que el canadiense Whiting, lanzando en rotación, 21,34m en el quinto intento, apartó al excampeón Hoffa del podio.

No iba a ser tan sorprendente el martillo, donde la favorita Tatyana Lysenko lanzaba en casa. Menos aún con la ausencia de alemanes peligrosos, pues la plusmarquista mundial Heidler no había superado la calificación. La rusa empezó dominando pero no tuvo el oro claro hasta el cuarto intento, 78.80m, el mismo que le sirvió a la polaca Wlodarczyk (78.46m) y a la china Zhang (75.58m) para subirse al podio. Casi tan clara era la victoria de EEUU en el primer relevo del mundial, el 4x400m masculino. Entregó primero, abrió hueco con el subcampeón de 400m, McQuay, mantuvo el tipo en la tercera posta y la última fue un paseo triunfal para el campeón Merrit (2.58.71, mejor marca del año). Por detrás, otra liga, Jamaica, escondida toda la carrera, acabó con Francis superando a Rusia, bronce, y a Gran Bretaña, la primera en no bajar de los tres minutos.


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