Marchando hasta la gloria




Jordi Llopart fue el primer medallista olímpico español en una disciplina atlética
Llopart entra a meta en Moscú 1980. Foto: Yuri Somov (CC)

Llopart entra a meta en Moscú 1980. Foto: Yuri Somov (CC)

El atletismo es el deporte génesis de los Juegos Olímpicos, aquel a través del cual se erigió toda la estructura olímpica que conocemos. Es el deporte por excelencia, aquel en el que no necesitas nada más que tú y un recorrido, y del que se espera su comienzo desde la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos. Sin duda, el atletismo en las citas olímpicas tiene un papel especial, fundamental y este deporte adquiere un estatus mucho más alto cada cuatro años. El primer metal español en atletismo se hizo esperar hasta 1980 cuando, en Moscú, Jordi Llopart alcanzó la gloria en los 50 kilómetros marcha.

Jordi Llopart nació en el Prat de Llobregat en 1952 y pronto se especializó en marcha atlética. Entrenado por su padre, Moisés Llopart, poco a poco fue mejorando su técnica y aumentado la rivalidad con el otro pupilo de su progenitor, José Marín, con el que llegaría a no hablarse debido a su cruenta competencia por ser el mejor marchador nacional. Sin duda, Moisés Llopart era un gran entrenador que trataba de perfeccionar la técnica de sus marchadores y consiguió que tanto su hijo como Marín fueran los atletas de esta disciplina más correctos técnicamente y más ortodoxos y que apenas tuviesen sanciones en carrera.

Su estilo depurado le permitió lograr la primera medalla española en un Europeo de atletismo. Fue en 1978 en Praga donde Jordi Llopart fue oro en los 50 kilómetros marcha. Este fue un aviso serio del catalán con respecto a su próximo objetivo, los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980. En la capital soviética no defraudó y logró la plata, la primera presea para la delegación española en el deporte rey en una cita olímpica, el atletismo.

Pese a ello, no se conoce a nivel general más sobre la carrera de Llopart, ya que unos problemas de dolencias crónicas en los riñones le impidieron mantener ese óptimo nivel. Estuvo en dos Juegos Olímpicos más, en Los Ángeles 1984 y en Seúl 1988, pero su actuación, pese a ser muy buena, fue algo más discreta. En la ciudad estadounidense acabó en séptima posición, mientras que en la capital coreana solo pudo ser duodécimo.

Estos problemas físicos le obligaron a retirarse en 1990 con 38 años y, en ese momento, decidió seguir los pasos de su padre y convertirse en entrenador de marchadores. Llopart fue uno de los culpables del auge de la marcha atlética en Estados Unidos y también tiene gran parte de responsabilidad en el primer oro de la historia olímpica de España, el de Daniel Plaza en los 20 kilómetros marcha de Barcelona 1992, ya que Llopart era su entrenador.


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