Los tricampeones y el francés de los 18




  • Usain Bolt y Shelly-Ann Fraser-Pryce suman sus terceras medallas de oro con las victorias jamaicanas en los relevos 4x100m. El relámpago llega a 10 medallas mundiales, como Lewis.
  • Teddy Tamgho se convierte en el primer hombre que pasa de 18m en triple salto en este siglo
  • Rusia gana a EEUU en el medallero 12 años después. Estadounidenses y jamaicanos, seis oros.

Al domingo de clausura en el Luzhniki de los Mundiales de Atletismo sin récords le faltaban los relevos de velocidad para hacer el recuento de ases. Y el tallo Bolt y la bajita Fraser-Pryce confirmaron con sus eficaces últimas postas que serán los más acumuladores de Moscú. A sus victorias en el hectómetro y los 200m sumarán también otro oro en equipo. En el caso de Usain, la victoria supone su octavo oro mundial y la décima vez que sube al podio del campeonato. Diez medallas, como Carl Lewis, que le ponen en disposición de ser el mayor poseedor de metales dentro de dos años. La décima llegó con menos brillantez que en otras ocasiones (37.36s). Tras la partida de Nesta Carter y la notable recta de Bailey-Cole, a Jamaica le empezaron a surgir los problemas en los cambios. Ni Ashmeade recibió bien el testigo ni realizó la mejor entrega a Bolt, lo que neutralizó el rendimiento de su curva. Aún así, el relámpago recibió primero. Los EEUU de Silmon, Rodgers, Salaam y Gatlin tampoco estuvieron a su mejor nivel. El subcampeón de 100m aceleró en la recta después de pisar la calle contraria y no ser descalificado, pero ya corría tras las zancadas insuperables de Bolt. Por detrás, en otra batalla, la Gran Bretaña que terminaba con Chambers entraba tercera, pero luego sería descalificada. Canadá se colgó el bronce en el podio.

Teddy Tamgho con su marca del triple salto.

Teddy Tamgho con su marca del triple salto.

El tercer oro de Fraser-Pryce llegó como consecuencia de la catástrofe americana. Apenas un año después de destrozar un récord del mundo de décadas, las americanas se presentaron a la final del relevo con un equipo totalmente distinto. No estaba Allyson Félix, una de las heroínas de Londres, que se va de Moscú sin subir al podio tras lesionarse en los primeros pasos de los 200m, pero tampoco Carmelita Jeter, la encargada de la recta final en los Juegos. Quizá habría dado igual, para la última posta las cuatro nuevas americanas habían perdido todo. La catástrofe llegó antes de la segunda curva, en el cambio entre Anderson y Gardner. La que esperaba empezó a correr demasiado pronto y tuvo que frenar para esperar a la de la contrarrecta. Se clavaron. Cuando quisieron retomar el ritmo tenían por delante a todas. Fraser-Pryce ya quemaba la recta, sacando un mundo a las demás (41,29s, récord de los campeonatos) Ni el magnífico final de Freeman les valió para más que para arañar una plata. Entraron por detrás de las francesas, que luego fueron descalificadas, y aparecieron en meta segundo y medio más tarde de que Fraser-Pryce cantase una victoria que empezaron a cocinar Rusell, Stewart y Calvert.

Los relevos confirmaron que nadie haría un mejor registro de la historia en Moscú, pero antes el francés Teddy Tamgho había dejado su huella en el foso del triple salto. Su sexto intento fue la marca del campeonato, un brinco a 18.04m que se estuvieron cocinando en el tercer y quinto intento, cuando el rebelde parisino de 24 años llegó hasta esas distancias -el plusmarquista Edwards asegura que un salto superaba su récord- pero pisó la tabla. Dos nulos para la esperanza aún cuando no tenía la seguridad de la victoria, con el cubano Pichardo amenazante. En el sexto, ya sí campeón, con las órdenes del exsaltador de longitud Ivan Pedroso, su entrenador, en la grada, un cubano animando a un francés ante un cubano, Tamgho concentró sus esfuerzos en validar el salto. Carrera, tres zancadas y un último salto con zancada y media que le empujaron hasta más allá de los 18 metros por primera vez en el siglo XXI. Sólo el plusmarquista mundial, Jonathan Edwards y el campeón olímpico en Atlanta, el estadounidense Harrison, han saltado más que él en la historia. Su registro dejó en nada los 17.68m de Pichardo y los 17.52m del estadounidense Claye, bronce y siempre por encima de un apagado Taylor. El campeón olímpico sólo pasó de 17m en los últimos dos saltos, pero no le sirvió para subir al podio. Cuando lo hizo no estaba un hombre que ya se acercó a la frontera en 2011 y parece insuperable si no le falla su atormentada cabeza.

El cierre del campeonato se tiñó de sorpresas en el mediofondo. En los 1500m el líder del año, el keniata Asbel Kiprob no se iba a dejar sorprender camino de renovar su título mundial. Pasó en cabeza la primera vuelta, para marcar territorio, y se refugió detrás mientras su compatriota Chepseba intentaba reventar la carrera. Corrió dos vueltas en cabeza diez metros por delante del resto, que no entró en su juego. Pasó por los 1200m en 2.56, pero ya tenía al grupo detrás, dispuesto a engullirlo de forma implacable desde la última curva, a dejarlo cuarto. Nadie tosió a Kiprob, pero al aventurero keniano le pasaron en la recta el estadounidense Centrowitz y el sudafricano Cronje, la típica sorpresa del campeonato en esta prueba. Dos blancos volvieron a colarse en el territorio de los keniatas -Kiplagat fue sexto- haciendo valer su inteligencia. Cronje no perdió la cuerda, y avanzó por dentro cuando faltaban 450m, para situarse entre los seis primeros. En el momento decisivo, encontró calle libre y lo aprovechó, paralelo al americano, que no perdió la estela de Kiprop. La táctica se impuso de nuevo a la velocidad en una carrera de 3.36.28.

Menos sospechada era aún la victoria de Kenia en los 800m femeninos. Eunice Jepkoech Sum, una mujer de 25 años que disputaba su primera final y no había bajado este año de los dos minutos, derrotó a todas mejorando su registro más de dos segundos. Impensable desenlace cuando Johnson Montano, la estadounidense de la flor en la cabeza, decidió correr la final como si sólo existiera ella. Desde el principio se puso delante pendiente sólo de sus ritmos. (56.04 el 400m) Al igual que Chepseba, sacó más de 15 metros al resto, que no se preocuparon. Al llegar a la recta su flor se marchitó. Era un corderito entre leonas. A la keniata, que lideró la persecución desde la mitad de carrera, todavía le quedaban fuerzas para aguantar el tirón de la rusa Savinova, plata, y de otra de las americanas, la hispanohablante Martínez. Para Johnson no quedó ni el bronce. Era la final de Sum y la marca de su vida: 1.57.38.

La última final de lanzamientos fue otra demostración de poderío y competitividad alemana. Oberfoll ganó su primer mundial y volvió al podio seis años después de Osaka. Lo tenía complicado ante la rusa Abakumova, que lanzaba la jabalina en casa, pero la temible rusa que apareció el otro día en la calificación y todavía con los brazos fríos lanzó 69m no estaba esta tarde en el Luzhniki. A la final llegó una sombra de aquello, 65.09m en el primer intento que fue incapaz de superar en los otros cinco. Bloqueo total. Con ello, al menos, retuvo el bronce en el día de la australiana Mickle, que sorprendió a todas con dos lanzamientos por encima de los 66m, los mejores registros de su vida. En el sexto (66.60m) firmó la plata. El oro ya tenía dueña desde el segundo intento. 69.05m eran demasiado para cualquiera.

EEUU pierde el medallero, pero arrasa por puntos

El mundial de los tripletes de Bolt y Fraser-Pryce, de los dobletes de Mo Farah de la emotiva victoria de Isinbayeva, de la emoción de la altura con Bondarenko, del marcón de Tamgho cambió el orden del medallero mundial doce años después. El desastre estadounidense especialmente en los dos relevos femeninos -dos oros presupuestados- mantuvo a los rusos en la cabeza del mundial con siete oros y 17 medallas. Estados Unidos se quedó en seis, la mitad que hace dos años en Daegu y tres menos que en los Juegos de Londres. Las 15 platas americanas indican que no afinaron en el momento decisivo, ya que subieron al podio más que nadie. Contaron tantas medallas, 25, como en Daegu, aunque en Londres cosecharon 29. A la altura de los estadounidenses en cuanto a metales dorados se situó Jamaica, una colecta realizada sólo en las tres pruebas de la velocidad pura: 100m, 200m y 4x100m. Sus nueve medallas son las mismas que en Daegu y tres menos que en Londres.

De la velocidad al fondo, Kenia salió del podio de honor del mundial, pero con 12 medallas y cinco oros remontó sus nefastos Juegos, aunque sin mejorar Daegu, donde arrasó sin contemplaciones con varios tripletes (17 podios, 7 oros). Los etíopes, con Dibaba, Defar y Aman se colgaron tres oros y diez medallas, más que Alemania, que le superó por haber escuchado el himno cuatro veces. Gran Bretaña, con seis medallas y tres oros, aguantó el tirón postolímpico y la República Checa progresó con las victorias de Vesely y Hejnova. Por puntos, quizá una clasificación más justa, Estados Unidos sigue dominando con mano de hierro sobre Rusia -por 99 puntos- y Kenia.


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