Isinbayeva disfruta un homenaje preventivo




  • La zarina se impone en un emocionante concurso de pértiga ante su público y anuncia que su retirada no es definitiva
  • Merrit se muestra imperial en la final de los 400m, que asisten al hundimiento de Kirani James
  • El etíope Aman vence en los 800m y la ucraniana Melnichenko, el heptatlón

La sonrisa eterna del atletismo, la diosa de las pistas en el siglo XXI, cogió la pértiga en el Luzhniki para ganar un oro memorable en una noche mágica en Moscú, con el estadio inusualmente poblado y los deseos unánimes de su victoria. A los 31 años y 28 récords mundiales a sus espaldas, la zarina de Volvogrado, la primera mujer en superar los cinco metros en la historia de la garrocha, se impuso por cabezonería y entusiasmo. Todos pensaban que era su retirada, algo que desmintió. “Quiero tomarme un respiro tras 2013 para ser madre, luego volveré, y si consigo estar al primer nivel, prepararé los Juegos de Río”, dijo después. Ni si, ni no. Si no era su última competición, al menos lo pareció. Su nombre estaba escrito en la cuarta jornada, en la capital de su país, y no podía decepcionar. Aunque sus mejores años pasaron tras su inopinada derrota en Berlín en 2009, aunque cueste adivinarla batiendo récords, respondió como las grandes campeonas al pulso de la estadounidense Suhr, la única mujer que ha sido capaz de seguir su estela de los cinco metros -este invierno, en pista cubierta- y que en 2008, todavía soltera, aún llamada Stuczynski, prometió sin éxito “patear un culo ruso”, y de la cubana Silva, un talento del año. Las dos elevaron la competencia por encima de los 4,80m, una altura a la que nunca habían llegado tantas atletas en una final, pero Isinbayeva no se iba a permitir una plata.

Isinbayeva, campeona mundial de pértiga

Isinbayeva, campeona mundial de pértiga

En el combate psicológico empezó su victoria. La rusa fue la última en ponerse las zapatillas. Quería recordar así sus mejores tardes, cuando esperaba tumbada, la cara bajo la sudadera para concentrarse, a que las demás llegaran a su altura, cuando empezaba donde las demás se habían ido. Lo hizo en 4.65m, mientras las americanas ya habían saltado diez centímetros menos. No empezó bien, pero se repuso a la segunda. Suhr respondió marchándose directamente a 4,75m y Silva empezó a atascarse. Estuvo a punto de claudicar ahí, pero sacó fuerzas. A 4,82m sólo sobrevivieron las tres favoritas, la cubana, otra vez, con más problemas. Estadounidense y rusa empataron, nulo y válido, aunque Suhr aún tenía ventaja. Los 4.89m iban a ser decisivos. A Isinbayeva le salió su alma de campeona con un estadio volcado en el segundo triunfo del día. Suhr capituló en tres turnos y la zarina echó a correr con la alegría incontenible. No había nadie más feliz. Con la euforia como impulso, se atrevió con los 5.07m, un viejo récord para ella. Volvió a concentrarse en su pértiga, a susurrarle eso que le funciona tanto. Pero no era su negocio hoy, aunque en el segundo salto no pareció tan imposible. Daba igual, nadie le iba a quitarle la felicidad de una victoria en casa, quién sabe si la última de una diva del atletismo, una de las pocas atletas que trasciende a su deporte. Todos la conocen, nadie la olvidará, vuelva o no.

Si la pértiga fue la emoción, los 400m dieron la sorpresa. Ni los más agoreros habrían apostado por un Kirani James hundido en la séptima posición. Parecía ligeramente favorito en su duelo con LaShawn Merrit, finalmente campeón tras una vuelta a la pista soberbia, la quinta mejor de todos los tiempos (43,76s). La emoción de su carrera se diluye al recordar su pasado: en 2010 dio positivo por una hormona, la ExtenZe, e intentó salvar el honor de forma de forma dudosa. Justificó que sólo la usaba para alargarse el pene. Tres años después, el campeón olímpico en 2008 y mundial en 2009 volvió a restablecer el dominio estadounidense en los 400m después de pasar en menos de 21 segundos por los 200m. No era el más rápido. El granadino -de la isla, no de la ciudad de la Alhambra- James volaba desbocado como si fuera un novato. No recordó los efectos traicioneros del ácido láctico, que le aplastó en la recta (44,99s).  Los más moderados tuvieron su premio en una gran carrera, el también estadounidense McQuay la plata  con su mejor marca (44,40s) y el dominicano Santos, el subcampeón olímpico aplatanado este año, el bronce (44.52s).

En la doble distancia sí que era imposible que el ganador de Londres mantuviera su dominio. Sin Rudisha, sin Amos, sin Kitum, los 800m se abrían al mundo. Y ahí siguió ganando África. El joven etíope Mohammed Aman, reventó a los estadounidenses, voladores en 2013, en el latigazo final, casi sobre la parrilla (1.43.31). Ahí Duane Solomon, que llevó al grupo a buen ritmo toda la carrera con sus largas piernas, 50,28s los 400m, pagó su generosidad con un sexto puesto mientras Symmonds, blanco, más bajo, atrevido sólo en la última vuelta, resistía el empuje de todos menos de Aman. Entre los que llegaron más frescos estaba Ayanleh Souleiman, que esprintó hasta dar el bronce a Djibouti. Su medalla no queda ahí, también lo intentará en el kilómetro y medio desde mañana. En esa distancia se defiende bien el polaco Lewandowski, a un suspiro de las medallas, de atrás adelante, primer europeo por delante del francés Bosse, sensación de la temporada, que corrió valiente pero se hundió en el arreón de los 200m. Las dos vueltas siguen siendo del continente negro.

Ucrania sumó su primer oro en Moscú gracias al heptatlón. A los 30 años, la notable Ganna Melnichenko, sexta del mundo en 2009 como mejor presentación, aprovechó la oportunidad que se presentaba en Rusia, en un Mundial sin Ennis o Chernova, entre otras, para elevarse hasta el oro con una discreta marca, 6586 puntos, cimentados especialmente sobre las vallas (13.29s), los 200m (23,87s) y la longitud (6,49m). En ambas estuvo entre las tres primeras. Una heptatleta velocista para triunfar en el mundial de las familias. Entre los numerosos hermanos que pueblan las listas de salidas hay también una pareja que se volverá contenta a Estados Unidos. El campeón del decatlón, Ashton Eaton, no ha perdido ojo de la progresión de su esposa, la canadiense Brianne Theisen-Eaton, que tras un gran comienzo perdió los pasos en el peso y en los 200m para recuperarse en la longitud y aprovechar la mala jabalina de las favoritas. El camino al bronce de la holandesa Dafne Schippers también vino por velocidad. Fue la mejor en los 200m.  Hubo cambios, pero todo acabó como al principio. Tras siete pruebas, se repitió el podio de las vallas, cuyas finales de las pruebas largas individuales, los 400m, se disputarán el jueves. Las semifinales dejaron a la campeona olímpica Antyukh fuera y al cubano Cisneros como único hombre en bajar de los 48s. No es el favorito, pero ya es un candidato.

@Ismael_Prz


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