Bronce a la insistencia




  • Ruth Beitia consigue en salto de altura su primera medalla en un mundial al aire libre. Es el segundo bronce de España en Moscú
  • Dolores Checa acaba 10ª en 5000m y Javier Guerra, 15º en el maratón

Hace un año, Ruth Beitia pensaba que este sábado de agosto estaría en casa, retirada tras una notable carrera en el salto de altura, dedicada a la política en el parlamento de su Cantabria natal, alejada ya de la gran competición a los 34 años y probablemente con España añorando su presencia en una prueba en la que no se ve relevo. Pero la altísima santanderina de 1.92m, diez centímetros menos de lo que ha sido capaz de saltar, en el año 2007, decidió recular. Y eso explica su presencia en Moscú -la ciudad donde ya fue tercera del mundial en pista cubierta en 2006- en lugar de en Santander esta tarde, un cambio del que seguro no se arrepiente. Ruth transformó la experiencia en fuerza mental y lleva 13 meses dando lo mejor de sí misma en las grandes competiciones, su punto débil hasta entonces, pese a sus cuatro finales mundiales y dos olímpicas al aire libre. Habituada a los éxitos en pista cubierta, donde no siempre están las mejores, subió al podio en abierto por primera vez en el Europeo de Helsinki del año pasado. Oro continental que repitió el pasado marzo en Gotemburgo. Entre medias, su amargo cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Londres, cuando ni volver a saltar dos metros le sirvió para subir al podio. Parecía el mejor final posible, pero verse entre las mejores animó a Beitia a seguir poniéndose las zapatillas en La Albericia.

Ruth Beitia. Foto de la RFEA.

Ruth Beitia. Foto de la RFEA.

Y llegó el dorado invierno y la complicada primavera, con un tobillo dolorido que no la dejó pasar más de 1.95m. No era el mejor momento de Beitia, condenada sobre el papel a otro puesto de finalista. Pero en la final del salto de altura, con tres rusas jugando en casa, la americana Barret y la sueca Green como teóricas fajadoras de las medallas, la insistente cántabra reunió dentro de ella lo mejor de su talento, su concentración y su experiencia. De algo tenía que servir ser la abuela de la final, la única nacida antes los años 80. Tres saltos le sirvieron para subir al podio, todos a la primera. 1.89m, el esperado, 1.93m, el de cumplir y 1.97m, el de competir por todo haciendo la mejor marca de la temporada en el momento clave. Una altura que no la sirvió para pasar del sexto puesto en Osaka 2007, cuando mejor llegaba, y que tampoco es su mejor prestación en una final, pero que en la tarde moscovita adquiría cada vez mayor valor, especialmente cuando Gordeeva y Green empezaron a titubear en 1.93m. La rusa tardaría poco en caer, como la joven Trost, esperanza del atletismo italiano. A la sueca también se le atragantaron al principio los 197 centímetros. Ya en dos metros, solo la rusa Shkolina y Barret se fueron a por el oro, que acabaría siendo de la local en 2.03m. El resto fue cayendo, incluida la favorita, Chicherova, que clavó el concurso de Beitia. Si la cántabra estuvo a punto de hacerlo, de volver a los dos metros en el tercer intento, cuando tiró el listón con el playero, que la barra venciera tras el paso de la rusa no se explica aún. El descalabro de la sueca certificó la segunda medalla española en Moscú, que supera la expectativas. Un bronce compartido que tortura a Chicherova y que le sabe a oro a la mujer que tuvo que seguir en el deporte para colgarse una medalla que lleva buscando una década. La insistencia premió Beitia

Si Beitia supuso el quinto puesto entre los ocho mejores de los españoles, Dolores Checa era la esperanza para conseguir el sexto. Se quedó a dos posiciones de lograrlo, tras una final de 5000m en la que arrancó entre las de cabeza, cayó a mitad de grupo antes de la mitad y se terminó descolgando de las mejores cuando se llevaban 3200m recorridos. Mientras las dos etíopes, Ayema, la locomotora, y Defar, la campeona sin despeinarse, tiraban de las dos keniatas, Cherono y Kibiwot, y las cuatro se marchaban en solitario a falta de tres vueltas, la valenciana consiguió reponerse, superar a las más extenuadas y entrar décima en meta (15.30.42). Cuarenta segundos antes de que llegara, Meseret Defar, la doble campeona olímpica, volvió al oro de los cinco kilómetros seis años después con un ataque a falta de 200m mirando al tendido y hacía atrás. Solo le faltó entrar palmeando. No hubo oposición. Su compatriota Ayema, que la llevó en palmitas, no aguantó el tirón final de Cherono y se conformó con el bronce.

Guerra, el mejor europeo del reino Kiprotich

Tampoco los maratonianos pudieron llegar a los puestos de honor. Ayad Lamdassen llevaba un buen camino, en el grupo de los mejores, pero pasado el kilómetro 30 decidió que era mejor retirarse. Aguantó más Javier Guerra en su primer mundial. De menos a más, fue escalando posiciones en cada parcial hasta convertirse en el mejor europeo, 15º, tras 2.14.33. Un puesto de resignación en otro mundial africano, pero de ilusión de cara al Europeo de Zúrich del próximo verano, para el que se clasificó hoy junto al río Moscova. “Tenía la carrera muy estudiada, para mi este puesto es un éxito. He sido el primer europeo y es como si hubiera ganado una medalla”, dijo después. La misma táctica que Guerra utilizó el ugandés Stephen Kiprotich, que salió relajado y avanzó a la caza. A falta de siete kilómetros ya estaba en primera línea de fuego. Cuando aceleró el ritmo, cerca del Luzhniki, sólo el etíope Desisa le siguió hasta donde pudo. Por detrás, más hombres verdes, Tola, que fue bronce y Kebede, que se quedó fuera del podio. Tras 2.09.51 horas, Kiprotich volvió a hacerlo. Como en Londres, el ugandés de 24 años derrotó a todos los ejércitos de cinco hombres, etíopes, keniatas, japoneses y eritreos. No era el favorito, pero sabe apuntar al oro en las grandes citas.


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    1. [...] cubierta de Gotemburgo y el mundial al aire libre de Moscú, invierno y verano, oro continental y bronce mundial, y el marchador subiera al podio en la jornada inicial de la segunda cita, donde España [...]

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