Beitia corona el ascenso español




Ruth Beitia se eleva hasta donde nunca antes en una final de altura (2.01m) y revalida su título europeo. Diana Martín consigue el bronce en la final de 3.000m obstáculos. España acaba sexta en Zúrich, con seis medallas y 22 finalistas, tras los puestos de Javier Guerra, Eusebio Cáceres, David Bustos, Roberto Alaiz y Antonio Abadía

Sonó el himno español en el cierre de los campeonatos de Europa de atletismo en honor, quien sino, de Ruth Beitia, la otra vez campeona de salto de altura, una mujer para la que se acaban los adjetivos después de revalidar su título con más valor que hace dos años en Helsinki: Ahora tiene 35 años, se enfrentó a rivales de más nivel, como la rusa Kuchina o las nuevas polacas temibles, pese a que al final no estuviera Blanka Vlasic, y, sobre todo, se elevó hasta altura impensables, 2.01m que no saltaba desde 2009 y que nunca había logrado en un gran campeonato. Signo de la competitividad que tiene desde hace dos años y bandera para el atletismo español, que necesitaba una tarde como la de este domingo tras tantos sinsabores. No solo estuvo Beitia. Diana Martín arañó el tercer escalón del podio tras mostrarse brava en la final de los 3.000m obstáculos, los jóvenes Roberto Alaiz y Antonio Abadía dieron la cara en la de los 5.000m, donde acabaron en puestos de finalistas, David Bustos llegó hasta el sexto puesto en unos 1.500m en la UCI y Eusebio Cáceres pudo sumar la séptima medalla para España. En el momento más rabioso del cierre, se lesionó tras el tercer intento de la final de longitud y, aún así consiguió terminar cuarto, a cuatro centímetros de las medallas. A las puertas también se quedó por la mañana Javier Guerra en el maratón, con lo que España llegó a los 22 finalistas y a las seis medallas, dos de ellas de oro, lo que parecía más complicado y se sitúa octava en el medallero y sexta en la clasificación por puntos.

Ruth Beitia. Foto de Dean Mouhtaropoulos

Ruth Beitia. Foto de Dean Mouhtaropoulos

Fueron dos veteranas mujeres las que elevaron a España, para equilibrar la paridad entre los medallistas, tres mujeres de más de 30 y tres hombres, dos con esa edad y un veinteañero. La mayor de todas es Ruth Beitia, que parece en la flor de su carrera a los 35 años, dos años después de la decisión de su retirada tras los Juegos Olímpicos de Londres, donde llegó a saltar dos metros y se quedó sin medallas, una espina que se quiere quitar en Río y algo que cada vez parece más factible viendo cómo compite ahora. La cántabra, esa que antes se quedaba siempre a las puertas de las medallas, un escalón por debajo de lo que había demostrado ser capaz pocas semanas antes, ahora se guarda sus mejores esencias para los grandes momentos y ayer acabó atacando sin éxito, ya sola, ya campeona, su récord de España de hace siete años.

Hasta podían caber las dudas con Beitia, quien llegaba a la final con 1,99m, sí, pero de junio, quien no se había mostrado tan poderosa en el último Campeonato de España y en las últimas competiciones y quien, ya en la final, tenía problemas en 1,90 metros, que pasó a la segunda. Lejos de arredrarse como antes, cuando una altura superada con problemas anticipaba una eliminación, la cántabra se creció para superar sin problemas 1,94 y 1,97 metros y quedarse con las mejores. Ya en 1,99m, su fortaleza se tambaleaba. Pasaba a la segunda una altura que la rusa Maria Kuchina, favorita y plata, la croata Ana Simic, finalmente bronce y marca personal, y la polaca Justyna Kasprzycka superaban a la primera. Parece que Beitia, igualada su marca de este 2014 en Eugene no podía escalar más lejos. Pero lo hizo. La también diputada regional cántabra se concentró, marcó sus pasos con decisión y se curvó sobre el listón, perfecta, para celebrar una altura que la elevaba de la cuarta plaza a lo más alto. Solo había que esperar, a que se estrellaran tres veces, Kuchina, Simic y Kasprzycka, la última fuera del podio por unos cuantos nulos previos, para confirmar que Beitia revalidaba el título de campeona de Europa al aire libre, ese que tanto se le atragantaba antes, en un Europeo de verdad, más potente que el de 2012, previo a los Juegos, igualando la mejor marca mundial del año y llevándose a casa su undécima medalla, la cuarta desde que decidió retirarse, momento desde el que no falla en el podio.

Diana Martín. Foto de Olivier Morin

Diana Martín. Foto de Olivier Morin

A la alegría de Beitia se había sumado antes la de Diana Martín, una mujer escondida en los pronósticos, veterana obstaculista y crosista ante una oportunidad magnífica por el poco nivel continental de la prueba, por su quinta marca del año y por las buenas sensaciones mostradas en las series. La madrileña, discípula de Antonio Serrano, demostró que las españolas también pueden volar lejos en los obstáculos sin la tramposa Marta Domínguez con una exhibición de valentía e inteligencia táctica que la situó en el grupo de cabeza desde el inicio de la prueba, un poco más tapada después, ganando metros con su buena técnica del paso de la ria. Faltaban aún cuatro vueltas cuando decidió que no la gustaba el ritmo lento de las obstaculistas y escaló por la calle tres, con gran facilidad hasta la cabeza de carrera, para acelerar el ritmo durante 600 metros. Cuando dejó el testigo tampoco pareció satisfecha con el relevo y volvió a subir, otra vez, a falta de 800 metros, para taparse después, cuando nadie la veía, aunque sin alejarse de las mejoras. Entró tercera a la última vuelta y así llegó a meta, incapaz de seguir el ritmo de la alemana Antje Moldner-Schmidt, inesperada campeona de Europa (9.29.43) sin curriculum, que hizo valer su gran final, y de la sueca Charlotta Fougberg (9.30.16), la mujer más rápida de 2014 en el continente. Por detrás, mejorando su marca personal en el gran día (9.30.70) llegó la madrileña, que no desperdició el gran chance de su vida para pisar un gran podio a los 33 años, el mejor éxito de su carrera junto a su diploma de Londres 2012, que quiere repetir en Río 2016.

Dos chocolates

Más oportunidades por delante tendrá Eusebio Cáceres. Del alicantino ya se puede decir que la suerte le es esquiva en las grandes citas. No tanto el año pasado en Moscú, donde la justicia del metro decidió pero solo un centímetro le separó del bronce. En Zúrich repitió el puesto tras un podio completamente distinto, así son los caprichosos cambios de la jerarquía en la disciplina, pero si no subió a él quizá fue porque perdió las oportunidades tras lesionarse, otra vez, como la lesión que le amargó el invierno y le privó de ir a Sopot. “Sentí molestias en el glúteo y no podía saltar. Me trataron los fisios en la pista e intenté seguir hasta el final, pero me dolía demasiado y no podía”, explicaba luego. Y con todo, se quedó cuarto a solo cuatro centímetros del podio, donde estaba situado antes del tercer intento del tirón. En esa misma ronda el francés Kafetien Gomis se fue a 8,13 centímetros, que luego mejoraría por uno. Cáceres perdía el bronce con sus 8,11 metros del segundo intento, después de un nulo en el primero que alimentaba las esperanzas de más en la mejora. Tampoco la plata se le quedó muy lejos, con el veterano Louis Tsatoumas en 8.15m. En otro plano estaba el título, con el campeón olímpico, el inglés Greg Rutherford, volando hasta los 8,29m para amarrar su primer título europeo.

El otro chocolate del día llegó temprano, en el duro circuito del maratón, donde el segoviano Javier Guerra (2.12.32), de 31 años, volvió a responder tras su magnífica actuación del Mundial de Moscú para salvar el honor de la prueba en España, atacada por todos los males antes de Zúrich. El bronce no estuvo tan lejos, a tan solo 17 segundos, para el hombre que comparte entrenador con Diana Martín, que estuvo tercero en los kilómetros decisivos de la prueba, hasta que el ruso Aleksey Reunkov (2.12.15) le superó en la fase decisiva de una carrera que el polaco Marcin Chabowski reventó en el kilómetro 10 antes de retirarse en el kilómetro 30, dejando en bandeja el oro para el italiano Daniele Meucci (2,11,08) y facilitando la plata de su regulador compatriota Yared Shegumo (2.12.00). Por detrás de Guerra llegó el vigente campeón, el suizo Viktor Rothlin, quinto en su despedida en su país.

Juventud en los 5.000 metros

Roberto Alaiz en los 5.000m. Foto de Dean Mouhtaropoulos.

Roberto Alaiz en los 5.000m. Foto de Dean Mouhtaropoulos.

Más joven que Guerra son Roberto Alaiz y Antonio Abadía, veinticuatroañeros que regalaron esperanzas al maltrecho fondo español y superaron al veterano Jesús España, campeón continental hace ocho años, derrotando al mismo Mo Farah, y 11º hoy (14.14.57). Más rápidos que el madrileño estuvieron el leonés Roberto Alaiz, obstaculista reconvertido en fondista, que no se acomplejó en tomar la cabeza desde el principio, acompañado por el maestro España antes de refugiarse en el grupo, como en un simbólico cambio de relevo. A su espalda caminaba Mo Farah, el favorito y campeón, autor de otro doblete más del fondo, que sumar al olímpico y mundial ya logrado. Con él no dudó en codear durante buena parte de la carrera el leonés, que en una final yo-yo, lenta de salida (5.56.72), sin dificultad para avanzar o retrasarse por el grupo, que permitió a Alaiz volver al centro del grupo con Abadía siempre detrás hasta ese paso por el segundo kilómetro, cuando decidió dar un paseo hasta la locomotora.

Junto a él volvió a subir Alaiz, otra vez a la vera de Farah hasta que el azerí Hayle Ibrahimov tomó el mando y aceleró la prueba. Así discurría la final hasta que faltaron 800 metros. Ahí volvió a mostrarse España, se abrió fuera Alaiz para no quedarse retrasado, mientras Abadía volvía a jugar con fuego, detrás. Media vuelta después lanzó su ataque Ibrahimov, poniendo por fin el grupo en fila. Farah le siguió, y Abadía gastó sus fuerzas en seguirlos, cuarto en la campana. En una vuelta todavía quedaba lo mejor del guión de la película. El ataque, largo, sostenido, en marchas progresivas, de Farah (14.05.82) acabó con el azerí (14.08.32), el único que le seguía. Detrás se desarrollaba otra escena, la del otro británico, el blanco Andy Vernon (14.09.48), mostrándose por fin con Abadía intentando seguirlo. Todavía había un giro más, el del hundimiento del aragonés, bravo para conservar, al menos, la octava posición y el puesto de finalista (14.11.89) y el del sprint del leonés, capaz de llegar hasta la quinta posición (14.11.47), por detrás del alemán Richard Ringer.

1.500m lento y accidentado

Mekhissi-Bennabad con Bustos detrás. Foto de Dean Mouhtaropoulos

Mekhissi-Bennabad con Bustos detrás. Foto de Dean Mouhtaropoulos

El último de los finalistas fue el primero en salir a la pista en la última tarde suiza. Era David Bustos, que no pudo revalidar el bronce de hace dos años y se conformó con la sexta plaza en una final a la que llegaba con la frescura de ahorrarse casi toda la serie de los 1.500 metros, donde fue empujado y repescado. El mallorquín apostó fuerte y marcó el ritmo lento del grupo sin provocar ningún daño mientras los de detrás se lo permitieron, durante los primeros 900 metros. Les fue útil a los favoritos hasta que dejaron de controlar los nervios y la carrera se tensó a falta de vuelta y media. Aceleró el irlandés Paul Robinson, cuarto en meta y le siguió el belga Tarik Moukrime, provocando nervios y empujones que se costaron unas cuantas víctimas por el suelo.

En medio del caos, surgió desde atrás Mahdiene Mekhissi-Bennabad, desgraciado protagonista de los campeonatos por su descalificación en los 3.000 metros obstáculos y rabioso con ganas de revancha. Como un tren en marcha, aceleró y no paró desde antes de que sonara la campana. Por él volvió a pujar fuerte Bustos, tercero a su estela y la del belga a falta de una vuelta en la que el francés no tuvo rival pero en la que todo iba a suceder a su espalda. En la contrarrecta cambiaron marchas el noruego Henrik Ingebrigsten y a su espalda el alemán Homiyu Tesfaye, los más rápidos del año, que veían como se escapaba el oro. Con Mekhissi-Bennabad celebrando la victoria, esta vez con camiseta, llegó por detrás el nórdico y, en quinta marcha, el inglés Chris O’Hare, para arañar el bronce. En la misma recta se recuperó Bustos, machacado un poco antes, para adelantar posiciones y terminar sexto (3.46.92).

Balance

España se va de Zúrich con la moral reforzada y el sexto puesto por puntos, que mejoran el Europeo por equipos de Braunschweig y el último campeonato de 2012, donde se lograron cuatro medallas y quince finalistas, aunque sin la marcha y el maratón. Lo que no supera España es Barcelona 2010, el último campeonato similar y, aunque su cifra de finalistas, 22, es la peor en dos décadas, supera ampliamente la quincena que Ramón Cid estableció como objetivo, así como lo que decían los rankigs previos. La cosecha total asciende a dos oros de Ruth Beitia en altura y Miguel Ángel López en marcha, la plata de Borja Vivas en peso, los bronces de Ángel Mullera y Diana Martín en 3.000 metros obstáculos e Indira Terrero en 400m, los cuartos puestos de Javier Guerra en maratón, Eusebio Cáceres en longitud, Sebastián Martos en obstáculos, Ruth Ndoumbe en triple salto, los quintos de Roberto Alaiz y Nuria Fernández en 5.000m, los sextos de David Bustos en 1.500m, Mario Pestano en disco y Álvaro Martín en 20km marcha, el séptimo de Samuel García en 400m y los octavos de Toni Abadía en 5.000, Pablo Torrijos en triple salto, Frank Casañas en disco, Jesús Ángel García Bragado en 50km marcha, Aauri Bokesa en 400m y Beatriz Pascual en 20km marcha.

@Ismael_Prz

 


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    1. [...] finales sin españoles de la última jornada sirvieron para apuntalar la jerarquía alemana en los lanzamientos. Sin llegar a los 20 metros, la [...]

    2. [...] ejército apasionado del volante y la raqueta ligera. A sus nombres cabe unir los de otras muchas: Ruth Beitia, Eva Calvo, Lidia Valentín, Ona Carbonell, Duane Da Rocha, Fátima Gálvez o Marina Alabau. Las [...]

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