Bahta venga a Aregawi




La sueca frustra el doblete de Sifan Hassan en los 5.000m, una carrera a la medida de Nuria Fernández, quinta. Ruth Ndoumbe es cuarta en el triple salto. Sandra Perkovic consigue la mejor marca del siglo en disco (71,08m). Lavillenie celebra su tercer europeo de pértiga. Francia también gana el maratón femenino con Christelle Daunay

La de los cinco kilómetros de la sobremesa del sábado en Zúrich era una final muy para Nuria Fernández, novena marca de las participantes pero con unos prometedores 4,04 en los 1.500m, ella, madrileña campeona continental del kilómetro y medio hace cuatro años, que viene de ahí. Pero lo era más aún para Sifan Hassan, también con la misma procedencia, que se coronó ayer en la misma prueba cuatro años después. Y lo era por su ritmo lento, perezoso, adormilado, a 6,25 minutos los dos kilómetros, con la portuguesa Sara Moreira, luego sexta, en cabeza; con Meraf Bahta, la única, junto a Hassan, que había bajado de los 15 minutos este año; con Jo Pavey, la británica que también intentaba el doblete, pero esta vez desde arriba y que finalmente, séptima, no pudo añadir a su título de 10.000 metros el de 5.000; en el primer vagón, controlando pero sin mostrarse, amagando pero sin dar, mientras Hassan se escondía a mitad de grupo y Fernández; el día que se cumplían 38 años de su nacimiento en Lucerna, cerquita de Zúrich, otra ciudad entre lagos y alpes que brilla con el sol que hoy, por fin, salió para quedarse; la imitaba pero aún más atrás, más escondida, más presuntamente secundaria, coqueteando hasta con la última plaza.

Bahta. Foto de Dean Mouhtaropoulos.

Bahta. Foto de Dean Mouhtaropoulos.

Habría que esperar más segundos para verlo, pero el final sería apoteósico, se pensaba, mientras adelante Paula González, la otra española, siempre por delante de Fernández en la carrera en los primeros tres kilómetros, llegaba a ejercer de maquinista. Al final, poco tenía que perder. En el mejor de los casos, aguantaría y mejoraría su marca, cosa que no ocurrió ni de lejos (terminó naufragando, 16ª y penúltima, en 16,24,58, a casi un minuto de la cabeza). Fernández parecía tener el enemigo en casa, pero el destrozo no fue tal porque la pupila de Germán Martínez se quedó a medias. Con la situación procesada, la madrileña tenía claro el plan: seguir a Hassan en la medida de lo posible. A falta de un kilómetro ya la marcaba, todavía a medio grupo. Cuando la holandesa de origen etíope subió, ahí fue Nuria, dejando unos segundos, para que no se notara tanto, porque además Nuria comprendería que aunque compartieran intereses, no llegaban con el nivel. Al final, la holandesa era este año siete segundos más rápida que ella en los 1.500m y 32 en los 5.000m. Que el oro quizá ya no era su negociado, vaya. Pero ahí aguantó Nuria, cuarta en la vuelta decisiva, cuando Hassan metió el turbo y entró sola en la recta, directa a por la gloria…que por detrás, la sueca Meraf Bahta, apenas tres décimas más lenta que ella este año, eritrea de nacimiento de 25 años sin gran pedigrí todavía, se aprovechaba del cansancio que agarrotaba a Hassan en los últimos metros y por detrás le daba el estacazo.

Por cuatro décimas (15.31.39 frente a 15.31.79), la debutante como nórdica en este campeonato vengaba así a su compatriota de bandera, la sueca-etíope Abeba Aregawi, derrotada por la propia Hassan 24 horas antes. Y mientras, Nuria Fernández, en la carrera para ella, veía como tenía que ceder también ante holandesa Susan Kuijken, esta blanca como la nieve, que logró el bronce (15.32.82) y frente a la rusa Yelena Korobkina. Quinta llegaba a meta Fernández (15.35.59), en la final que impidió el segundo doblete de oros del campeonato (y el segundo holandés), y que le dejaba satisfecha pese a todo, pese a ser, quizá, su última oportunidad. “Quien me iba a decir a mi que con 38 años y dos hijas iba ser quinta de Europa”, explicaba sobre una final que se le ajustaba, pero donde tuvo que remar demasiado para remontar: “Yo en el 100 ya no veía, solo pensaba que no me adelantasen”, rememoraba.

La final de los 5.000 era la gran cita de una jornada sin demasiada pista, pero con otra final femenina, la de los 800m. Allí, la británica Linsey Sharp firmó en la sobremesa de Zúrich la mejor carrera de su vida sobre la distancia (1.58.80). La pena para ella fue que no la sirvió más que para ganar la medalla de plata después de estar en la cabeza de la carrera durante su mayor parte. Al más puro estilo Bosse, metió su marcha y se olvidó de las demás. Solo la bielorrusa Maryna Arzamasova fue capaz de seguirle por detrás y dejarle clavada a la entrada de la última recta, cuando la británica se desfondaba. Su suerte era que, gracias a ella misma y a su turbo, las demás, confiadas equivocadamente en un hundimiento que no llegó, ya estaban demasiado lejos, abocadas a una carrera por el bronce. Arzamasova entraba en meta y gritaba su primer oro en un historial de algunos bronces y la mejor marca europea del año (1.58.15), mientras Sharp, perdía su título pero mantenía la posición (1.58.80) y, por detrás, recortando ventaja llegaban las olvidadas con la polaca Joanna Jozwik dando otro campanazo, como en la prueba masculina, en el sprint, para llevarse el bronce (1.59.63), que dejaba a la líder del año, la rusa Yekaterina Poistogova, sin metales.

Otra británica fue la protagonista de los 400 metros vallas, pero esta vez desde el principio hasta el final. Eilidh Child era la atleta más en forma de Europa en la prueba y lo demostró desde la entrada a la última recta, cuando todo se clarifica en una prueba que en sus tres primeros cuartos solo se deja intuir. Sin oposición (54,48s), superó a la ucraniana Anna Titimets (54,56s) y a la rusa Irina Davydova (54,60s).

Lavillenie intenta los seis metros

Lavillenie. Foto de Matthew Lewis

Lavillenie. Foto de Matthew Lewis

Si en la pista solo hubo mujeres, el hombre del día en el Letzigrund fue Renaud Lavillenie. No por esperado resultó menos brillante su exhibición de poderío y carisma en la pértiga. Confiado, ni se molestó en ponerse de corto hasta que el listón no estuvo en 5,65m. En su segundo salto, en 5,80m los demás ya habían claudicado, pero estaba obligado a pasar y ganar, o fracasar y quedarse con las migajas. No hubo problema para el plusmarquista mundial, que celebró su tercer oro consecutivo en el Europeo como si fuera el primero pero, tras la fiesta, supo que de él se esperaba más y volo, ya a la segunda, hasta los 5,90m. Como de él se espera lo mejor, el galo intentó pasar de seis metros (6,01m) por primera vez en un verano en el que, sin tener problemas para ganar, no está llegando tan lejos. Ni a la de tres logró el récord de los campeonatos, pero su oro feliz, estuvo bastante por encima de los 5,70m, todos a la primera, lo que presagiaba algo mejor, que compartieron sus tres compañeros de podio, el excampeón mundial Pawel Wojciechowski, plata, el checo Jan Kludicka y su compatriota Kevin Menaldo, que empataron a todo y arrancaron dos bronces.

El ‘discazo’ del siglo XXI

La superioridad del galo solo pudo ser superada por la de la croata Sandra Perkovic en el lanzamiento del disco. Tres de sus cuatros lanzamientos válidos llegaron más lejos que el mejor de la segunda, la francesa Melina Robert-Michon (65.33m), y todos de la tercera, la alemana Shanice Craft (64,33m). Perkovic ya estaba muy tranquila con su victoria en el quinto intento, cuando fue más allá y catapultó el artefacto hasta los 71.08m que suponen el récord croata y la mejor marca de su vida, solo 18ª en el sospechoso ranking mundial de siempre, pero que la consagran aún más como la mejor discóbola del planeta con la mejor marca de este siglo.

En el mismo círculo, los martillistas cambiaron récords por emoción y la clasificación varió entre los dos mejores lanzadores del mundo entre los 78.48m que pusieron líder al polaco Pawel Fajdek a los 82,18m que ya dieron el liderato al húngaro Krizstian Pars en el tercer intento. Nada varió en la mejora, pero sí mejoraron las marcas. Pars firmó la mejor del año en el mundo (82,69) y el polaco se acercó (82.05m). Para el bronce también hubo alternancias, pero finalmente terminó en el cuello del ruso Sergey Litvinov (79,35m).

Sandra Perkovic. Foto de Ian Walton.

Sandra Perkovic. Foto de Ian Walton.

Fue, sin embargo, en el triple donde se vivió el gran duelo del día, el ya tradicional entre la ucraniana Olga Saladuha y la rusa Ekaterina Koneva. Aunque era la primera la gran favorita, con una marca casi medio metro más larga que la de la campeona mundial en 2011, Saladuha demostró su gran competitividad desde el segundo intento, cuando se fue a unos 14.73m desconocidos este año. Koneva, inesperadamente, debió calzarse el mono de trabajo pero, por más que lo intentó, se quedó igualmente con lo logrado en esa segunda ronda, 14,69m que le situaban a solo cuatro centímetros que no logró remontar. En otra liga jugó la segunda rusa del podio, Irina Gumenyuk (14,46m), y en otra distinta las demás, donde destacó la española Ruth Ndoumbe, líder del pelotón con 14,14m en el quinto intento, una vez que su entrada triunfal en competición (14,11m) le catapultaron a la mejora, donde superó por un centímetro a la búlgara Gabriela Petrova avanzando una posición, y se quedó, por otro, rozando su marca personal de hace unas semanas en Alcobendas.

Españoles

Ruth Ndoumbe. Foto de Franck Fife

Ruth Ndoumbe. Foto de Franck Fife

La actuación de Ndoumbe, de 27 años, fue la confirmación de su progresión y, con ella, la del triple femenino, una especialidad que pudo traer tres atletas a Zúrich si no fuera por la decisión de dar descanso a la casi adolescente Ana Peleteiro (14,07m en 2014), y que tiene con la veteranía en Patricia Sarrapio (13.96m este año), que no entró en la final, el cuadro completo del que este sábado sobresalió la gallega en el primer día sin medallas de España, que empezó mal desde por la mañana, cuando Alessandra Aguilar se retiró casi al final del maratón en el que fue quinta del mundo el año pasado por fuertes molestias musculares. La discípula de Antonio Serrano había aguantado muchos kilómetros en cabeza con las mejores, de las que solo quedaron la veterana francesa de 39 años Christelle Daunay (oro y récord de los campeonatos, 2.25.14), que demarró para dejar a su última rival, la italiana Valeria Straneo (2.25.27). La portuguesa Jessica Augusto (2.25.41) reguló para completar el podio, al que también subió el equipo italiano, campeón de la Copa de Europa por naciones, paralela al Europeo.

Volviendo a los españoles, tampoco fue el día de los relevos. De los más veloces, los de 4x100m, el masculino, donde había más esperanzas depositadas, ni siquiera pudo terminar por un fallo garrafal en el cambio de testigo entre Sergio Ruiz e Iván Jesús Ramos en los 200 metros. Sus homólogas (Maria Isabel Pérez, Alba Fernández, Estela García y Cristina Lara) si lo hicieron, pero, últimas de su serie, y en un tiempo (44,68s), que las dejó 14as y sin ninguna opción de pase, algo más accesible a los chicos del relevo largo, el 4x400m. Empezó bien Pau Fradera, mantuvo quintos a los españoles Mark Ujakpor, se acercó a los demás Lucas Bua, pero, finalmente, el finalista de 400m Samuel García no pudo superar a ningún otro equipo y, por una posición y 61 centésimas (4.04.68) la final se escapó.

@Ismael_Prz

 

 


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    1. [...] de la Diamond League, en la que se acabaría alzando con el diamante, venció sin problemas en el Europeo de Zúrich y remató la temporada otorgando la mejor puntuación a Europa en la Copa Continental de Marrakech, [...]

    2. [...] el mismo segundo. Por detrás, lejos de ese duelo, llegó la sueca de origen africano Meraf Bahta, campeona de 5.000m en Zúrich 2014, en un giro final inesperado durante el desarrollo de la prueba, claramente más abierta que la [...]

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