Adiós a la bala blanca de Barletta




Enjuto y no suficientemente alto, un atleta no atlético, un velocista anterior a la época de los purasangres. Así era Pietro Mennea, el hombre que falleció el pasado jueves víctima del cáncer en un hospital de Roma, el mito del atletismo italiano, el blanco más rápido, posedor único del récord mundial de los 200 metros lisos durante 17 años, los que se cuentan entre el 17 de septiembre de 1979 y el 23 de junio de 1996. De la altura de la Universiada México D.F a la Atlanta preolímpica. Nacido hace más de 60 primaveras en Barletta, una pequeña ciudad de la Apulia, el tacón de la bota transalpina, Mennea se empezó a hacer un nombre en el atletismo con tan solo 20 años, cuando logró subir al último escalón del podio de los Juegos Olímpicos de Munich. Su carrera transcurrió después con otros éxitos en las universiadas y los campeonatos europeos -fue campeón en el doble hectómetro tanto en Roma 74 como en Praga 78- y su cuarto puesto en los Juegos de Montreal 76. El culmen de su carrera no llegó, sin embargo, a los 27 años. Los 19,72s de la capital azteca, el mismo escenario que vivió otros 200 metros míticos once años antes, los del Black Power de Tommie Smith y John Carlos, en una carrera con una última recta alocada aún le mantienen como noveno hombre más rápido de la historia, solo ante la oleada de estadounidenses y jamaicanos que vinieron detrás, del Expreso de Waco, Michael Johnson, que le robó el récord y lo llevó a lo imposible, y del Relámpago, Usain Bolt, que acorta aún más rápido de lo pensado los límites humanos.

Pietro Mennea, foto de Gustavo Pallicca

Pietro Mennea, foto de Gustavo Pallicca

Del blanco Mennea queda sobre todo la marca, pero también su hueco en el olimpo. Un año después de su vuelo, se proclamó campeón olímpico en Moscú 80, unos Juegos devaluados, cierto es, por el boicot del bloque occidental. Pasada la treintena, el obcecado atleta, que se quedó a dos centésimas de ser el primer blanco en bajar de diez segundos en los 100m, algo que hasta 2010 no conseguiría el francés Lemaitre, que todavía persigue su aún vigente récord continental en los 200m, estrenó los campeonatos mundiales de Helsinki con un bronce. Un año más tarde firmó un séptimo puesto en su cuarta final olímpica, aquella en la que admitió después haber tomado hormona del crecimiento ante su impotencia de ver cómo ya no podía ganar, superado por los hombres más musculados, más altos, más fuertes, aunque quizá menos corajudos que la flecha del Sur. El error lo resarció después, en su etapa como europarlamentario durante el cambio de siglo, cuando fue tajante en la lucha antidopaje.

Con Mennea muere un mito del deporte italiano. La Gazzeta dello Sport le dedicó su portada este viernes mientras su capilla ardiente en Roma recibía los lamentos de buena parte de la sociedad transalpina. “Cuando he tenido la suerte de verlo, me he sentido una niña frente a su mito. Ha sido un emblema de Italia. Es una gran pérdida, pero estoy seguro de que permanecerá en el corazón de los italianos como ejemplo para todos”, expresó la seis veces campeona olímpica de esgrima Valentina Vezzali a La Stampa. “Es un trozo de mi historia el que se va, pero queda el ejemplo de un hombre que con su tenacidad y terquedad ha conseguido resultados excepcionales”, reflexionó su compañera italiana de medalla de oro en Moscú, la gran saltadora de altura Sara Simeoni. Por su parte, el capitán de la AS Roma, Francesco Totti, recordaba la relación entre su infancia y el atleta: “Cuando era un niño y jugábamos entre los amigos, al que corría más rápido le preguntábamos siempre, ¿tu quién eres, Mennea?”, recoge La Gazzeta. No son los únicos. Al homenaje de su figura se unen también los principales clubs de fútbol, el Comité Olímpico italiano y las federaciones de atletismo. Hasta el próximo Frecciarossa 1000, el tren más veloz de la compañía Trenitalia, que salga el próximo martes de talleres llevará el nombre de Pietro Mennea. Y el que pugliés era eso, la flecha blanca del Sur.


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