22 años del sueño hecho equipo




La semana pasada se cumplieron 22 años de la ensoñación. 22 años desde que las cosas se devolvieron a su lugar. Porque cuando los mejores quieren ser los mejores, nada ni nadie puede ni siquiera plantar cara. Hace poco menos de 7 días se cumplieron 22 años del oro mundial más brillante que ha conocido la historia del baloncesto desde que James Naismith pusiera sus cestos de melocotón a ambos lados de la pista de un gimnasio. Hace 22 años que el Dream Team demostró al mundo que jamás habrá un equipo mejor ni en carisma, ni en nombres, ni en hombres, ni en estadística, ni en relieve… ni en el mejor de los sueños.

dreamteam-1992-USA-basketballNo es de extrañar que el conjunto más mítico de la historia de este deporte surgiera poco a poco. Las cosas de palacio van despacio. En este caso, los asuntos de un Imperio, más bien. La fragua comenzó a arder por una cuestión de honor y orgullo estadounidense (bronce en Seúl 88). Un tercer puesto para SU deporte era una afrenta. Por lo tanto el carbón para que se materializara tal obra de arte lo empezaron a poner los dos puros granitos emblemáticos: Michael Jordan y Magic Johnson. Aunque al César lo que es del César: la FIBA levantó la normativa de llevar solo jugadores universitarios a su selección. Es decir, USA podría contar entre sus filas con profesionales NBA. Con tales precedentes, barra libre para la magia.

Con dos de los que siempre serán mitos en la historia del baloncesto, solo quedaba disfrutar cómo las fichas más brillantes de dominó iban a caer en la tentación de la ensoñación. Una a una.

Karl Malone, Charles Barkley y Pat Ewing no dudaron ni un solo segundo para formar un primer quinteto que destrozaría a cualquier combinado mundial, fuera en forma de selección o de equipo. El conglomerado de los sueños solo había comenzado. David Robinson (El almirante de Spurs) y Clyde Drexler (aquel que evitó que Jordan cayera en Portland) no podían faltar a esa cita con la historia. Como tampoco podía hacerlo el mejor tirador que ha conocido la NBA. Aunque no todos los lobos iban a acudir a la llamada a las primeras de cambio. Para una bestia grande se necesita un reclamo de su semejante. Larry Bird se mostraba contrario a participar en los Juegos. “Son para gente joven. Me siento mal si le quito esa oportunidad a un muchacho”. Muchas reticencias para unirse a un conjunto que lo menos que provocaba era una salivación exagerada por verlos en acción.

No podía ser otro que Magic Johnson quien de nuevo obrase un milagro más, en vez de en la cancha, esta vez a través del teléfono:

-Vamos a jugar, Larry. Necesitamos esta emoción una vez más.

Dicho y hecho. Magic ya conocía ser portador del VIH y Larry aquejaba problemas físicos. Pero era una cuestión casi de guión hollywoodiense que ambos con sus complicaciones de salud y tras ser archienemigos en el parquet tanto tiempo se unieran, por única y última vez, como en forma de su particular retirada, para la mayor de las causas. Solo Isaiah Thomas, a quien nadie echó de menos y más con su rivalidad con Magic (a través de un comentario por su enfermedad) y Jordan (rivalidad Pistons-Bulls), faltó en este plantel.

De esta manera se fue confeccionando una plantilla exquisita. 12 nombres que entran en el Hall of Fame del deporte. 12 hombres con un titular que, por fortuna, les perseguirá toda su vida. Magic Johnson, John Stockton, Michael Jordan, Clyde Drexler, Scottie Pippen, Chris Mullin, Christian Laettner, Larry Bird, Charles Barkley, Karl Malone, David Robinson y Pat Ewing. Nacía el Dream Team. ¿Problemas con tanto gallo en el corral? No si se sabe escoger al líder adecuado.

Chuck Daly fue el elegido en los banquillos. Alguien que había convertido a los Pistons en el arma defensiva más temible de la liga con dos anillos que llevarse a los dedos. Un coach que vivió con Detroit la época más dorada de su historia con nombre y apellidos (Bad Boys). Y que aún no teniendo que demostrar ya gran cosa con el combinado nacional, lo hizo. Con un Torneo de las Américas inmaculado como aperitivo (ganaron a sus rivales de más de 50 puntos de media), se plantaron en los JJOO con una suficiencia tan pasmosa como ciertamente peligrosa. Daly, inteligente como el que más, les llevó a un punto que les terminaría de activar para que fueran el Dream Team definitivo: demostró que eran mortales, capaces de perder pese a su grandiosidad. Un amistoso en California, previo a los Juegos, tuvo la culpa.

Dream-Team-92-872x577Un equipo de universitarios del que destacaban Grant Hill, Chris Webber y Penny Hardaway entre otros derrotaron al Dream Team 62-54. Chuck Daly preparó el partido para dar una lección a sus jugadores. De hecho, manejo de egos aparte, era lo único que necesitaban saber, que el gran equipo era humano. Las leyendas habían caído en un partido. Nadie es invencible si no hace esfuerzos por serlo. Fue el único lunar de una mezcla de estrellas hecha para soñar.

A partir de aquí, todo lo demás es historia. Más de 30 puntos de diferencia sobre todos sus rivales, dando un espectáculo que disfrutó hasta el más acérrimo detractor, con acciones cargadas de belleza sumergidas en la grandeza de leyendas prácticamente del Olimpo y con un oro indiscutible ante Croacia. Un conjunto hecho por y para ganar. Un equipo en el que el propio Michael Jordan era un mortal más, de ahí la magnitud de tal elenco de superlativas estrellas. Un conglomerado de genios que reunió lo mejor de los 80 y los 90 del deporte norteamericano. Ellos soñaron con devolver a USA su dignidad. El resto soñó con que serían los mejores jugadores juntos que habían visto jamás.

Nadie se equivocó. 22 años después se sigue confirmando que fue el sueño hecho equipo. El legendario, único e irrepetible Dream Team.


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